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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos. Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año I, NºII                                                                                                       Julio-Septiembre de 2005 

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Movilización social y lucha por los recursos en la Patagonia Andina


por Guido Galafassi
*


* Investigador del CONICET y docente-investigador de la Universidad Nacional de Quilmes y de Buenos Aires.

En los últimos años, en la porción argentina de la Patagonia Andina se han desarrollado una serie de conflictos sociales ligados con cuestiones socio-económicas, ecológicas y territoriales, en los que diversos sectores de la población se organizaron y movilizaron en pos de ciertos principios de preservación de sus modos de vida, prácticas económicas y modelos de desarrollo y preservación del ambiente natural. Los procesos recientes de movilización contra las represas sobre los ríos Epuyen y Corcovado, el No a la Mina en Esquel y en Río Negro, las protestas contra el aeropuerto privado en El Bolsón, sumados todos estos a los históricos reclamos de los pueblos originarios, son solo algunos ejemplos de una gama diversa y rica de conflictos socio-económicos y ambientales, a los cuales las empresas de comunicación masiva y dominante le dan escasa o nula relevancia. Todos estos conflictos se enmarcan en la historia reciente de esta región que incluye un fuerte proceso de valorización y privatización de tierras (en el marco de la renovada globalización del capital) que se articula con particulares condiciones ambientales, y con los diferentes sectores sociales que han venido participando, ya sea en forma conjunta o más bien por separado en los diversos movimientos de protesta.

Es por esto que un primer dato a tener en cuenta es la conformación social de la región andino-patagónica y su historia de ocupación y conquista por parte de la “civilización”. Al proceso de arrinconamiento de las poblaciones mapuches y tehuelches por parte de los poderes constituidos de la naciente Argentina, le sigue un proceso de ocupación de tipo disperso y con escasa planificación apuntando fundamentalmente a la construcción de la frontera, sin dejar de mencionar que incluso antes de este proceso de fronterización la región comenzó a ser ocupada por colonos que provenían del otro lado de la cordillera, en lo que hoy es la república de Chile. La ocupación para la colonización “argentina” de la región estuvo fundamentalmente ligada a las campañas militares. Pronto la región comenzó a ser visualizada y valorizada como dadora de un recurso paisajístico que para la oligarquía permitía llenar un vació que pudiera completar el modelo de cultura europeo que venía construyendo. La creación de los primeros Parques Nacionales, hacia los inicios del siglo XX; fue pensado justamente en términos de espacios donde en base a un sustrato preexistente era posible elaborar jardines de tipo “alpino” que imitaran el modelo deseado. Las poblaciones de los pueblos originarios remanentes luego del genocidio de la Conquista del Desierto, quedaron confinadas a pequeños reductos en litigio permanente por el derecho a sus tierras y hasta a su propia existencia. Posteriormente y a medida que se fue poblando el área, la definición como región portadora del recurso paisaje permaneció en firme aunque el componente de población occidental se fue diversificando aportando un gran número de inmigrantes extranjeros y paulatina y lentamente también contingentes provenientes de los grandes centros urbanos, particularmente del área metropolitana de Buenos Aires. De esta manera, el perfil oligárquico original se fue en parte diluyendo, creciendo fuertemente un sector de clases medias a la par que el turismo y la explotación del recurso paisaje se fue relativamente masificando. Al mismo tiempo y para la década de los setenta, el movimiento contracultural que había nacido en los países del norte y que se asentaba en una crítica al modelo racionalizante de la sociedad industrial y de consumo y que levantaba valores de libertad cultural, búsqueda de una relación armoniosa con la naturaleza (incluida la naturaleza humana) y de solidaridad y comunitarismo antimaterialista, encuentra en la región de los Andes patagónicos una “meca” donde poder concretar su propuesta de una “vida alternativa” a la de la sociedad dominante. A partir de unos primeros intentos por fundar alguna comunidad, se concreta en el tiempo el establecimiento de parejas, familias o individuos que paulatinamente se fueron entrelazando con la población del lugar motorizando distintos proyectos de promoción cultural en base a una fuerte vinculación tanto con los pueblos originarios de la zona como con el entorno natural. Esta inmigración contracultural (“hippies”, como todavía se autoidentifican) es importante a la hora de contabilizar los movimientos de protesta que en la última década se han desarrollado en la región, por cuanto al sostener valores diferentes a los de la sociedad de consumo -que visualiza al área casi exclusivamente como dadora de insumos- poseen el background ideológico y valorativo para contraponer una interpretación alternativa de la vida en la región andina. Al ser el área el lugar elegido para instalarse y poder así escapar en principio de la “sociedad industrial alienante” y construir en la Patagonia su ideal de vida, cualquier intento por modificar y destruir las características esenciales de la naturaleza local y de los estilos de vida “en pequeña escala” son necesariamente rechazados y contrapuestos a partir de la práctica tanto en movimientos sociales como en distintas formas de organizaciones civiles que promoverán la oposición  a la “modernización racionalizante” para así poder sostener un estilo de vida elegido, al mismo tiempo que la búsqueda de cambios en pos de la construcción de una sociedad más basada en valores comunitarios y de relación “armónica” con la naturaleza, en donde el respeto a los pueblos originarios constituye un eje importante. De más está decir, que este entramado contracultural se ha desarrollado en amplios y permanentes conflictos con ciertos sectores sociales de la región, especialmente aquellos que la visualizan como fuente dadora de insumos naturales para el proceso productivo.

Parte de los pueblos originarios mencionados constituyen precisamente algunas de las organizaciones que partiendo desde sus acervos culturales particulares han conformado movimientos de reivindicación y lucha en pos de la defensa de sus derechos, los cuales vienen siendo pisoteados desde el momento mismo de la conquista y la invasión española. Dentro de los pueblos mapuches y tehuelches se han venido desarrollando diversas experiencias de movilización y reivindicación que se articulan en diferentes niveles con organizaciones, movimientos y principios reivindicativos de otras organizaciones sociales en lucha que representan las diferentes variantes de movimientos anti-sistema de la sociedad occidental asentadas en las tierras patagónicas. El Consejo Asesor Indígena (CAI) organización mapuche de Río Negro y la Comunidad Mapuche Tehuelche 11 de octubre (en clara alusión a lo previo a la conquista e invasión española) de Chubut representan sin lugar a dudas dos de los mas claros exponentes de este tipo de organizaciones sociales de la Patagonia Andina. La lectura socio-política de la realidad es uno de los ejes fundamentales de ambos, distinguiéndose así de aquellas otras posiciones que focalizan en la “cosmovisión indígena” y que se alejan de problemas directamente conectados con la subsistencia y desarrollo material de los pueblos. Esto es lo que también les permite articular en diversas formas y niveles con reivindicaciones de aquellos sectores explotados de la sociedad capitalista occidental y con aquellos integrantes del entramado contracultural antes mencionado. Precisamente el CAI, sin renegar de su especificidad étnica, ha desarrollado un perfil que va más allá de su tradicional cosmovisión incorporándose a la par de los sectores postergados del campo. Este perfil, al que se lo puede definir sin problemas como “campesinista”, lo ha llevado a la realización de alianzas político - sociales con sectores no indígenas en coordinadoras o federaciones multiétnicas que tienen como eje central de sus reivindicaciones las problemáticas propias de los movimientos campesinos. El CAI integra así la “Coordinadora de Organizaciones Campesinas, Indígenas y de Trabajadores Rurales de Argentina” (COCITRA) que a su vez se referencia en la “Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo” (CLOC). La pelea por la recuperación de la tierra constituye, si bien no el único, si la reivindicación fundamental de esta organización, ubicándose de esta manera en un mismo plano que la Comunidad Mapuche Tehuelche 11 de octubre de Chubut que ha participado en los últimos años en varias luchas por la defensa de asentamientos familiares que se vieron amenazados y hasta desalojados por el accionar de los grandes terratenientes, en especial el grupo Benetton, desalojos que contaron siempre con el apoyo y aval de los tres poderes del Estado (nacional y provincial). El recientemente creado Frente Mapuche Campesino, también en la provincia de Chubut en el área de Corcovado, ha venido realizando también una serie de reivindicaciones relacionadas con la devolución de las tierras ancestrales a sus legítimos dueños. Así, luego de varios años de lucha han podido recuperar una porción de territorio a orillas del río Carrenleufú y fundar allí la comunidad Pillan Mahuiza, la que está ahora nuevamente amenazada debido al sistema de represas que está en la fase de licitación y que además de destruir miles de hectáreas de bosques patagónicos, inundarían las tierras de decenas de familias, tanto mapuches de la comunidad mencionada como otras familias campesinas no indígenas del área. La defensa nuevamente de las tierras ha desembocado en la creación del frente que viene realizando diversas acciones de protesta en conjunto con organizaciones y movimientos sociales de toda la Patagonia, que habían tenido poco tiempo antes un entrenamiento de articulación y solidaridad a partir de la movilización de todo el pueblo de Esquel por el No a la Mina y que retoma la lucha contra la represa sobre el Epuyen en la década de los noventa, pero en aquel caso llevada adelante fundamentalmente por pobladores asentados en el área a partir de la “inmigración contracultural” dado que no fue mayoritariamente apoyada por el resto de la población.

El No a la Mina en Esquel, que logró movilizar a una población de clases medias tradicionalmente pasiva, constituye sin lugar a dudas el hecho que ha despertado mayor interés tanto por la prensa nacional como internacional, lo que lo ha permitido una importante difusión del tema, a diferencia de las luchas mencionadas anteriormente. El más que amplia rechazo, con el 85% de la población local, a la instalación de explotaciones mineras en la región ha permitido y avalado este reconocimiento mediático. Es que los pobladores y organizaciones de la comarca Andino-Patagónica (los municipios vecinos al Paralelo 42 entre las provincias de Río Negro y Chubut) y especialmente de Esquel, han logrado alertar a la opinión pública nacional e internacional acerca de las devastadoras características de los mega-proyectos mineros en la región y a lo largo de toda la cordillera. Esa movilización social que dio origen a la Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Esquel, también ha puesto en evidencia la sorprendente distancia material y mental que todavía existe en nuestro país con respecto a sus recursos y la ignorancia –tanto la que de alguna manera fuera justificable como la que es deliberadamente fabricada- con respecto a procesos productivos o extractivos en gran escala. Además ha demostrado la efectiva posibilidad de articulación entre distintos frentes de lucha, por cuanto todas las organizaciones indígeno-campesinas mencionadas anteriormente, más diversas organizaciones vecinales, de fomento, ONGs, comunidades científicas, asambleas barriales, hippies, desocupados y trabajadores han participado de alguna manera en esta pelea del pueblo de Esquel y sus zonas aledañas. Con la gran repercusión alcanzada, la lucha de Esquel se transformó en caso testigo y dio voz a otros puntos de la Argentina donde se mantiene la misma lucha: ciudades, pueblos y parajes de diversas provincias conformaron la Red de Comunidades Afectadas por la Minería a la cual se ha incorporado últimamente la recientemente creada Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Rió Negro que han iniciado su lucha en contra de la instalación de explotaciones mineras de oro en la zona de Ing. Giacobacci y han logrado hasta el momento que el gobierno provincial dictará una ley que prohíba el uso de cianuro en actividades extractivas, elemento fundamental para la extracción del oro. Estas Asambleas de Autoconvocados y toda la Red vienen denunciando la entrega de los recursos naturales, y exigiendo la inmediata prohibición de los métodos de explotación minera contaminantes reclamando además la urgente anulación de la legislación vigente del sector. Así, la misma esencia de la democracia representativa es puesta en cuestión, revalorizándose los mecanismos de participación plena en la toma de las decisiones a través de la democracia directa e inclusiva. La explotación capitalista-neoliberal de los recursos naturales y humanos también está siendo cuestionada, comenzando a desarrollarse un ámbito de debate sobre los patrones y modelos de desarrollo local, y nacional en un proceso que asume ciertas similitudes con los otros movimientos sociales (desocupados, fábricas recuperadas, asambleas populares) surgidos en los últimos años de crisis del capitalismo argentino. Sin dudas que esto constituye un leve cambio respecto a la fuerte pasividad del período menemista, ya que una población no indígena empieza, sumándose a la lucha de los pueblos originarios, a identificar y fijar objetivos económico-políticos generales y pensar en cómo lograrlos, lo que constituye un pilar fundamental para cualquier estrategia de cambio social.

 

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Sec. Ex. Univ. - UNQ