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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos. Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año I, NºIII                                                                                          Octubre-Diciembre de 2005 

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La articulación entre organizaciones mapuches y campesinas:
el caso del Consejo Asesor Indígena (Provincia de Río Negro)


por Sebastián Valverde*
 

 

Introducción

 El presente artículo tiene por objeto analizar la articulación que se da entre organizaciones indígenas pertenecientes al pueblo Mapuche y movimientos sociales rurales.
 Las diferentes agrupaciones indígenas mapuches surgidas en los últimos años han desarrollado una diversidad de manifestaciones en términos de identidades y formas de lucha instrumentadas. Algunos grupos han puesto el énfasis en su especificidad étnica, focalizándose en su particularidad cultural. Sin embargo, otros agrupamientos, sin renegar de su especificidad étnica, han desarrollado un perfil “campesinista”, realizando alianzas político - sociales con sectores no indígenas en coordinadoras o federaciones multiétnicas que tienen como eje central de sus reivindicaciones las problemáticas propias de los movimientos campesinos.
 Este trabajo tiene por objeto abordar este tipo de organizaciones dando cuenta de las formas organizativas que hacen factible estas alianzas pluriétnicas; las reivindicaciones que actúan como factores aglutinantes y la forma en que se construye y reproduce la identidad étnica en el marco de estas organizaciones más amplias.
 En los últimos años se ha dado en las sociedades latinoamericanas una revitalización de la llamada “problemática étnica”. A partir de los años 80’ adquirieron una creciente importancia nuevos movimientos indígenas que reelaboraron sus identidades étnicas en novedosos proyectos políticos. Si bien los casos más renombrados fueron México, Perú, Ecuador, Nicaragua, Guatemala y Brasil, nuestro país no ha sido ajeno a este proceso.
 En la Argentina este fenómeno tiene una trascendencia pública menos significativa debido a la menor importancia numérica que tienen los pueblos originarios en comparación con otros de América Latina(1), también en nuestro país se han desarrollado, en los últimos años, una cantidad relevante de movimientos con características similares a las que apuntáramos precedentemente, al tiempo que se ha instalado en la agenda pública, la preocupación por la problemática indígena. Evidencia de estos “nuevos tiempos” son, por ejemplo, las modificaciones implementadas en las legislaciones referentes a la cuestión en distintos niveles gubernamentales (local, provincial y nacional).
 Una de las características que adoptan las recientes expresiones étnicas es la adopción de diversas formas de lucha “multiétnicas”. Precisamente este trabajo aborda el caso de una organización etno – política del pueblo Mapuche que se articula con otros sectores campesinos en movimientos “multiétnicos” más amplios. Esta estrategia de lucha política constituye, indudablemente, una modalidad que ha favorecido fuertemente la visibilidad de estos pueblos y sus reclamos.
 Analizaremos el caso del Consejo Asesor Indígena (C.A.I.) de la Provincia de Río Negro, integrado por mapuches mayoritariamente pobladores rurales. Esta organización participa con otros movimientos campesinos, independientemente de su adscripción étnica, en distintas uniones duraderas, en el ámbito nacional y en especial en el latinoamericano, como es el caso de la C.L.O.C. (“Coordinadora Latinoamericana de organizaciones del Campo”).


El pueblo indígena mapuche

 El pueblo indígena mapuche (gente de la tierra) tiene su hábitat original en regiones localizadas al sur del territorio argentino (Puel Mapu, Tierra del Este) y chileno (Gulu Mapu, Tierra del Oeste). En nuestro país los asentamientos mapuches se localizan en las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Río Negro, Chubut y Neuquén. Diversas estimaciones, calculan en torno a 90.000 la cantidad de habitantes pertenecientes a este pueblo, siendo uno de los grupos indígenas más numerosos (en A. Balazote y J.C. Radovich 1992:11).
 Sin embargo, más allá de su incidencia en términos “cuantitativos”, es muy destacada la presencia Mapuche en términos organizativos y reivindicativos. Como señala Vázquez (2000:138-139), probablemente este pueblo originario es el que mejor se ha organizado y desarrollado sus luchas étnicas – reivindicativas en la Argentina. Tanto en Chile como en nuestro país, han surgido diversas organizaciones etnopolíticas basadas en diferentes reclamos, como la búsqueda de la recuperación de las tierras confiscadas por los estados nacionales. Entre estas organizaciones se destacan la Confederación Mapuche Neuquina, así como los Centros Mapuches de diversas localidades de Río Negro, y el Consejo Asesor Indígena de dicha provincia, al cual nos referiremos en este trabajo.
 Al igual que lo registrado para el conjunto de los movimientos indígenas latinoamericanos, las agrupaciones mapuches de la región Norpatagónica se han posicionado como sujetos sociales capaces de cuestionar políticas estatales que tanto en el orden nacional como provincial, siempre han oscilado entre la integración y la asimilación de los pueblos originarios a la sociedad “oficial”, y el aislamiento sociocultural. Así, muchos de los movimientos etnopolíticos que surgieron en los últimos años, han sabido salir del aislamiento a través de novedosas formas de lucha como las abordadas en este trabajo.


El Consejo Asesor Indígena

 Con el objetivo de comprender las características del Consejo Asesor Indígena (C.A.I.), es necesario hacer mención a los principales acontecimientos que marcaron el origen de esta organización y que permiten explicar su funcionamiento actual. Este movimiento representativo de las poblaciones mapuche en la Provincia de Río Negro, posee una concepción identitaria donde la variable étnica está presente, pero dentro de su estrategia de lucha se encuentra la articulación con el conjunto de los sectores campesinos, independientemente que se reconozcan indígenas o no.
 Un breve recorrido por la historia de este grupo debe necesariamente remontarse al año 1983, cuando el retorno de la democracia permitió el restablecimiento de las organizaciones populares acalladas y perseguidas durante la dictadura militar. En los primeros meses del gobierno constitucional se produjo una gran nevada en la meseta rionegrina, mayormente poblada por pequeños productores de ovinos, base social de lo que más tarde sería el C.A.I. Este acontecimiento climático afectó a gran parte de los habitantes de la zona, quienes perdieron a muchos de sus animales. Para contrarrestar los efectos de la nevada, la iglesia católica lanzó la campaña “una oveja para mi hermano”, con el fin de recomponer el stock ganadero de los sectores más afectados. Simultáneamente, el Obispado de Río Negro puso en marcha un proyecto de promoción social para trabajar sobre las necesidades de los pobladores rurales.
 Fue a partir del apoyo de la iglesia a través de este proyecto, junto con el accionar de dirigentes mapuches y el apoyo del gobierno Provincial, que surgió el C.A.I., el que quedó oficialmente constituido en el año 1985.
 Desde el momento de su surgimiento, el C.A.I. se consolidó mediante lazos organizativos con cooperativas, juntas vecinales y Centros Mapuches de la provincia. Por aquel entonces, la actividad principal del C.A.I. fue el impulso a las organizaciones cooperativas que hoy son el pulmón del Consejo (Menni; 1996: 88). En suma, el C.A.I. nació por la convergencia de los diferentes sectores mapuches con los promotores apoyados por el obispado y reconocidos por el gobierno, como “el auténtico órgano representativo de la población indígena rionegrina”.
 Sin embargo, este grupo se fue fortaleciendo como organización social independiente. De hecho, la participación que fueron efectuando las comunidades indígenas desbordó los límites propuestos por el gobierno, lo que las llevó a enfrentarse con el mismo y a apropiarse finalmente de la organización – convertida en una asociación civil sin fines de lucro -. Esta historia particular en cuanto a su génesis y desarrollo hizo que el C.A.I. se caracterice por ser una agrupación con características muy particulares que la diferencian de la mayor parte de las de este tipo (Gutiérrez, 2001: 289-290).
 El C.A.I. enfatiza su accionar en el plano productivo, apoyando la organización de pequeños productores en cooperativas. Estos objetivos se relacionan con la construcción identitaria que si bien reivindica la etnicidad Mapuche como forma de movilización política, propone la concreción de alianzas con otros sectores sociales que comparten la situación de subalternidad con la población indígena, afirmando que “Ser Mapuche es reivindicarse para poder salir juntos con toda la sociedad” (Radovich, 1992: 60). O bien que...“El problema de la tierra no es sólo de un sector. No hay lugar para un enfrentamiento entre lo indígena y lo no indígena. Cuando uno ve los trabajadores de la fruta, va a encontrar a indígenas y no indígenas. Lo indígena no es un motivo de división, nosotros no creemos que sea un planteo correcto” (Sánchez; 1996: 90).
 Esta concepción del C.A.I. de búsqueda de solidaridad con los diferentes sectores sociales, en especial campesinos sin renegar por ello de las reivindicaciones étnicas, puede caracterizarse como “clasista” o de tipo “campesinista”. Se diferencia, así, de planteos “etnicistas” que basan su accionar en el reconocimiento de la especificidad étnica, como es el caso de la Confederación Mapuche Neuquina y los Centros Mapuches de Río Negro. Las agrupaciones que corresponden al primer conjunto se traducen en el establecimiento de alianzas con sectores sociales no indígenas tendientes a efectuar reivindicaciones culturales y socioeconómicas comunes (Sánchez, 1996: 39; Vázquez, 2000:139).
 Las diferencias mencionadas tienen relación con la forma en que se ha dado surgimiento y consolidación de cada organización. Mientras el C.A.I., como hemos destacado, surgió a partir del trabajo de pequeños productores rurales, organizaciones como los Centros mapuches nacieron a partir de los hijos de migrantes que en la ciudad reivindicaron su propia cultura y por esto desarrollaron organizaciones más basadas en la necesidad de defender su especificidad étnica.
 El C.A.I. desarrolla como estrategia la vinculación con diversos movimientos sociales rurales, a través de la participación en la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (C.L.O.C.). La C.L.O.C. nuclea a diferentes movimientos campesinos y esta compuesta por organizaciones nacionales o regionales, representativas de las más variadas categorías de trabajadores rurales de Latinoamérica (sin tierra, asalariados, pequeños productores, mujeres, indígenas, afectados por represas, forestales, etc.)(2). Forman parte de esta coordinadora de la Argentina entre otros la Unión de Campesinos Poriajhú (Provincia de Chaco) y el Movimiento agrario de la región pampeana (MARP) y en el plano internacional diversas organizaciones como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil (M.S.T.).


La articulación multiétnica como estrategia política

 El principal beneficio que reporta a las organizaciones indígenas participar de uniones más amplias es poder romper con la dicotomía (aislamiento versus pérdida de la identidad como pueblos) ya que les permite relacionarse con otros sectores sociales que aceptan su identidad específica. Uno de los méritos de las organizaciones etno - políticas surgidas en los últimos años en la región, constituye el hecho de haber logrado posicionarse como sujetos sociales rompiendo el dilema que las políticas indigenistas les imponían, esto es la “integración” en la sociedad oficial a costa de perder su especificidad cultural, o bien mantenerse en el aislamiento. Estas estrategias de integración que implican el establecimiento de relaciones de tipo “horizontales” con otros sectores populares, con presencia nacional e incluso internacional, deben ser vistas a la luz de la necesidad de los pueblos originarios de, por un lado, preservar la autonomía respecto del Estado, los Partidos Políticos, la Iglesia, las ONGs, etc., y a la vez tener relación permanente con diversos sectores sociales que comparten desde diferentes identidades la situación de “excluidos”.
 Una de las demandas centrales de los movimientos indígenas que han surgido en América Latina es la del territorio. Este reclamo permite articular a los pueblos indígenas con los restantes sectores en los casos en los que conforman uniones más amplias.
 Deseamos destacar en este caso específico de articulación en agrupamientos “multiétnicos”, que el territorio puede constituir para grupos diferentes el eje aglutinador de las demandas, ya que dentro de la autonomía que posee cada uno también lo es el significado asignado al concepto de “tierra” o “territorio”. Es decir, todos luchan en el marco del grupo más amplio por esta demanda, pero cada uno le da un concepto diferente que a su vez no se contrapone con el de los otros grupos. Estas diferencias que puede otorgar cada agrupamiento, pero con un acuerdo general en la reivindicación territorial, permiten que esta reivindicación sea la movilizadora, ya que cada grupo preserva su significado sin entrar en contradicción con las demás y todos pueden luchar por esta demanda común.
 Otro aspecto relevante es la forma se articula la identidad como pueblos en el marco de una organización más amplia. Contrariamente a lo que puede preverse, estas convergencias no generan una pérdida de la identidad, sino que por el contrario la fortalecen. Esto puede explicarse por diversas razones que a continuación vamos a enumerar.
 Lo que hace posible el mantenimiento de una determinada identidad es la interacción permanente y no el aislamiento. A esto contribuye la creciente aceptación en la sociedad de la diversidad en general, sea de género, política, étnica, etc. Desde ya esto también sucede en las diversas organizaciones sociales con que interactúan los grupos indígenas, las cuales también se basan en alguna identidad que las define como tal y por lo tanto son más receptivas al reconocimiento positivo del “otro”. Paralelamente, dada la creciente importancia de las reivindicaciones étnicas, amplios sectores sociales toman como propias las banderas de luchas de los pueblos indígenas, lo que facilita el acercamiento para ambas partes. Además, a diversas organizaciones populares les resulta favorable “exhibir” un perfil de respeto por la diversidad étnica. Las siguientes declaraciones de los grupos campesinos aliados con el C.A.I. son una muestra de ello: “Mantendremos con firmeza nuestra lucha por el respeto a la identidad cultural, a la autodeterminación y al territorio de los pueblos indios; buscaremos en todo momento la unidad de los indígenas y campesinos”(3).
 Por último, es necesario remarcar que la interacción de los pueblos indígenas en organizaciones más amplias de carácter “multiétnico” que apoyan sus demandas y coinciden en diversos reclamos, permiten el desarrollo de una identidad étnica diferenciada en un contexto más favorable que el conjunto de la sociedad. Es decir, al ser receptivas las coordinadoras a las demandas de los pueblos originarios expresan su propia identidad en un contexto favorable para el desarrollo de la misma. El fortalecimiento de esta identidad “hacia adentro” de la organización multiétnica refuerza la posición de estos grupos con relación a otros sectores sociales “externos” a la misma, tales como gobiernos, iglesias, partidos políticos, ONGs, etc.


Consideraciones Finales

 El intercambio y enriquecimiento a partir de experiencias conjuntas con diversos movimientos sociales rurales efectuado por el Consejo Asesor indígena, es una muestra de la forma en que las organizaciones indígenas desarrollan estrategias de lucha novedosas. Estas integraciones sólo son posibles de explicar debido a las concepciones de las organizaciones con las cuales convergen los pueblos indígenas, que son cada vez más permeables a la articulación con sectores de diferentes identidades a partir de puntos centrales en común tales como posiciones ideológicas, lucha por la tierra, etc. Los preceptos de “unidad en la diversidad” que manifiestan estas organizaciones, y por lo tanto también las estructuras organizativas acordes con este principio, les permiten a cada grupo mantener su especificidad y por lo tanto articular diferentes identidades dentro una red más amplia sin que esto implique la pérdida del propio perfil.
 Otro elemento cuya importancia no se puede dejar de remarcar es la trascendencia de los diferentes movimientos campesinos que han desarrollado diversas protestas, integrándose a múltiples redes internacionales. Las vinculaciones con amplios sectores sociales les permiten a estos grupos contar con numerosas muestras de solidaridad, y articularse con procesos mayores sin perder por ello su especificidad. Al participar de estas uniones, los pueblos indígenas se ven beneficiados por el intercambio mutuo.
 Si analizamos las perspectivas a futuro de este proceso de integración de los pueblos indígenas en procesos de lucha mayores, es esperable una continuidad, incluso una acentuación en esta tendencia, ya que se mantendrán y profundizarán las condiciones que posibilitaron la apertura de los pueblos indígenas a un mayor vínculo con respecto al resto de la sociedad (Iturralde, 1995:112-113). En lo que respecta al desarrollo de las organizaciones, en la medida en estas uniones resulten exitosas incentivará a nuevas experiencias de acercamiento. Paralelamente, los procesos de transformación socioeconómica generan en muchos casos, situaciones de conflicto que se expresan tanto en un mayor nivel movilización étnica como en acciones de solidaridad y luchas conjuntas entre los pueblos originarios y amplios sectores sociales.


1. La Argentina es uno de los países de América Latina que exhibe una menor cantidad de indígenas: 1% o 2% del total del país, contrastando con países en los cuales su población originaria es la mayor parte de la conformación nacional, como es el caso de Bolivia (71% de población indígena), Guatemala (66%) o bien diversos casos en los que no llegan a la mitad, pero representan una proporción muy significativa como es el caso de Perú (47%) o Ecuador (43%). Incluso nuestro país difiere en este aspecto de Chile, donde la población indígena representa cerca del 8% del total (Iturralde, 1995:119).
2. “Síntesis de las mesas de trabajo, II Congreso C.L.O.C. (Noviembre 1997)”
En: www.movimientos.org/cloc/Mesa3
3. “Declaración Final”, I Congreso C.L.O.C. (Febrero 1994)
En: www.movimientos.org/cloc/docs_cloc_1con.php3?id=4



Bibliografía

BALAZOTE, A. y RADOVICH, J. C. La problemática indígena, CEAL, Buenos Aires, 1992.
DÍAZ POLANCO, H. Autonomía Regional. La autodeterminación de los pueblos indios. México, Siglo XXI, 1991.
GUTIÉRREZ, P. “La lucha por la tierra en Río Negro: El Consejo Asesor Indígena”. En: GIARRACCA, N. y colaboradores La protesta social en la Argentina. Transformaciones económicas y crisis social en el interior del país. Buenos Aires, Alianza Editorial, 2001, pp. 289-310.
ITURRALDE, D. “Naciones Indígenas y Estados Nacionales en América Latina hacia el año 2000”. En: DÍAZ POLANCO, H. (comp.) Etnia y Nación en América Latina. México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1995, pp. 105-138.
MENNI, A.M. “El Consejo Asesor Indígena de Río Negro”. En: Proyecto Especial de Investigación y Extensión U.N.C. y A.P.D.H. “Defensa y reivindicación de Tierras Indígenas” Informe Final, Neuquén, U.N.C. – A.P.D.H., 1996, pp. 87-91.
RADOVICH, J.C. “Política Indígena y Movimientos Etnicos: el caso Mapuche”. En: Cuadernos de Antropología vol.4, Universidad Nacional de Luján, 1992, pp. 47-65.
SÁNCHEZ, F. “El contexto internacional e Interamericano”. En: Proyecto Especial de Investigación y Extensión U.N.C. y A.P.D.H. “Defensa y reivindicación de Tierras Indígenas” Informe Final, Neuquén, U.N.C. – A.P.D.H., 1996, pp. 28-42.
VÁZQUEZ, H. Procesos identitarios y Exclusión Sociocultural. La cuestión indígena en la Argentina, Buenos Aires, Editorial Biblos, 2000.



* Docente e investigador, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Dirección electrónica: sebavalverde@yahoo.com.ar


 

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