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Extramuros
Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos. Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año I, NºIII                                                                                          Octubre-Diciembre de 2005 

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Exposición
Investigación, política y burocracia *

por Inés Izaguirre **

 1. Se nos ha planteado una pregunta que el altamente crítica en sí misma: OTRA CIENCIA ES POSIBLE?  Esto supone que estamos observando una situación de crisis desde una encrucijada, una bifurcación de caminos donde si se siguen desarrollando las tendencias actuales es posible que nuestros ya viejos valores de un pensamiento libre, y  de una ciencia al servicio de todos, con la mira puesta en la humanidad pasen a poblar el desván de los recuerdos. O sea que, aparentemente los que participamos de esa pregunta no vemos que aquel desarrollo tendencial sea positivo.
 2. Me he propuesto desarrollar algunos de los problemas que veo en torno a la investigación científica en la vida Universitaria o en las instituciones públicas, donde en el curso de los últimos 10 años exactamente he visto deteriorarse esta actividad al punto de transformarla en una verdadera carrera de obstáculos donde “investigar” es percibido casi como un lujo. Comenzaré pensando en las ciencias sociales, pero muchas de mis observaciones son válidas para las otras ciencias. Como en todo diagnóstico que se precie entraré por lo que considero el origen o la génesis del problema.
 a) Los cambios  en los modos de investigación están ligados a las políticas de los organismos internacionales en el momento de cambio en el modelo de acumulación hacia la hegemonía del capitalismo financiero. Los monumentales ajustes salariales de comienzos de los 90 ejercen una presión hacia  la proletarización de los docentes e investigadores. Los “aumentos salariales” deben otorgarse con una contraprestación, que se llamará primero “premios” y luego  programa de incentivos a la investigación.
 b) De golpe (a mediados de los 90) se decuplica el Nº de “investigadores” que son los mismos profesores que hacían docencia y tenían actividad  académica (artículos, mesas, congresos, etc.) y pasan a convertirse en “investigadores” sin habérselo propuesto, empujados por la necesidad material, sin historia ni formación  y posiblemente con no demasiado interés en lo que habitualmente llamamos investigación. Esto no los desmerece, a mi juicio, sino que responde a lo que es una ley social: la lucha por mejores condiciones de trabajo.
 c) Se articula un sistema de controles para tal masa de investigadores, al mismo tiempo que se multiplica el sistema de formación permanente por posgrados, doctorados, etc.
 d) Tales controles pretenden estandarizarse, por medio de  pésimos programas computacionales, donde, como siempre en el capitalismo, se mide la producción por cantidad (papers, artículos, congresos, etc.)
 e) El sistema de incentivos pretende inventar una categorización universal de “estadios” investigativos. Pasamos los primeros años 90 en una verdadera lucha por el lugar donde vamos a ser ubicados por ignotas comisiones de pluriespecialistas.
 f) Este sistema exige el desarrollo de una burocracia supuestamente especializada que, frente a las innumerables críticas recibidas responde con nuevas normativas y reglamentos, que a su vez van cambiando, al punto que en la actualidad cada vez que se hace un llamado a becas o a subsidios se adjunta primero la reglamentación a que se ajusta el llamado,  que además generalmente cambia respecto de la anterior.
 g) Exige asimismo una creciente explotación de la masa de docentes e investigadores. Un ejemplo: en el dossier que conservo del funcionamiento del Inst. de Sociología en la década del 60, previo a la dictadura de Onganía, los profesores con Dedicación Exclusiva teníamos que cumplir 30 horas semanales, que incluían docencia e investigación y atención a los jóvenes estudiantes. Esto era válido también para el CONICET. Luego del programa de incentivos se exigen 45 hs. semanales. Y todos sabemos por experiencia que además ocupamos nuestros fines de semana. Personalmente creo que investigamos cada vez menos: somos más bien secretarios administrativos de proyectos, antes que investigadores.
 h) La permanente medición de la producción, y el centimetraje, el sistema de referatos, etc., provoca una fragmentación de la producción ( hay que mostrar algo todos los años) y , en el caso de nuestras disciplinas impide la producción de investigaciones completas  bajo la forma de libros, que demandan más tiempo y mayor reflexión.
 i) Creciente privatización de las formas y los modos del conocer: desinterés casi obligado en los asuntos públicos y concentración en la organización del curriculum individual  (entrega de informes estandarizados, pero que no sirven nunca como acumulación para una próxima vez, búsqueda de mayores ingresos por vías sesgadas, temor a perder el puesto en el sistema de incentivos, etc. Ej. de los que piden “recategorización” y entran en el limbo de las “X”) Esto es lo que yo he comenzado a llamar la construcción social de la ignorancia en el mundo de los investigadores.
 j) Tomás Buch describe cómo, en el mundo de las “ciencias de la naturaleza” en las que él investiga, donde hay publicaciones de  prestigio internacional por el rigor de sus referatos, se están presentando otros problemas que revelan luchas de poder vinculadas a la penetración del capital: algunas ramas de la física y la biología, cuyas aplicaciones “tecnológicas” comerciales tienen salida cada vez más rápida, son permanentemente vigiladas por las empresas, con otras consecuencias negativas:
 k) el capital ve como más rentable la inversión en universidades públicas estatales, y la posibilidad de contar con esos fondos presiona a los investigadores para desviarse de la ciencia básica; en el mejor de los casos esto hace que los investigadores piensen en temas de investigación directamente aplicables, o en instalar sus propias empresas. En el peor, se retacea la publicación de innovaciones científicas, y se inhibe la apropiación social del conocimiento, o se estimula el fraude aventurando resultados que no se han obtenido aún, como modo de atraer a los inversores industriales.
 l) Un ejemplo de lo anterior : Tengo registrado que, el 27 de septiembre de 2002 La Nación on-line publicó el escándalo producido en las dos Revistas científicas de mayor reconocimiento internacional – Science y Nature – que reprodujeron 17 papers con supuestos avances científicos en el naciente campo de la electrónica molecular,  de Hendrik Schön, joven investigador posdoctoral de la Universidad de Konstanz, Alemania, patrocinado por Laboratorios Bell. Algunos de sus pares no lograron reproducir los experimentos, por lo que el fraude salió a la luz. La Bell, si bien despidió a Schön luego de formar un comité de investigación, circunscribió el engaño al caso individual. Los editores de Science y Nature llegaron a la conclusión de que el sistema de evaluación por pares no está diseñado para detectar fraudes.   Esta presión privatizadora sobre el conocimiento tiene su equivalente en el campo de las ciencias sociales: basta repasar los contenidos de nuestras publicaciones durante los 90 para advertir su tibieza crítica ante la mano invisible del neoliberalismo conservador. Amén de todo lo que podría contarles acerca de las persecuciones ideológicas en los organismos científicos (comisiones evaluadoras) que obligaron en 1999 a que el Directorio del  CONICET sacara una resolución prohibiendo fundamentar evaluaciones con criterios ideológico-políticos.
 m) A todo este proceso debemos agregar la creciente separación y aislamiento  entre las llamadas ciencias sociales y las “naturales”. Pese a que el mecanismo del conocimiento humano es el mismo, como lo han demostrado Jean Piaget y Rolando García. Nuestros instrumentos cognoscitivos son las estructuras lógico matemáticas presentes en cada sujeto, que nos permiten realizar operaciones con los observables cambiantes de la realidad, mediadas por la acción,  o la práctica (Piaget-García, 1986), y que son reforzadas por la afectividad con que fueron in-corporadas (puestas en el cuerpo de los hombres).
 n) Se está produciendo así una verdadera privatización de la Ciencia, en que el financiamiento por parte de las grandes empresas privadas no sólo se apodera de los resultados de las investigaciones, que ya no se publican por razones de principio; sino que logra que se acomoden los planes de trabajo a los intereses corporativos, conduce a escamotear resultados cuando éstos no resultan del agrado de los financiadores, comienza a inhibir la discusión académica de las políticas universitarias; y hay casos en los que las empresas retiraron su apoyo cuando los estudiantes protestaron contra ciertas prácticas desleales o ambientalmente perniciosas de los ´sponsors´.  Según algunos observadores esta situación ya reviste tal gravedad, que aún el concepto mismo de Ciencia tal como la conocemos está corriendo peligro. No sería impensable que la época en que la Ciencia era una actividad libre y abierta y sus resultados admitían el libre debate y movilizaban el pensamiento esté tocando a su fin. Espero que ambos vaticinios sean erróneos. Y depende de nosotros, de nuestras propias luchas, denunciarlo y acumular fuerzas para evitarlo.


* Texto presentado en el Taller de Debate “Otra ciencia es posible?”, Realizado en el año 2004 en el Centro Cultural de la Cooperación.

** Profesora titular en la Facultad de Ciencias Sociales e investigadora del Instituto Gino Germani, Universidad de Buenos Aires

 

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