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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos. Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, NºIV                                                                                          Enero-Abril de 2006 

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Las memorias y la dictadura militar en la argentina

por Colectivo de Redacción

 

  En Argentina algunas palabras tienen connotaciones especiales: los setenta, falcon verde, el proceso, desaparecidos. Nombrarlos es significar una época, y una generación, es decir silencio, muerte, dolor.
  Para quienes vivimos como jóvenes o adultos ese década existe un antes y un después, fue un corte abrupto y rotundo en nuestro tejido social.
  El análisis histórico y social de este proceso se inició con la vuelta al estado democrático. Al mismo tiempo comenzó a ser evidente que la sociedad entera debía desarrollar otro proceso, apropiarse del pasado, con el reconocimiento de la violencia el horror y las responsabilidades implicadas.
Sin lugar a dudas, la cuestión sobre el pasado inmediato que remite a tortura, genocidio y desaparecidos, quedó instalado como un tema de debate en toda la sociedad, aunque cobrando mayor fuerza en algunos momentos y en otros, pareciera simplemente olvidado.
Creemos conveniente señalar, al menos inicialmente dos procesos que se efectúan sobre el pasado: el quehacer de los investigadores de las ciencias sociales, con la producción del conocimiento científico.
  El segundo proceso, más complejo, es de la construcción de las memorias, tanto individuales como colectivas.
  Este último es un proceso de interacción compleja entre ambas memorias y requiere paralelamente, una atenta y crítica mirada de las ciencias sociales, para analizar los procesos de construcción de significados en los relatos del pasado.
  La memoria humana no es un simple depósito de información, sino que en forma permanente clasifica, organizada, interpreta y reclasifica la información proveniente, tanto de los sentidos como la elaborada por el pensamiento y reactualizada a partir de nueva información obtenida. La memoria realiza entonces dos acciones, relacionadas dialécticamente: recordar y olvidar.
  El recordar, nunca es repetición fiel de la realidad pasada. Existe un tiempo transcurrido entre pasado y presente, mediado por nuevas apropiaciones que modificaron “la imagen original” guardada en la memoria. Imagen que por otro lado siempre fue una selección o recorte de la realidad. Relatos construidos desde distintos lugares, muchas veces teñidos de intereses, o condicionados por el temor a romper con una cultura del autoritarismo que imponía el olvido como forma de no “poner en riesgo la democracia”, ya que los militares seguían manipulando poder.
  Deberíamos diferenciar dos conceptos:
  Rememorar, como un proceso individual, inserto en un complejo entramado de relaciones sociales, pues es la sociedad la que provee las categorías de pensamientos y conceptos, con los que el individuo opera. Por lo tanto toda memoria individual, siempre es social en tanto remite a las producciones y significaciones del colectivo social. Por otro lado, el grupo siempre aporta lo que el individuo ha olvidado. De esta forma podrá confrontar, completar y resignificar los recuerdos individuales. Esta interacción solo será posible si los actores sociales poseen informaciones y conceptos comunes.
  Conmemorar por su parte, remite a la evocación de otro tiempo, como un tiempo mítico, en el que el pasado ha quedado inamovible, e inmortalizado. El pasado es actuado en el presente, y es siempre una actividad grupal.
  Dentro de los grupos surgen las memorias colectivas “ una fuerza que ordena un conjunto de representaciones que posee un grupo, da la media del tiempo, fija preferencias y conserva el recuerdo de experiencias comunes” (Toledo, J. M. 1999, 78). Esta es una de las bases sobre las que construyen identidades grupales.
  Debido a la pertenencia de un individuo a diferentes grupos, surgirá la posibilidad de una compleja red de interacción de memorias colectivas, que hasta podrían originar conflictos entre las diferentes memorias.
  Existe por lo tanto una multiplicidad de memorias, que en el ámbito de las identidades naciones, entablaran una pugna por el predominio de una sobre otras..
  En la transmisión de la memoria funcionan dos procesos simultáneos: entre contemporáneos y entre generaciones diferentes. Por este mecanismo, cada individuo queda asociado a las generaciones anteriores, asegurando la continuidad de la comunidad a través del tiempo. Es esta una de las bases para lograr una identidad como comunidad.
  En América Latina, al menos en dos procesos:, la conquista europea a partir del siglo XV y las dictaduras militares de la década del 70, la memoria colectiva fue silenciada y se produjo un abrupto corte en la transmisión intergeneracional.
  Desde el poder del Estado y con la colaboración de otros actores sociales, se manipularon los proceso de la memoria y del olvido, destruyendo no solo la vida, sino archivos de documentos y construcciones espaciales ligadas a los crímenes de lesa humanidad y sin omitir lo que supone la apropiación de los hijos de los desaparecidos, esto es cortar todo lazo de identidad-memoria con su familia y grupo de procedencia.
  El nombre de la legislación que intento cerrar los procesos jurídicos, no es casual: Punto Final. Sin embargo no es posible borrar la memoria, esta se mantiene en estado de latencia. Por lo tanto en el proceso de reconstrucción de las memorias colectivas, ha comenzado a surgir, a hacer consciente todo aquello que la sociedad percibió y autocensuró, debido a la política represiva instalada.
  Debemos agregar otro elemento más: el duelo imposible. El aparato estatal de represión, no solo restó vidas, sino también cuerpos para el duelo. La renegación que constituye “ni vivos ni muertos”, solo puede ser elaborada a partir de la palabra de la Ley, instancia superior aceptada por toda la sociedad. Esa palabra debe ser pronunciada por la Justicia.
  La memoria, en tanto elemento de la identidad colectiva, transmitida entre generaciones, tendera la uniformar recuerdos y olvidos.
  “La memoria es, entonces un terreno de lucha que ha menudo se parece a un verdadero campo de batalla” (Groppo, 2001: 28). En estos enfrentamientos no se cuestiona únicamente la visión del pasado, sino que, quien se imponga, se proyecta hacia el futuro.
  Estos conflictos entre las diferentes memorias, tanto individuales como colectivas, se suscitan en todos los espacios posibles. La experiencia alemana, luego de la 2da guerra mundial, rebeló que uno de los campos de batalla fue el espacio físico, debido a que “la memoria para poder ser transmitida, tiene necesidad de soportes, de marcas, de lugares físicos que evoquen concretamente el pasado cuyo recuerdo deseamos mantener” (Groppo, 2001:29).
  La dictadura militar en Argentina no solo intentó destruir los archivos de documentación, sino transformar o demoler aquellos espacios que pudieran ser reconocidos como centros de detenciones ilegales, torturas y ejecuciones.
  La década de los ochenta estuvo caracterizada por la revisión jurídica del accionar de la dictadura mientras que los 90 marcaron otro rumbo en cuento al análisis del pasado inmediato. La mirada se localizó entonces, en las voces silenciadas de los secuestrados, torturados, detenidos, exiliados y de aquellos hijos de desaparecidos que recobraban su identidad.
  A partir de este momento estas narraciones y ya no solamente los informes, comenzaron a relatar a la sociedad, lo buena parte de ella no había podido querido escuchar, ver y aceptar.
  Pero otra cuestión surgió entonces: los recuerdos de los militantes aparecen contados desde dos posiciones que podrían se resumidas en: contar los setenta desde el discurso de los setenta o contarlos desde los noventa. O tal como fue descrito anteriormente: conmemoración o rememoración. Ahora la situación abre nuevas posibilidades para la disputa en el discurso y el relato: hay un oficialismo que se presenta como defensor de los derechos humanos y único impulsor de los mismos, pese a que K no militó por ellos ni durante ni después de la dictadura, y silenció las leyes del perdón menemistas. Lamentablemente a causa de eso, los organismos como Madres y Abuelas parecen dividirse. Pero también es posible revisar las leyes del olvido, y volver a castigar a los militares, ahora que ya no tienen capacidad para presionar al poder civil, y en el terreno social vuelven a plantearse demandas como las que llevaron a los militares a instaurar el terror.


Bibliografía:

Groppo Bruno-Flier Patricia (comp.): La imposibilidad del olvido, recorridos de la memoria en Argentina, Chile y Uruguay. La Plata, Al Margen, 2001, 264 pp.

Toledo María Isabel: "La memoria colectiva como la articulación de memorias individuales", en Praxis, Revista de Psicología y Ciencias Humanas. Santiago de Chile, Facultad de Ciencias Humanas Diego Portales, 1999 Año 1 N1 196pp.

 

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Sec. Ex. Univ. - UNQ