staff                          números editados                              Nexos

Extramuros
Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos. Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, NºIV                                                                                          Enero-Abril de 2006 

 

volver a portada



Los movimientos sociales y su estudio en la Argentina (1ra parte)

por Guido Galafassi*
 


  La historia de la modernidad es la historia de la movilización social, la modernidad nace o se expresa materialmente a partir de procesos de movilización social, la revolución inglesa y francesa dan forma a los inicios de la modernidad y luego esta se va expandiendo al resto del mundo a través de distintos procesos de movilización social volviendo a darse en muchos casos procesos revolucionarios también. Por lo tanto, el estudio de los procesos de movilización social es en parte el estudio de la modernidad y viceversa, aunque en muchos casos, la extrema especialización científica parecería negarlo. Los movimientos sociales son parte inherente de la modernidad, son producto y productores de la modernidad y son la expresión de las cambiantes condiciones, estructuras y procesos de la modernidad. Los procesos de industrialización, urbanización, acumulación capitalista y desarrollo poscapitalista son el entramado dialéctico con el cual los movimientos sociales interaccionan conformándose y conformándolos. A pesar que mayoritariamente hoy aparece como un asunto olvidado, el nacimiento y posterior desarrollo de las ciencias sociales va de la mano también con el análisis de la movilización social, tanto los padres fundadores de la sociología como sus continuadores así como en la economía y en la ciencia política tuvieron en el estudio de la movilización el eje de su problemática. Es que las ciencias sociales fueron el claro sostén intelectual al crecimiento y desarrollo del capitalismo, salvo, obviamente el marxismo, que en términos modernos fue siempre más allá.
  La problemática de la movilización y los movimientos sociales, es y ha sido un tema altamente tratado y estudiado en los medios académicos latinoamericanos, y en parte también en la Argentina siendo, en este caso, la clase obrera un sujeto privilegiado en cuanto a la dedicación que ha merecido por parte de la academia y la ciencia, tanto a principios de siglo como en los años ´60 y ´70. Es que en la Argentina, en el contexto del amplio desarrollo de investigaciones desde muy diversas perspectivas disciplinarias relacionadas con la cuestión del desarrollo y la sociedad, los movimientos sociales en su amplia perspectiva, es decir más allá de la clase obrera solo han sido abordados parcialmente, por lo que han quedado fuera del estudio (o en todo caso con un tratamiento muy superficial) una importante cantidad de situaciones, procesos y casos. Esto su puede explicar tanto por la propia historia del proceso capitalista argentino basado en un intenso proceso de industrialización y de alta capitalización de la actividad agropecuaria, como también por un descuido por parte de la ciencia respecto al resto de los procesos de movilización social, por lo tanto, es posible afirmar que la problemática de los movimientos sociales en sus diferentes variantes ha sido, durante importantes periodos, claramente sub-estudiada en relación con la importancia que han merecido históricamente otras temáticas.
  Aunque es de destacar que en estos últimos años y más como acompañamiento a las modas internacionales surgidas a la luz de la llamada “teoría de la acción colectiva” y la “teoría de los nuevos movimientos sociales” vienen aparecido a un ritmo intenso una serie de trabajos y grupos de investigación dedicados expresamente a la problemática de los movimientos sociales.
  Entonces, el estudio del conflicto, las luchas y los movimientos sociales constituye un tema, por un lado predominantemente vinculado al pasado, a los estudios históricos de las tres o cuatro primeras décadas del siglo XX, ya sea por distintas rebeliones agrarias como por el momento de auge del movimiento obrero y sus manifestaciones anarquistas y socialistas, y a los importantes procesos de rebelión de los años ´60 y ´70; y por otro como una representación actualmente en desarrollo de la aparición de lo que se ha dado en llamar “nuevos sujetos o movimientos sociales” que surgen en las últimas décadas, ligados particularmente a los cambios generados por la aplicación de las recetas neoliberales. Ahora, mientras que los primeros centraban el eje del análisis precisamente en las luchas y los conflictos generados a partir de la imposición de un determinado modelo de desarrollo capitalista y de la interacción y la puja de intereses entre los diversos sectores o clases sociales, teniendo en muchos casos una mirada con cierto compromiso con los mismos, especialmente en los trabajos de los años sesenta y setenta; los segundos en cambio, en una lectura claramente posmoderna, cientificista y descomprometida, ponen mucho más fuertemente el énfasis en las cuestiones de relativismo subjetivo ligado fundamentalmente a la organización de los movimientos, quedando la lucha, el conflicto y la puja entre fuerzas antagónicas relegadas a un segundo o tercer plano.
  Mientras que en los años ´60 y ´70 algunas temáticas importantes eran los procesos revolucionarios, el desarrollo, la dependencia, el cambio social, Vietnam, Cuba y otros procesos de liberación nacional y social, mayo del ´68 y otras revueltas del ´68 a nivel mundial, el Cordobaza en Argentina, etc., de tal manera de ejercer una fuerte influencia en la agenda de la investigación social; a partir del Consenso de Washington, el neoliberalismo, la caída del Muro de Berlín, etc., todos esas grandes líneas del pensamiento sucumben o quedan en lugares absolutamente marginales y aparecen en los últimos años esta figura de “los movimientos sociales”, como si antes de los ´60 no hubieran existido, reemplazando de alguna manera el debate de los años pasado al ocupar el lugar de los temas “progresistas” en el presente.
  Si el concepto de lucha de clases fue un concepto clave en los ´60 y ´70, actualmente es mayoritariamente considerado en los ámbitos académicos como un concepto perimido, como una rémora del pasado que ha sido absolutamente superado. En este contexto aparece el interés por el estudio de los “nuevos movimientos sociales”, una vez que, según estas miradas, la clase obrera o bien ha desaparecido o bien ha perdido definitivamente su importancia y relevancia. No por esto, se puede dejar de considerar relativamente auspicioso esta aparición, por cuanto en Argentina y buena parte de América Latina, reaparece alguna preocupación por fenómenos ligados al cambio social, frente al predominio casi absoluto durante los años ´80 y ´90 en el análisis del ”status quo” (sustentabilidad, seguridad y gobernabilidad por ejemplo, que como los propios términos lo indican, hacen hincapié en la conservación y no en la transformación).
  Pero es sumamente interesante prestar atención entonces a una serie de presupuestos desde donde reaparece el estudio de la movilización social. Aunque sería más preciso afirmar que lo que reaparece son los estudios sobre las formas de “organización” y procesos de “identidad” de los movimientos sociales, pues si anteriormente el conflicto, el enfrentamiento, la lucha de clases y la protesta eran ejes fundamentales del análisis, ahora predominan (en sectores mayoritarios del mundo científico) trabajos que dejan en un segundo o tercer plano la cuestión del conflicto y en donde los fenómenos de “identidad”, “recursos organizativos” y “exclusión” (que reemplaza al antagonismo) son las preocupaciones fundamentales, rescatando las visiones que se asientan más en las funciones, los desajustes y los equilibrios (o desequilibrios del sistema social) que en las contradicciones y los enfrentamientos entre clases o sectores sociales. Se siguen aquí, tendencias teóricas aparecidas en las últimas décadas en los países centrales y basadas todas ellas en el resurgir del “individualismo metodológico”. Esto implica una franca ruptura en la forma de conceptuar a y de vincularse con los movimientos sociales, por cuanto en los años noventa, las concepciones más de tipo estructuralistas, especialmente los enfoques clasistas y marxistas, son fundamentalmente reemplazados por enfoques justamente “pos-estructuralistas”, “posmodernos”, “interpretativistas” y “neofuncionalistas” que además solo observan desde un lugar netamente “académico y científico” sin involucrarse con las luchas de los movimientos.
  Así, el estudio de la movilización social aparece actualmente como una especialización científica como cualquier otra anclada en concepciones teóricas claramente cientificistas y descomprometidas que relegan la discusión política y la problemática del cambio social, y que se concentran en análisis subjetivistas y simbolistas, en donde la protesta es, casi exclusivamente, solo una forma de “expresión, de decir y de mostrar, de visibilidad, de enunciación de sentidos y cuerpos demandantes”. Es decir, casi una puesta teatral para el público en general y los críticos especializados.
  Esto demuestra la “habilidad” de la academia neoliberal y posmoderna para ocultar y disfrazar la realidad. Por esto, parece importante continuar en próximas notas con el análisis de los argumentos teóricos que hacen posible esta desviación del conocimiento, que consciente o inconscientemente persigue (o termina logrando) una condición netamente conservadora y desmovilizadora de la realidad.
 

* Docente en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), Investigador del CONICET, Docente-Investigador en la Un. Nac. de Quilmes

 

volver a portada



Sec. Ex. Univ. - UNQ