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Los movimientos
sociales y su estudio en la Argentina (1ra parte)
por Guido Galafassi*
La historia de la modernidad es la historia de la movilización social, la
modernidad nace o se expresa materialmente a partir de procesos
de movilización social, la revolución inglesa y francesa dan
forma a los inicios de la modernidad y luego esta se va
expandiendo al resto del mundo a través de distintos procesos de
movilización social volviendo a darse en muchos casos procesos
revolucionarios también. Por lo tanto, el estudio de los
procesos de movilización social es en parte el estudio de la
modernidad y viceversa, aunque en muchos casos, la extrema
especialización científica parecería negarlo. Los movimientos
sociales son parte inherente de la modernidad, son producto y
productores de la modernidad y son la expresión de las
cambiantes condiciones, estructuras y procesos de la modernidad.
Los procesos de industrialización, urbanización, acumulación
capitalista y desarrollo poscapitalista son el entramado
dialéctico con el cual los movimientos sociales interaccionan
conformándose y conformándolos. A pesar que mayoritariamente hoy
aparece como un asunto olvidado, el nacimiento y posterior
desarrollo de las ciencias sociales va de la mano también con el
análisis de la movilización social, tanto los padres fundadores
de la sociología como sus continuadores así como en la economía
y en la ciencia política tuvieron en el estudio de la
movilización el eje de su problemática. Es que las ciencias
sociales fueron el claro sostén intelectual al crecimiento y
desarrollo del capitalismo, salvo, obviamente el marxismo, que
en términos modernos fue siempre más allá.
La problemática de la movilización y los movimientos sociales, es y ha
sido un tema altamente tratado y estudiado en los medios
académicos latinoamericanos, y en parte también en la Argentina
siendo, en este caso, la clase obrera un sujeto privilegiado en
cuanto a la dedicación que ha merecido por parte de la academia
y la ciencia, tanto a principios de siglo como en los años ´60 y
´70. Es que en la Argentina, en el contexto del amplio
desarrollo de investigaciones desde muy diversas perspectivas
disciplinarias relacionadas con la cuestión del desarrollo y la
sociedad, los movimientos sociales en su amplia perspectiva, es
decir más allá de la clase obrera solo han sido abordados
parcialmente, por lo que han quedado fuera del estudio (o en
todo caso con un tratamiento muy superficial) una importante
cantidad de situaciones, procesos y casos. Esto su puede
explicar tanto por la propia historia del proceso capitalista
argentino basado en un intenso proceso de industrialización y de
alta capitalización de la actividad agropecuaria, como también
por un descuido por parte de la ciencia respecto al resto de los
procesos de movilización social, por lo tanto, es posible
afirmar que la problemática de los movimientos sociales en sus
diferentes variantes ha sido, durante importantes periodos,
claramente sub-estudiada en relación con la importancia que han
merecido históricamente otras temáticas.
Aunque es de destacar que en estos últimos años y más como acompañamiento
a las modas internacionales surgidas a la luz de la llamada
“teoría de la acción colectiva” y la “teoría de los nuevos
movimientos sociales” vienen aparecido a un ritmo intenso una
serie de trabajos y grupos de investigación dedicados
expresamente a la problemática de los movimientos sociales.
Entonces, el estudio del conflicto, las luchas y los movimientos sociales
constituye un tema, por un lado predominantemente vinculado al
pasado, a los estudios históricos de las tres o cuatro primeras
décadas del siglo XX, ya sea por distintas rebeliones agrarias
como por el momento de auge del movimiento obrero y sus
manifestaciones anarquistas y socialistas, y a los importantes
procesos de rebelión de los años ´60 y ´70; y por otro como una
representación actualmente en desarrollo de la aparición de lo
que se ha dado en llamar “nuevos sujetos o movimientos sociales”
que surgen en las últimas décadas, ligados particularmente a los
cambios generados por la aplicación de las recetas neoliberales.
Ahora, mientras que los primeros centraban el eje del análisis
precisamente en las luchas y los conflictos generados a partir
de la imposición de un determinado modelo de desarrollo
capitalista y de la interacción y la puja de intereses entre los
diversos sectores o clases sociales, teniendo en muchos casos
una mirada con cierto compromiso con los mismos, especialmente
en los trabajos de los años sesenta y setenta; los segundos en
cambio, en una lectura claramente posmoderna, cientificista y
descomprometida, ponen mucho más fuertemente el énfasis en las
cuestiones de relativismo subjetivo ligado fundamentalmente a la
organización de los movimientos, quedando la lucha, el conflicto
y la puja entre fuerzas antagónicas relegadas a un segundo o
tercer plano.
Mientras que en los años ´60 y ´70 algunas temáticas importantes eran los
procesos revolucionarios, el desarrollo, la dependencia, el
cambio social, Vietnam, Cuba y otros procesos de liberación
nacional y social, mayo del ´68 y otras revueltas del ´68 a
nivel mundial, el Cordobaza en Argentina, etc., de tal manera de
ejercer una fuerte influencia en la agenda de la investigación
social; a partir del Consenso de Washington, el neoliberalismo,
la caída del Muro de Berlín, etc., todos esas grandes líneas del
pensamiento sucumben o quedan en lugares absolutamente
marginales y aparecen en los últimos años esta figura de “los
movimientos sociales”, como si antes de los ´60 no hubieran
existido, reemplazando de alguna manera el debate de los años
pasado al ocupar el lugar de los temas “progresistas” en el
presente.
Si el concepto de lucha de clases fue un concepto clave en los ´60 y ´70,
actualmente es mayoritariamente considerado en los ámbitos
académicos como un concepto perimido, como una rémora del pasado
que ha sido absolutamente superado. En este contexto aparece el
interés por el estudio de los “nuevos movimientos sociales”, una
vez que, según estas miradas, la clase obrera o bien ha
desaparecido o bien ha perdido definitivamente su importancia y
relevancia. No por esto, se puede dejar de considerar
relativamente auspicioso esta aparición, por cuanto en Argentina
y buena parte de América Latina, reaparece alguna preocupación
por fenómenos ligados al cambio social, frente al predominio
casi absoluto durante los años ´80 y ´90 en el análisis del
”status quo” (sustentabilidad, seguridad y gobernabilidad por
ejemplo, que como los propios términos lo indican, hacen
hincapié en la conservación y no en la transformación).
Pero es sumamente interesante prestar atención entonces a una serie de
presupuestos desde donde reaparece el estudio de la movilización
social. Aunque sería más preciso afirmar que lo que reaparece
son los estudios sobre las formas de “organización” y procesos
de “identidad” de los movimientos sociales, pues si
anteriormente el conflicto, el enfrentamiento, la lucha de
clases y la protesta eran ejes fundamentales del análisis, ahora
predominan (en sectores mayoritarios del mundo científico)
trabajos que dejan en un segundo o tercer plano la cuestión del
conflicto y en donde los fenómenos de “identidad”, “recursos
organizativos” y “exclusión” (que reemplaza al antagonismo) son
las preocupaciones fundamentales, rescatando las visiones que se
asientan más en las funciones, los desajustes y los equilibrios
(o desequilibrios del sistema social) que en las contradicciones
y los enfrentamientos entre clases o sectores sociales. Se
siguen aquí, tendencias teóricas aparecidas en las últimas
décadas en los países centrales y basadas todas ellas en el
resurgir del “individualismo metodológico”. Esto implica una
franca ruptura en la forma de conceptuar a y de vincularse con
los movimientos sociales, por cuanto en los años noventa, las
concepciones más de tipo estructuralistas, especialmente los
enfoques clasistas y marxistas, son fundamentalmente
reemplazados por enfoques justamente “pos-estructuralistas”,
“posmodernos”, “interpretativistas” y “neofuncionalistas” que
además solo observan desde un lugar netamente “académico y
científico” sin involucrarse con las luchas de los movimientos.
Así, el estudio de la movilización social aparece actualmente como una
especialización científica como cualquier otra anclada en
concepciones teóricas claramente cientificistas y
descomprometidas que relegan la discusión política y la
problemática del cambio social, y que se concentran en análisis
subjetivistas y simbolistas, en donde la protesta es, casi
exclusivamente, solo una forma de “expresión, de decir y de
mostrar, de visibilidad, de enunciación de sentidos y cuerpos
demandantes”. Es decir, casi una puesta teatral para el público
en general y los críticos especializados.
Esto demuestra la “habilidad” de la academia neoliberal y posmoderna para
ocultar y disfrazar la realidad. Por esto, parece importante
continuar en próximas notas con el análisis de los argumentos
teóricos que hacen posible esta desviación del conocimiento, que
consciente o inconscientemente persigue (o termina logrando) una
condición netamente conservadora y desmovilizadora de la
realidad.
* Docente en la
Facultad de Filosofía y Letras (UBA), Investigador del CONICET,
Docente-Investigador en la Un. Nac. de Quilmes
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