staff                          números editados                              Nexos

Extramuros
Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos. Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, NºIV                                                                                          Enero-Abril de 2006 

 

volver a portada


La evolución sudamericana

José G. Vazeilles*

 

  Al inicio del último cuarto del siglo pasado, en los países de América del Sur proliferaban los regímenes oligárquico-militares, que gobernaban con métodos fascistas, patrocinados por el Departamento de Estado de los EE.UU. y el Pentágono, con el apoyo e impulso de la CIA.
  Su política económica estaba claramente encuadrada en las directivas de los organismos de crédito internacionales, dominados por el interés de los grandes holdings estadounidenses y del capitalismo central en general.
  Ese interés contenía el absurdo de invadir los mercados de los países sudamericanos, cuya apertura a tal invasión provocó la ruina de variadas actividades productivas internas, obligando a la vez a un creciente endeudamiento externo para solventar las crecientes importaciones, imposible de ser saldadas mediante divisas genuinas provenientes de las exportaciones propias.
  El esquema produjo un brutal decrecimiento económico y una crisis financiera inevitable, que en el plano cambiario adquiría ribetes infernales. Eso ya desestabilizó los regímenes oligárquicos militares y también se sumaron en casos las magnas torpezas políticas en tropezones para escapar hacia delante, cuyo ejemplo más cabal fue la decisión del gobierno argentino encabezado por Galtieri de emprender la aventura bélica del Atlántico Sur, invadiendo las Islas Malvinas.
  Más en general, las administraciones militares habían perdido todo rumbo y trataban tan sólo de apagar o aminorar los incendios económicos y sociales, postergando siempre para algún futuro procurar equilibrios más duraderos y ello terminó por cerrar el ciclo de los regímenes despóticos, en el marco del creciente desprestigio que sufrían por sus graves violaciones de los derechos humanos.
Desde el imperialismo estadounidense y sus socios, las aperturas electorales consiguientes (llamarlas “democráticas” hubiera sido entonces un exceso del lenguaje y hoy ya es una terminología confusionista) fueron concebidas como medidas gattopardistas para evitar efectos mayores del fracaso de las políticas de los regímenes oligárquico-militares, que en definitiva, eran sus títeres.
  El gattopardismo resultó exitoso, pues los gobiernos civiles surgidos de elecciones fueron de una docilidad semejante a la de sus antecesores, manteniendo los marcos económicos y los pactos militares y emprendiendo farsescos enjuiciamientos de los genocidios y otros crímenes, que el paso del tiempo y otras farsas menores durante este siglo han posibilitado a la postre dejar todo eso en la impunidad o cuasi impunidad, hoy con el beneficio adicional, para el sistema, que la resultante desproporción entre la magnitud de los crímenes y la liviandad de las molestias (diz que castigos) ocasionadas a Pinochet, Videla y otros criminales es disfrazada de “justicia”.
  Esto coincidió con un clima de marcado triunfalismo por parte de las burguesías monopolistas y sus medios de opinión, que llamaron “globalización” a una etapa que, decían, estaba instaurando el orden definitivo del mundo, una vez desaparecida la URSS y en medio de la evolución del capitalismo de Estado chino hacia formas más liberales y asociaciones más estrechas con los capitales extranjeros.
Pero el siglo XXI ha puesto en evidencia la crisis global del sistema capitalista que malamente se intentaba tapar con el falso optimismo de la “globalización”. En particular, se destaca el hecho de que los Estados Unidos se han convertido en el más gigantesco e insolvente deudor de toda la historia del capitalismo moderno.
  El indicio sudamericano más estridente del debilitamiento del imperialismo yanqui fue el fracaso del intento de la CIA de derrocar al presidente Chávez en Venezuela, un claro “tiro por la culata” si se juzgan sus efectos posteriores. Mirando la secuela y los recursos organizados durante el golpe, se advierte una notoria semejanza con el implementado en 1973 contra el gobierno de la Unidad Popular encabezado por el Presidente Salvador Allende en Chile.
  También el fracaso de sus aventuras militares, acompañadas de prácticas terroristas, han ocasionado a Bush un desprestigio semejante al que tenían los regímenes terroristas latinoamericanos.
  Como consecuencia, sus férreas garras sobre los países de América del Sur se han aflojado y se han verificado en ellos otros cambios. Pero esos otros cambios en modo alguno son semejantes entre sí. En efecto, mientras algunos, como la Argentina, Brasil y Uruguay, avanzan apenas sobre el espacio que de ese modo queda libre, otros, como Venezuela y Bolivia parecen dispuestos a un aprovechamiento más profundo.
  Estas diferencias tienen relación el carácter de los sujetos movilizados y posibles destinatarios de los beneficios de los cambios. En los casos de Venezuela y Bolivia se trata de sus masas populares, mientras en los otros países, los gobiernos parecen satisfechos con seguir favoreciendo a sus burguesías más concentradas y sus socios de las burguesías centrales.
  Un panorama, en definitiva, variopinto y casi seguramente en plena evolución.
  En efecto, todavía no se han hecho presentes todas las causas impulsoras de los cambios, pues aún resta desplegarse la crisis económica y financiera del imperialismo estadounidense, cuya debilidad se percibe en todas las latitudes y no sólo aquí. Pero aquí, los movimientos económicos que han comenzado en consecuencia y los que tal vez inducirán nuevos cambios en el mercado y el tablero político mundial, más el despertar de reivindicaciones populares muchos años postergadas, seguramente traerán todavía más novedades que las vistas hasta ahora.



* Profesor titular en la Facultad de Filosofía y Letras y en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

 

volver a portada



Sec. Ex. Univ. - UNQ