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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos. Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, NºIV                                                                                          Enero-Abril de 2006 

 

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Ir a contracorriente: el sentido de “la otra campaña”

por Carlos Antonio Aguirre Rojas *

 

  ...ir a contracorriente, uniendo rebeldías abajo, donde allá arriba separan soledades...

  La importante iniciativa promovida originalmente por el digno movimiento indígena neozapatista mexicano, y conocida como “la Otra Campaña”, está sacudiendo cada vez más, de manera sostenida y creciente, tanto la conciencia política como las expectativas de un verdadero cambio social, de cada día más y más sectores de la vasta población mexicana. Porque habiendo sido discutida, madurada y preparada a lo largo de más de tres años, esta iniciativa de la Otra Campaña representa claramente un nuevo y radical “¡Ya Basta!”, equiparable por su relevancia al del primero de enero de 1994, pero ahora desplegado ya no sólo dentro del por muchos conceptos estratégico escenario del estado de Chiapas, sino dentro de la escala de la entera nación mexicana.
  Un nuevo “¡Ya Basta!” nacional, que a decir de los propios neozapatistas será más profundo y más fuerte que el de hace doce años, porque además de abarcar toda la geografía de nuestro país, se ampliará enormemente para incluir, junto a la fundamental lucha por los derechos, la cultura y la identidad de los indígenas chiapanecos y de todos los pueblos indios de México, también la lucha radical de absolutamente todas las clases subalternas mexicanas, que hoy son víctimas de las más diversas y asimétricas formas de explotación, despotismo, desigualdad, avasallamiento o discriminación.
  “¡Ya Basta!”, reeditado ahora en todo el territorio nacional, que es la clara respuesta del neozapatismo frente a la verdadera “situación de emergencia” que hoy atraviesa nuestro país, y que conjuga tanto los saldos de la verdadera catástrofe nacional que representó en todos los planos el gobierno de Vicente Fox, como también la bancarrota y la debacle total de toda la clase política mexicana, pero igualmente el cada vez más firme y creciente hartazgo de todo el pueblo mexicano, frente a esa decadente y vergonzosa clase política, lo mismo que frente a esa cada vez más intolerable situación de descomposición económica, social y cultural.
  Porque es claro que dentro del contexto mundial actual, caracterizado por el proceso de la evidente crisis terminal del sistema capitalista mundial
(1), el papel que ha cumplido el gobierno de Vicente Fox, ha sido el de acelerar y agudizar de manera extrema las expresiones que en México reviste esa misma crisis terminal. Pues al acentuar la aplicación de las políticas económicas y sociales del neoliberalismo salvaje, al mismo tiempo en que desmontaba los mecanismos de negociación y de contrapeso que habían sido utilizados por los corruptos gobiernos del PRI, lo que el foxismo produjo fue un verdadero desmantelamiento de toda la economía nacional –en el campo, en la industria, en el comercio y en los servicios— junto a una baja brutal del salario real y un peligroso incremento del desempleo masivo generalizado. Es decir, una verdadera recesión global de la economía mexicana, la que no ha estallado como estalló Argentina a finales de 2001, solamente por la válvula de escape que representa la también masiva e indetenible migración de la población trabajadora mexicana hacia los Estados Unidos. Sustituyendo entonces a los políticos corruptos del PRI, con los tecnócratas ineptos del PAN, lo que el gobierno foxista hizo fue agudizar esa expresión de la crisis capitalista global en nuestro país, acercando temerariamente el estallido de lo que Immanuel Wallerstein ha llamado, desde hace tiempo, “la bomba de tiempo mexicana” (2).
  Por otra parte, y como una más de las varias manifestaciones de esa crisis terminal del sistema capitalista, tanto mundial como mexicano, se ha desarrollado también la degeneración total de la clase política mexicana, la que enamorada cada vez más de la conquista y el ejercicio del poder por el poder mismo, se ha ido deslegitimando y desprofesionalizando aceleradamente, hasta el punto de entregarnos a esos políticos que cambian de partido como de camisa, junto a políticos improvisados que apenas ayer eran gerentes, artistas, deportistas, amas de casa, profesores universitarios, locutores, o supuestos escritores, etc., al lado de grandes escándalos de corrupción, nepotismo y tráfico de influencias, que presenciamos en absolutamente todos los partidos políticos mexicanos actualmente existentes.
  Degradación de toda la clase política mexicana que, al igual que sucede en todo el planeta, se explica en parte por el cada día más acentuado divorcio de dicha política tradicional respecto de cualquier dimensión o consideración ética, pero también por la separación creciente e igualmente aguda de dicha política respecto del mundo de las fuerzas sociales, de los movimientos, actores, grupos, clases e intereses reales de la sociedad que subyace a esa misma esfera de la política y de lo político contemporáneos.
  Debacle completa de la clase política mexicana, que se hizo escandalosamente evidente cuando los tres partidos principales de México, el PRI, el PAN y el PRD, apoyaron juntos la contrarreforma indígena de 2001, ignorando el clamor popular mayoritario de respeto y cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, y la impresionante movilización de millones y millones de mexicanos en torno de la digna Marcha del Color de la Tierra.
  Crisis entonces global de la situación económica, social y cultural del México actual, y bancarrota completa de la clase política mexicana, que son dos de los principales vectores que, en términos más inmediatos
(3), explican el surgimiento de esta importante iniciativa de la Otra Campaña. Iniciativa que, por el otro lado, intenta dar salida y cauce pacífico y organizado al gran descontento popular que han generado, hondamente, tanto esta destrucción del tejido social y la clara regresión cultural impuestas desde hace cinco años por el actual gobierno, como también la deteriorada y cada vez más precaria situación económica, junto a la ya referida crisis y descomposición de todo el ámbito de la política y de los partidos políticos de nuestro país.
  Iniciativa de la Otra Campaña que se autonombra precisamente como “Otra”, para subrayar su diferencia y contraposición radical frente a la actual campaña electoral mexicana hoy en curso, pero también y en una dimensión más profunda, para enfatizar el hecho de que ella intenta representar, frente a esa crisis global de la clase política y frente a ese contexto general de crisis económica, social y cultural de México, la posibilidad de intentar otro camino a recorrer, la alternativa de otra solución a esas múltiples crisis, el esfuerzo y la esperanza, que quizá sean ya las últimas disponibles, de darle al inminente estallido social total que se avecina en toda la República Mexicana, otro cauce, pacífico, organizado, y dirigido racional y sensatamente hacia la construcción de otro país y otro sistema social.
  Otra Campaña que entonces, como su nombre lo indica, es muy otra cosa de lo que es la campaña político-electoral, porque se organiza y estructura de acuerdo a otra lógica global, pero también porque tiene otra temporalidad, apoyándose en otros interlocutores y apelando a otros actores y clases sociales, a la vez que se dirige hacia otros objetivos, utilizando para ello otros métodos, para rematar reivindicando el ejercicio de otra política, en pos de un muy otro mundo y un muy otro sistema social. Cúmulo de diferencias o alteridades de la Otra Campaña, que vale la pena revisar ahora con más detalle.

  ...aquí estamos, somos la otra, la dignidad rebelde, el corazón hasta ahora olvidado de la patria...

  Resulta muy difícil, y a veces hasta imposible, entender el sentido profundo de la Otra Campaña, si continuamos juzgándolo y evaluándolo desde la lógica hoy todavía dominante, tanto de las campañas políticas tradicionales, como de la lógica global del actual sistema social capitalista. Es decir, desde la lógica que gobierna a la práctica y la actividad toda de esa clase política mexicana hoy en bancarrota, pero también desde la lógica general del agonizante pero todavía vivo capitalismo mexicano y mundial.
  Porque la Otra Campaña ha insistido reiteradamente en que ella pretende configurarse como un movimiento anticapitalista y de izquierda, lo que significa que toda su existencia y actividad está gobernada por otra lógica, distinta a la lógica capitalista dominante, y por ende por una lógica alternativa y antisistémica, orientada no a reproducir y a mantener el actual sistema capitalista, en México y en el mundo, sino más bien y por el contrario, a cambiar ese mundo y a nuestro país, y a transformarlos radicalmente, eliminando totalmente las relaciones de explotación, de despotismo y de discriminación que lo singularizan y caracterizan.
  Otra lógica, antisistémica y anticapitalista, que marcha entonces necesariamente a contracorriente de la lógica hoy dominante, y por lo tanto en contra de la lógica de la acumulación de capital y de la obtención de la mayor ganancia posible, lo mismo que de la lógica de la reproducción de la desigualdad social, de la jerarquía y de los privilegios injustos en todas sus formas, pero también de todas esas lógicas de la exclusión y la discriminación que se plasman tanto en el egoísmo y en el individualismo feroz hoy ampliamente difundidos, como en el sexismo, el machismo, el racismo, el patriarcalismo, y el desprecio del que es diferente de nosotros, bajo cualquier forma posible.
  Frente a esto, la Otra Campaña reivindica otra lógica, anticapitalista e inversa de la anterior, que es una lógica de la no mercantilización de las cosas y del reparto equitativo de la riqueza disponible, junto a una lógica de solidaridad, fraternidad y apoyo mutuo, que es también una lógica de tolerancia, de la creación de ‘un mundo en donde quepan muchos mundos’, en donde el que manda, ‘manda obedeciendo’, y en donde reinan el respeto a la diferencia, la autonomía y la autogestión, y el florecimiento de todas las libertades.
  Una lógica antisistémica radical, que se ejemplifica en la abierta y desafiante reivindicación de los neozapatistas, del ‘antilema’ olímpico: “Más débil, más lento, más bajo”
(4). Pues frente al individualismo feroz y a la glorificación de la competencia despiadada que se encarnan en el lema olímpico de: “Más fuerte, más rápido, más alto” los neozapatistas van a marchar precisamente a contracorriente, poniéndose del lado del que hoy es el “más débil”, es decir de los explotados, los excluidos, los marginados, los sometidos y los discriminados, de todas estas clases y grupos subalternos que son los que no tienen ni el dinero, ni el poder, ni la fama, ni la jerarquía, ni el reconocimiento, a pesar de ser la inmensa mayoría de nuestro país y de todo el mundo. Toma de posición por los que hoy son las víctimas de la actual sociedad capitalista, que es al mismo tiempo muy consciente de que estos “débiles” de hoy, son también la base sólida y ancha y el cuerpo real de todas las sociedades, y con ello, los sólo provisional, transitoria y paradójicamente “débiles” actuales.
  Y también por lo “más lento”, por lo que no camina al ritmo frenético y despersonalizado del capitalismo, sino que marcha a su propio ritmo, lentamente, poco a poco, pero también de un modo mucho más profundo, subterráneo y esencial, como es el caso del proceso de la organización de todas las luchas populares y de todas las rebeldías diversas de nuestro país, organización que es uno de los objetivos centrales de la Otra Campaña.
  E igualmente por lo más bajo, por lo que se encuentra hasta el final de la jerarquía y de la pirámide social, acumulando explotaciones, opresiones y discriminaciones, como en el caso de las mujeres indígenas, humilladas y oprimidas por ser pobres, por ser campesinas, por ser mujeres y por ser indígenas, que hablan, visten, piensan y se ven simplemente diferentes. Grupos y sujetos sociales que están al ras del suelo, en el punto cero de la pirámide social, pero que son también, y es importante enfatizarlo, los que en los primeros días de enero de 1994, se constituyeron en el movimiento social más avanzado de todo México, y muy posiblemente, también de toda América Latina, y hasta del mundo en su conjunto.
  Apuesta firme por otra lógica, antisistémica y a contracorriente, que mira a lo más débil, lo más lento y lo más bajo, y que en el plano estrictamente político va a deslindarse también de esa lógica capitalista hoy dominante dentro de las campañas político-electorales de todos los partidos políticos mexicanos. Lógica capitalista y sistémica gobernada por el éxito inmediato y por la popularidad efímera, que sólo mira a las encuestas mediáticas y al “rating”, buscando obtener el gobierno y los puestos del poder político a cualquier precio y con los medios que sea, y que se encuentra ahora presidida por la vulgar y empobrecida mercadotecnia política, frente a la cual, la Otra Campaña va a contraponer otra forma de concebir y de ejercitar la política, desde el principio de que el que manda debe mandar obedeciendo, y desde la lenta pero sólida construcción de una red de rebeldías de los de abajo, que mira sobre todo hacia la defensa y salvaguarda de la expresión de todas las inconformidades y protestas existentes, sean individuales, de pequeños grupos o multitudinarias, y que se rige siempre por criterios fundamentalmente éticos, “uniendo rebeldías abajo, donde arriba separan soledades”.
  Otra lógica, anticapitalista y de izquierda, que frente a la mirada del poder, que mira desde arriba hacia abajo “para explotar, robar, despreciar o reprimir”, afirma en cambio la mirada neozapatista, que mira desde abajo y desde la izquierda, para unir y coordinar resistencias, y para “convertir la lucha de resistencia en lucha de transformación”
(5).

  ...nosotros decimos: hagamos otra forma de hacer política...

  Otra diferencia radical entre la actual campaña electoral y la Otra Campaña, reside en el modo mismo de concebir y practicar a esa actividad ancestral de las sociedades humanas que es la actividad de la política. Dos concepciones y dos formas de ejercicio que se encuentran en las antípodas, y que nos dan, por el lado de la corrupta clase política mexicana, una visión claramente instrumental y utilitaria de la política tradicional, en donde el fin justifica todos los medios posibles e imaginables, y en donde el objetivo es sólo la conquista de los puestos políticos a cualquier precio, desde una lógica en donde el poder gira sobre sí mismo como en un carrusel imparable y sin sentido. Mientras que, por el lado de la Otra Campaña, nos ofrecen en cambio una idea de la política que de hecho, trasciende a toda anterior definición posible de esta misma política –hasta el punto de que, según nosotros, no debería llamarse ya con este mismo nombre de “política”, y quizás por eso es que es nombrada “otra política”— al concebirla de manera cualitativa y novedosa como un trabajo orientado por el “espíritu de servir a los demás, sin intereses materiales, con sacrificio, con dedicación, con honestidad, que cumpla la palabra” y en el que “la única paga sea la satisfacción del deber cumplido”
(6).
  Dos concepciones diametralmente opuestas de la política, que son, de un lado la de la política tradicional, concebida desde arriba y desde la perspectiva de las clases dominantes, y defendida y reproducida por toda la decadente clase política mexicana, y por el otro, la de la otra política, vista desde abajo y desde la izquierda, desde el punto de vista de las clases subalternas, y que es promovida por la Otra Campaña.
  Y si en la primera, la política se considera una actividad que debe ser practicada exclusivamente por los de arriba, y también sólo por un pequeño sector de los llamados “políticos profesionales”, en la segunda en cambio la política es un asunto que concierne sobre todo a esas vastas mayorías que constituyen el diverso y amplio abanico de los de abajo, siendo una actividad que puede e incluso debe ser ejercida por todo el mundo, como lo demuestran ya de modo práctico las propias Juntas de Buen Gobierno neozapatistas. Porque si desmitificamos la falsa y ridícula idea de que la política es una actividad muy compleja, y propia solo de un pequeño grupo de iniciados, y la concebimos nuevamente como la simple gestión y administración de los asuntos públicos y comunes de un cierto grupo o colectivo humano, veremos que además de poder ser practicada por cualquiera, debe incluso ser asumida y retomada por toda la gente, en la medida en que su propio ejercicio le afecta y le concierne siempre de manera directa.
  De otra parte, mientras la política tradicional gira siempre en torno del momento clímax de las elecciones, y subordina todo a ese momento, apagándose mucho en períodos no electorales y reavivándose enormemente en tiempos de elecciones políticas, en cambio la Otra Campaña concibe a esta otra política como un asunto de ‘todos los días’, como una actividad cotidiana y permanente, que se afirma y se despliega en los espacios de trabajo, de vida, de convivencia y de las relaciones sociales más sencillas y elementales, de un modo constante e igualmente cotidiano. Lo que ha llevado a la Otra Campaña a plantear que, más allá de las grandes manifestaciones y los grandes encuentros masivos, ella habrá de dirigirse también a esos espacios habituales que son “el lugar de cada quien” y en donde se gestan los millones y millones de “¡Ya Basta!”, individuales y de los pequeños grupos, que luego se hacen visibles y activamente transformadores en las grandes movilizaciones y en las grandes acciones masivas colectivas
(7).
  Y mientras la política tradicional se basa en el principio de que unos, los pocos, y siempre de arriba mandan, y los otros, la inmensa mayoría de los de abajo, tienen que obedecer y acatar, la Otra Campaña se estructura en torno al profundo e inteligente oxymorón de que el que manda tiene que “mandar obedeciendo”, porque a la inversa de esa política tradicional hoy en crisis en todo México y en todo el mundo, quien debe de mandar, según este oxymorón, es esa vasta base de la pirámide social, y los políticos de todo tipo tienen que obedecer ese mandato de la mayoría, es decir, tienen que gobernar y ejercer el mando político, pero obedeciendo a los intereses, la voluntad, las demandas y las disposiciones del pueblo. Lo que explica, por ejemplo, el lema del cartel que se encuentra en la entrada del caracol de Oventic, y que establece claramente que “Aquí el pueblo manda, y el gobierno obedece”.
  Igualmente, en tanto que la política tradicional está gobernada por un pragmatismo sin principios, y se rige por una lógica utilitaria de obtener el poder político pagando el precio que sea, y pisoteando a quien sea y lo que haga falta, la otra política, en cambio, se basa siempre en criterios profundamente éticos, midiendo en cada momento las implicaciones morales de sus distintas acciones, y decidiendo y escogiendo los caminos a seguir, a partir de ser fiel a sus compromisos, coherente con sus principios, y respetuoso de su propia memoria, de su pasado, de sus muertos y de su historia. Otra política basada en la ética, que no se mueve por conveniencias prácticas o por posibles ventajas efímeras, materiales o de intereses, sino por convicciones profundas y por obligaciones y preceptos consciente y voluntariamente asumidos como normas correctas de vida y de conducta en general
(8).
  Y del mismo modo en que la política tradicional carece hoy de todo vínculo con el nivel ético, así carece también de toda conexión con el mundo de las fuerzas, los movimientos y las realidades sociales, desde y sobre las cuales ella se originó hace más o menos veinticinco siglos, pero de las que se ha separado e independizado totalmente en las últimas dos o tres décadas recién vividas. Pues sólo en virtud de esa desconexión, es que pueden comprenderse fenómenos como los de la existencia de partidos políticos que son sólo negocios de una familia, o cascarones vacíos disputados por vulgares grupos de interés, junto a líderes que se rodean de colaboradores que sólo ayer eran sus enemigos acérrimos, y a políticos y cúpulas de dirigentes que traicionan reiteradamente a sus bases y a sus propios partidos, sin ser expulsados de inmediato y sin contemplaciones.
  Frente a esto, la Otra Campaña defiende otra política, que sea el fiel reflejo de la voluntad y de los deseos de toda la sociedad, donde sea el pueblo el que decide quién manda y cómo manda, y donde los políticos hagan siempre y directamente lo que la gente dispone. Una política donde los representantes populares son inmediatamente revocables en todo momento, y en donde los políticos no reciben sueldo alguno, consultando siempre las grandes decisiones con sus bases, y actuando permanentemente en función de los intereses colectivos que ellos mismos representan. Una política que, como mencionamos antes, se orienta hacia el ejercicio de una democracia directa, asumida además desde la idea del autogobierno y la autogestión de las propias clases y grupos subalternos, y del amplio y esencial respeto a la opinión de todas las minorías.
  Otra política que no se orienta hacia la “toma del poder” como su objetivo central, aunque tampoco rechace por principio ni de manera absoluta dicha toma del poder. Pues, afirmando claramente que el centro de gravedad de toda su actividad está más bien en la creación de un potente, bien organizado, sólido y activo movimiento social de todos los excluidos y explotados de México, movimiento social o frente de masas anticapitalista, que sea tan fuerte como para obligar a cualquier tipo de gobierno –de derecha, de centro o de supuesta izquierda— a tomar en cuenta sus demandas y a satisfacer sus principales reclamos y exigencias, y que también podrá, eventualmente y en un segundo momento, crear e imponer a su propio gobierno, es decir, “tomar el poder” actual para destruirlo y reconstruirlo radicalmente, y para construir un nuevo poder y un nuevo gobierno que obedezca al pueblo, y que gobierne y haga “lo que la gente mande”.
  Algo que, en contra del falso slogan de que los zapatistas lo que quieren es “cambiar el mundo sin tomar el poder”, se ve clara y explícitamente refutado cuando ellos declaran: “el problema del poder no es nuestro problema. El EZLN repite que no lucha por el poder, pero no dice que no hay que luchar por el poder. (cursivas mías, CAAR). Si fuera así no hubiéramos invitado a todas las organizaciones políticas que tienen una propuesta de toma del poder. Lo que nosotros decimos es que no nos corresponde a nosotros, nosotros vamos pues por otro camino; pero si hay un partido u organizaciones de partidos que tomen el poder, y si responden a las causas populares, que bueno, bienvenido”, porque es claro que “no es el poder que corrompe...”, para agregar en otra ocasión que, “lo que queremos es que nosotros decidamos quien gobierna o cómo. Y decidamos también de quién es la riqueza y cómo se reparte”
(9).
  Con lo cual, queda clara la diferencia entre la postura específica del EZLN y la de la Otra Campaña respecto de este punto esencial de la ‘toma del poder’. Pues mientras el EZLN, en tanto movimiento animado en parte por la cosmovisión indígena del mundo, no está interesado en dicha toma del poder –desde la idea de que el poder reside siempre en la comunidad, y que no es y no debe ser un algo autónomo e independiente de la misma, y que entonces, cuando la comunidad se organiza y reclama sus derechos, se reapropia y reactualiza de inmediato dicho poder— en cambio la Otra Campaña, en tanto vasto movimiento global de todos los subalternos de México, si podrá eventualmente, ocuparse de dicha ‘toma’, destrucción y reconstrucción radical de dicho poder. Aunque ambos, el EZLN y la Otra Campaña, unidos desde la clara convicción de que lo esencial no es dicho proceso de la ‘toma del poder’, sino que lo esencial es la formación de ese potente y bien organizado movimiento social global anticapitalista y de izquierda, que será tan fuerte, masivo y poderoso, que entonces, “el resto nos será dado por añadidura”. El resto, es decir, el planeta entero, la luna, y hasta ese ‘poder’ que mas que ‘tomarlo’ podremos tal vez ‘recibirlo’ y ‘asumirlo’, destruyéndolo y reconstruyéndolo también como otro poder, radicalmente distinto al actual.
  Otro poder, en donde nosotros decidiremos quién gobierna y cómo. Nosotros, es decir la Otra  Campaña, los que por ahora somos todavía y orgullosamente la “dignidad rebelde” y el “corazón hasta ahora olvidado de la patria”, pero también la única, verdadera, profunda y genuina “alternativa a la desesperanza”.


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* Docente e Investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México

1. En nuestra opinión, es imposible entender a cabalidad el sentido profundo que tiene esta iniciativa de la Otra Campaña, si no lo ubicamos dentro de este contexto mundial de la crisis terminal del capitalismo. Pues si seguimos pensando todavía que el capitalismo vive una nueva y luminosa etapa, llamada “globalización” o “Imperio”, o “mundialización”, o “neoimperialismo”, etc., entonces resulta inexplicable el profundo impacto mundial que ha tenido el neozapatismo, y junto con él, los otros nuevos movimientos sociales latinoamericanos como el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, los Piqueteros Argentinos, o los Movimientos Indígenas de Bolivia y Ecuador, entre otros. Y con todo esto, la profunda apuesta y el hondo significado de esta original e inteligente iniciativa de la Otra Campaña. Sobre esta crisis terminal, cfr. Immanuel Wallerstein, Después del liberalismo, Ed. Siglo XXI, México, 1996 y La crisis estructural del capitalismo, Coedición Centro Immanuel Wallerstein-Ed. Contrahistorias, México, 2005, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, Para comprender el siglo XXI, Ed. El Viejo Topo, Barcelona, 2005.
2. Cfr. el ensayo de Immanuel Wallerstein titulado precisamente ‘La bomba de tiempo mexicana’, ensayo que se encuentra incluido como Apéndice en el libro de Carlos Antonio Aguirre Rojas, Immanuel Wallerstein: Crítica del Sistema-Mundo capitalista, Ed. Era, (2ª. Edición), México, 2004, pp. 350-354.
3. Decimos en términos más inmediatos, pues somos conscientes de que, por debajo y más allá de estos dos vectores, se encuentran también, presentes y actuantes de manera fundamental, otros procesos de más amplia temporalidad, como los que se refieren al contexto que en México se crea después de la gran revolución cultural de 1968 y de la masacre del 2 de octubre, o también a la situación que vive América Latina hace sólo tres o cuatro lustros, de una insurgencia generalizada de muchos de sus movimientos sociales populares, pero igualmente a varias realidades de larga duración de la historia de Chiapas y de México, entre otros. Sobre estas otras dimensiones y procesos, que no desarrollamos en este ensayo, cfr. nuestros textos, Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Chiapas, América Latina y el sistema-mundo capitalista” en la revista Chiapas num. 10, México, 2000, “Chiapas y la revolución mexicana de 1910-1921. Una perspectiva histórica”, incluido en el libro Para comprender el mundo actual, Ed. Centro Juan Marinelo, La Habana, 2003, y “Encrucijadas del neozapatismo mexicano. A diez años del 1 de enero de 1994”, en Contrahistorias, num. 2, marzo de 2004.
4. Como se explica claramente en el comunicado del Subcomandante Insurgente Marcos de febrero de 2005, titulado “Abajo a la izquierda”, y publicado en el diario La Jornada, del 2 de marzo de 2005. En nuestra opinión, se encuentra aquí, el primer enunciado global de lo que serán los contenidos generales, tanto de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, como de la Otra Campaña.
5. Las dos citas de este párrafo están incluidas en el texto del Subcomandante Insurgente Marcos, “Durito y una de miradas y herencias”, en la revista Rebeldía, num. 37, México, noviembre de 2005, pp. 2-3.
6. Esta cita importante proviene del texto antes citado de la “Sexta Declaración de la Selva Lacandona”, de la parte que fue publicada en el diario La Jornada, el día 1 de julio de 2005, pág. 19.
7. Este interesante punto de vista, que nos recuerda muchas de las lecciones del gran historiador Edward P. Thompson, y de su fundamental concepto de la ‘economía moral de la multitud’, puede verse, por ejemplo, en el texto “Resumen del EZLN” de la Reunión con Organizaciones y Movimientos Sociales, del 20 de agosto de 2005, en la revista Rebeldía, num. 34, antes citado, pp. 54-55. Sobre la obra de E. P. Thompson y su concepto de ‘economía moral de la multitud’, cfr. nuestro libro, Carlos Antonio Aguirre Rojas, Antimanual del mal historiador, (8ª edición), Ed. Contrahistorias, México, 2005.
8. Como lo señala muy claramente el Subcomandante Marcos, en su discurso “Resumen del EZLN” con Organizaciones Políticas de Izquierda, del 7 de agosto de 2005, en la revista Rebeldía, num. 34, ya citada, pp. 17-18.
9. La primera cita es del discurso del Subcomandante Marcos, “Resumen del EZLN” en la Reunión con Organizaciones Políticas de Izquierda, del 7 de agosto de 2005, ya citado, pp. 16-17, y la segunda cita es del discurso “En el Istmo de Tehuantepec (05/feb/06) en el sitio: www.ezln.org.mx.
 

 

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