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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, Nº V                                                                                                   Mayo - Agosto de 2006 

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América Latina: anomia jurídica y moral en la práctica económica

Por Paula Luque

La economía de la gran industria, basada en crecientes niveles de innovación tecnológica y competitividad, resplandeciente entre el incremento de la inequidad y la práctica de políticas sociales acríticas de inspiración neoliberal, hace de América Latina una Mujer violada, sedienta de valores éticos morales.

  La evolución del sistema socioeconómico se apoya en la transversalización de la moralidad y los valores éticos de la conciencia colectiva; su desarrollo se debe al despliegue de las fuerzas productivas como así también a la propagación de las instituciones destinadas a saciar las (neo) necesidades de consumo. Por lo tanto, se puede decir que este sistema social descansa sobre un proceso continuo de aprendizaje tecnológico y adaptación al mismo. Sin embargo, el potencial destinado a calmar la apetencia del mercado actúa en pro de la usura y el vacío ético.

  La evolución del sistema socioeconómico estriba sobre la moral y la ética de la conciencia colectiva del asalariado de manera disruptiva: la oprime, la desgarra y la corrompe; mientras que la moral profesional carga sobre los primeros como ente regulador con el que deben usar su predominio económico, la reprobación a toda concurrencia “desleal”, la explotación excesiva del consumidor, etc.

  En las últimas décadas, el crecimiento económico de los países de América Latina se ha visto cercado por un conjunto de restricciones, condiciones estructurales y decisiones gubernamentales que tuvieron como consecuencia la acentuación y esparcimiento de la inequidad social, reflejada claramente en la polarización del ingreso y dificultades que, partiendo de la economía práctica, afectan la calidad de vida colectiva, la estabilidad de las instituciones y la legitimación de la democracia. Pero ¿qué es lo que motivó el deterioro de todas las áreas y vías productivas de América Latina?

  La región es dependiente del flujo de capitales externos principalmente por los siguientes motivos: El dualismo sectorial y territorial de las economías latinoamericanas, el desempleo, el subempleo crónico de amplios sectores de la población económicamente activa; la elevada polarización del ingreso –que contribuye a segmentar las estructuras productivas-; la insuficiente consolidación de administraciones públicas eficaces; el uso de tecnologías deficientes, la inestabilidad de las cuentas externas dependientes de exportaciones de bienes con escasa elasticidad de ingreso en su demanda internacional y la crónica deficiencia de ahorro interno. ¿En qué se manifiestan estos problemas? En las patologías sociales: el pauperismo, las deficiencias constitutivas de la conciencia para sí del asalariado y las anémicas conexiones dinámicas entre los agentes sociopolíticos y productivos.

  El crecimiento de la pobreza en América Latina ha aumentado vertiginosamente durante un período de dominio de las estrategias económicas vinculadas al modelo neoliberal y durante el crecimiento excepcional de la inversión extranjera, a pesar de lo cual, en el Continente se siguen manteniendo políticas de contención salarial. Mientras tanto, las corporaciones transnacionales y sus oficiales en los gobiernos amenazan con la fuga de capitales.

  Es preciso que los gobiernos implementen una serie de reformas que motiven un ciclo de expansión que permita una mejora de todos estos aspectos, que se defina un nuevo funcionamiento estructural de la economía; reformas que se planteen un incremento de la participación civil en la toma de decisiones, es decir, de ejercer la democracia pura. ¿Acaso no es imperioso el cultivo sistemático de valores éticos para detener la erosionada cohesión social?

  Es factible lograr progresos mediante una mayor nivelación y armonización arancelaria, tomando medidas, por ejemplo, en los sistemas de regulación y supervisión financiera. Reformas profundas que lleven a mayores ritmos de crecimiento económico pueden elevar el ritmo de generación de empleo, especialmente si se corrige el atraso en las reformas del mercado laboral, lo cual significa reducir al mínimo los obstáculos que hicieron descender la relación capital-trabajo. Pero, en realidad, las reformas estructurales y las políticas económicas no son la principal causa de los actuales niveles de desigualdad social en América latina: esta desigualdad tiene raíces muy profundas que están asociadas a la gran mezquindad económica corporativa. ¿Cómo superarla? ¿qué perspectivas y soluciones lograrán la virtuosa equidad y desarrollo?

  Mayores niveles de educación, afectantes a todas las esferas sociales, equivalen a mayor igualdad de oportunidades; altos niveles de acumulación de capital significan competencia y usos productivos para la capacidad laboral. Fuentes más amplias sólidas de generación de ingresos para las generaciones presentes y futuras significan productividad laboral y mecanismos más amplios de protección de los trabajadores, mayores economías de escala y especialización y, por supuesto, mejores niveles de vida.

  Entonces, es preciso implementar distintas formas de crecimiento que permitan un mejor reparto de los beneficios teniendo en cuenta que la mala distribución del ingreso no es necesariamente un agregado del modelo organizacional de la actividad productiva, sino una circunstancia del mismo.

  Todos los actores sociales, en su lucha económica práctica y su expresión política, deberían bregar por la incorporación activa al sistema social vigente, no abolirlo, sino modificarlo para conseguir condiciones ventajosas en la venta de la fuerza de trabajo y, por supuesto, lograr el mejoramiento de las condiciones de vida. La participación activa en la toma de decisiones fortalecería los valores y saciaría la sed de ética y del compromiso solidario. Alcanzar la verdadera democracia laboral, fortalecer el compromiso hacia la organización y mantener la cohesión del grupo es comprometerse no sólo con los aspectos vitales del funcionamiento económico, sino también con los pilares de toda estructura social, tanto las relaciones cooperativas como el intercambio equitativo.

  El pensamiento económico tiene que ser transversalizado por la enseñanza ética, por valores socioculturales; hay que construir y nutrir el capital social a través de la práctica solidaria, la participación pública y la preocupación por lo que es colectivo.