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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, Nº V                                                                                                   Mayo - Agosto de 2006 

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Crónica de un almuerzo

El General, los escritores y los desaparecidos

Por Margarita Pierini

 

“La comida comenzó con budín de verduras, puntas de espárragos, salsa blanca y golf. Después y mientras tomábamos excelentes vinos servidos de botellas envueltas en su conveniente servilleta blanca, se pasó a los ravioles con una salsita de tomates. A los postres llegaron ensaladas de frutas con dulce de leche o crema, según los gustos. Finalizamos con café”. [1]

 

       Así detallaba Horacio Ratti, por entonces presidente de la SADE, el menú con que el Presidente de la Nación, Teniente General  Jorge Rafael Videla, agasajó en la Casa de Gobierno el 19 de mayo de 1976 a los cuatro escritores convocados “para conversar abierta, francamente de los problemas que atañen a la cultura en relación con la situación del país”, según anticipara el diario Clarín dos días antes del encuentro[2].  En el inicio de una etapa que marcaría, al decir de Videla  a sus comensales, “un nuevo rumbo del país”[3] este cónclave de representantes de la literatura nacional: -Jorge Luis Borges, Leonardo Castellani, Horacio Esteban Ratti y Ernesto Sábato- despertó gran interés en los medios, convenientemente aleccionados por la usina proveedora de información,  la SIP (Secretaría de Información Pública). 30 años después de aquel almuerzo, no está demás recordarlo.

 

El General se comunica con las Fuerzas Vivas

 Poco más de un mes ha transcurrido desde el golpe, con una vertiginosa sucesión de medidas dirigidas a extirpar de raíz los males severamente diagnosticados por las FFAA -demagogia complaciente, desorden, parálisis, corrupción generalizada, subversión de valores”[4]. Ha llegado el momento de comunicarse con la sociedad, para manifestarle la claridad y firmeza del Proyecto que habrá de sanearla. Para ello, en el transcurso del mes de mayo de 1976 se multiplican los encuentros con representantes destacados de diversas corporaciones, así como los discursos ante los directivos de medios de comunicación, que deberán hacer llegar ese mensaje a la ciudadanía.

Encabeza esta lista de encuentros, el domingo 9 de mayo, un almuerzo con los científicos,  al que son convocados Luis F. Leloir, René Favaloro, Julio Olivera, Roque Carranza y Alfredo Lanari [5]. Días más tarde Videla recibe a un grupo de  ex cancilleres.  El 17 de mayo es el turno de las nuevas autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina (Aramburu, Zaspe y el saliente Tortolo), que dos días antes habían difundido la Carta Pastoral anual cuyo espíritu de comprensión para con las dificultades de la  “nueva etapa” correspondía reconocer. Con lenguaje a veces ambiguo, otras veces amenazadoramente diáfano, el documento planteaba, entre otros conceptos: “La justificación histórica del proceso que vive nuestro país no sólo se fundamentará por el término que puso a una determinada situación de cosas, sino también por la implementación adecuada de su acción política en la prosecución del bien común de toda la Nación”.

Función del Estado, según la doctrina tradicional de la Iglesia, es velar por el “bien común”. En este sentido advierte el documento: “Sería fácil errar con buena voluntad contra el bien común si se pretendiera: [...] que los organismos de seguridad actuaran con la pureza química de tiempos de paz, mientras corre sangre cada día; o que se arreglaran desórdenes, cuya profundidad todos conocemos, sin aceptar los cortes drásticos que la solución exige; o no aceptar el sacrificio, en aras del bien común, de aquella cuota de libertad que la coyuntura pide; o que se buscara con pretendidas razones evangélicas implantar soluciones marxistas”.

El afán por difundir y esclarecer que anima a las nuevas autoridades  se expresa también en la convocatoria a los representantes de 173 medios de comunicación de todo el país [6] y pocos días después, en el discurso a los participantes en el Congreso Internacional de Publicidad, donde el Presidente “explicó los motivos por los cuales las FFAA debieron asumir el gobierno”[7].

Para complementar estos discursos clarificadores, que tal vez no sean plenamente comprendidos por todos los medios (algunos diarios, como El Independiente  de La Rioja, se empeñan en mantenerse fieles a su nombre, por lo cual serán objeto de periódicas clausuras) la Secretaría de Prensa y Difusión hace saber que a partir del 22 de abril “queda prohibido informar, comentar o hacer referencia a temas relativos a hechos subversivos, aparición de cadáveres y muertes de elementos subversivos y/o de integrantes de las Fuerzas Armadas o de seguridad por estos hechos, a menos que sea informado por fuente oficial responsable. Incluye a secuestrados o  desaparecidos”[8]. Los periodistas extranjeros que no acaten de inmediato esta norma serán expulsados, como puede comprobar el suizo Luc Banheret  muy pocos días después,  el 28 de abril [9].

   Entre la serie de conversaciones con “personas representativas o especialistas de cada sector” [10] el encuentro con los escritores tiene una relevancia especial, y así es presentado en las noticias previas y en los comentarios de días sucesivos en diarios, revistas, radio y TV. Tal vez por el lugar simbólico que la Cultura (con mayúsculas) ocupa en este proceso de orden y regreso a los valores que propone el régimen, coincidiendo con Borges en que “se supone que el escritor tiene el hábito del pensamiento, de las funciones del espíritu y de la moral”[11]. Para recordar el contexto de este diálogo del espíritu, en un momento en que hay quienes aprecian que “el sistema es democrático, pero democrático con la atención y firmeza que el país reclama con urgencia”[12] resulta oportuno recorrer la prensa de esos días.

 

Algunos festejan

         El  28 de marzo The New York Times  publica  en  primera plana  una nota de Jonathan Kandell -”At an Argentine party after the coup”- que la revista Cuestionario  reproduce en su  número de abril de 1976,  bajo el título La fiesta inolvidable. El periodista relata una cena en un elegante piso de la Av. Libertador,  donde tuvo oportunidad de comprobar la alegre expectativa con que los comensales celebraban los recientes acontecimientos. Entre otros comentarios, reproduce el de la esposa de un fabricante de maquinaria agrícola: “Mi esposo  está tan contento con el golpe que por primera vez va a pagar los impuestos”.

“Exacto”, corrobora el cónyuge.-“Todos mis amigos dicen lo mismo. Realmente queremos que el gobierno tenga éxito. Si estos militares son tan serios como parece, nosotros vamos a serlo también”.

Como signo de esta seriedad, se ponen en práctica una serie de medidas que van a atacar de raíz la demagogia reinante y a sanear una economía  enferma, como es sabido, por los gravísimos males del estatismo y el populismo.

El 2 de abril, el discurso del ministro de Economía, Martínez de Hoz, anuncia la  liberación de precios, reformas al sistema tributario, nueva Ley de Inversiones Extranjeras (más favorable a esas inversiones), privatización de las empresas “oportunamente socorridas por el Estado” y despidos masivos.

En sintonía con esta política, el día 12, por una resolución del Banco Central, se dispone que  las empresas que otorguen aumentos salariales no sólo no  podrán trasladarlos a los precios sino que se verán  privadas del crédito en bancos y entidades financieras y  será inmediatamente exigible el reembolso de los ya otorgados.

Según informes del INDEC, el costo de vida aumenta un 38% en marzo; durante el primer cuatrimestre del año los precios mayoristas suben 198%.

En el ámbito de la Educación,  el 1° de abril la Junta modifica la Ley Universitaria  (vigente desde 1974). La enseñanza universitaria pasa a depender del Ministerio; se excluye a los alumnos del gobierno de la Universidad.

Pocos días después, el 6 de abril, asume como secretario de Ciencia en el Ministerio de  Educación el Dr. Sol Libertario Rabasa; quedan cesantes 90 funcionarios de la Secretaría de Ciencia y Técnica.

 

“Y acontecieron cosas que parecen soñadas”

Cualquier lector atento a los diarios de esos días podría haber hecho suyas las palabras de Echeverría en “El Matadero”, de haber tenido el ánimo dispuesto para las citas literarias.  Algunos de esos sueños/pesadillas:

1. Asiáticos en las riberas del  Plata. El martes 11/5  La Nación  informa en la p.3 que, según noticias de Montevideo, en sus costas “apareció un nuevo cadáver” con lo cual ya suman 6 en pocas semanas. En los 5 casos anteriores, voceros cercanos a las autoridades uruguayas dijeron que “podría tratarse de ciudadanos de un país asiático, por los rasgos fisonómicos y la pigmentación”. Los cuerpos sin ropa estaban “atados de pies y manos y con señales de torturas y mutilaciones”.   Esos  cinco cuerpos llevaban por lo menos 20 días en el agua, lo cual puede explicar esta curiosa hipótesis étnica; en el último caso, que según dictamen del forense sólo tenía 2 días de muerto, ya no se registran  rasgos asiáticos; al menos, no consta en la información oficial.

2. Misterios: Comenta el  Buenos Aires Herald: “Continúa el misterio sobre la forma en que fue detenida mucha gente desde el 24 de marzo y sobre cómo fueron llevados muchos a bordo de los buques-cárceles”. [13]

3. Cese de funciones. Continuando con la depuración de la burocracia estatal, tan gravosa para la economía que se quiere hacer florecer, “dióse de baja a dos empleadas subversivas del rectorado de la Universidad de Rosario”.  Una de ellas había muerto en el ataque a Monte Chingolo  ocho meses antes; la otra estaba presa,  según informa LN (11/5)

4. Compinches.  El diario Clarín  reproduce el 18/3 la siguiente noticia: “Seis extremistas resultaron muertos en Córdoba cuando un grupo de compinches intentó rescatarlos en circunstancias en que eran trasladados en un móvil oficial según se informó oficialmente”.  En los días posteriores se agregan detalles. La Nación transmite un comunicado del Comando del Tercer Cuerpo del Ejército (Córdoba) sobre la muerte de 6 “detenidos por actividades extremistas durante un enfrentamiento ocurrido cuando eran trasladados”. Tres coches, francotiradores con  armas largas  tratan de hacer escapar a los detenidos; mueren los seis.  Entre las fuerzas policiales, pese a que "enfrentaron el sorpresivo ataque en inferioridad numérica sólo resulta con heridas en el brazo el agente de policía Sixto Contreras”. Las FFAA también tendrán que lamentar  “serios daños en las carrocerías de sus automóviles” como resultado de los  disparos. No hay detalles sobre la muerte de los  seis “prófugos”, que  estaban detenidos desde antes del Golpe.

 

Prolegómenos de un almuerzo esperado

Desde la víspera, Sábato, convertido en vocero de sí mismo, informa a Clarín sobre el acontecimiento que tendrá como protagonistas a las dos grandes figuras de la literatura nacional: Borges y él (o él y Borges, lo mismo da), además del Presidente de la SADE, Horacio E. Ratti. Ante la información que le brindan los periodistas sobre la presencia de otros invitados, lo niega enfáticamente[14].

Sin embargo, desde un ámbito que no podemos precisar ¾¿tal vez con el propósito de mantener los buenos vínculos con la Iglesia?¾ se promueve también la invitación al Padre Castellani, un escritor poco convencional y de difícil filiación, pero asociado habitualmente con el nacionalismo católico.

Testimonios posteriores aportan información sobre lo que ocurría horas antes del esperado almuerzo. La Comisión Directiva de la SADE -que había ganado las elecciones internas gracias a sus aliados del PC- presiona a su presidente para que entregue, en la carpeta con múltiples pedidos gremiales, una lista con los escritores desaparecidos o presos: Haroldo Conti, Alberto Costa, Roberto Santoro, Antonio Di Benedetto, entre otros. A pesar de la resistencia de Ratti a encargarse de misión tan poco “diplomática” y desagradable para él,  como es la de “tener que abogar por esos comunistas” -relata Carlos Patiño[15]- la CD se mantiene firme y Ratti debe acatar la decisión.

Unos días antes, el P. Castellani había recibido la visita de “una persona que, con lágrimas en los ojos, sumida en la desesperación, [le] había suplicado que intercediera por la vida del escritor Haroldo Conti”[16], secuestrado en su casa el 4 de mayo.

 

Almorzando con el presidente

Antes de ingresar a la reunión, los cuatro escritores se prestan a las preguntas de la prensa acerca de sus expectativas sobre el encuentro. Borges dice: “Yo simplemente contestaré lo que me pregunten. Soy tímido y ante tanta gente importante, seguramente me sentiré abochornado”. Pero, por lo que trascendió finalizado el almuerzo, el autor de El Aleph "discurrió largo y tendido sobre sus cuatro meses recientemente pasados en Estados Unidos". Días antes, al regresar de su viaje, había  recordado ante los periodistas ”la felicidad con que en California escuché de Caillet-Bois la noticia de que ahora estábamos gobernados por caballeros, como son los militares, y no por el hampa”. Felicidad desbordante, a juzgar por la efusión: “Cuando Caillet-Bois me informó sobre el golpe, nos abrazamos y lloramos” [17].

No es ésta la primera vez que el escritor visita la Casa de Gobierno. Como recuerda para La Opinión, sus anteriores anfitriones fueron  los presidentes Lonardi y Aramburu.

Por su parte, el P. Castellani dirá al ingresar a la  reunión: “Para mí es un honor entrevistar al presidente ya que ahora mucha gente nos tiene más respeto que antes”.

Sobre lo conversado en el almuerzo entre los seis comensales -los escritores, Videla y el secretario de la Presidencia,  Villarreal- las versiones ofrecen diversos matices, pero no cambian en lo esencial. Todos coinciden en que Videla habló poco y en que Sábato estuvo elocuente.

Sobre el contenido de los diálogos, éste ultimo se explayó al salir de la Casa de Gobierno, en una improvisada conferencia de prensa en la explanada del Banco Nación: “Hubo un altísimo grado de comprensión y respeto mutuo. En ningún momento el diálogo descendió a la polémica literaria o ideológica.” Después, continúa La Nación, Sábato reflexionó: “Tampoco incurrimos en el pecado de caer en la banalidad.  Cada uno de nosotros vertió, sin vacilaciones, su concepción personal de los temas abordados”[18].

Planeando en esas alturas del espíritu ("con el Presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación”, afirma Sábato)  tal vez  no hayan resultado tan discordantes los pedidos que se sucedieron a lo largo de la reunión: “la transformación de la SADE en un ente recaudador, el pedido de facilidades para viajar a precios reducidos en los pasajes, como sucede con los periodistas” , la designación de agregados culturales en las embajadas del exterior, el nombramiento de asesores culturales en radio y TV , etc.

Siguiendo con este espíritu cultural, se conversó también sobre la necesidad de elaborar un “Proyecto de ley del idioma, estableciendo normas precisas que velen por la pureza  del idioma, prohíban el uso de vocablos foráneos en documentos oficiales, en la enseñanza y en los medios de difusión”[19]. Esta purificación de los vocablos -que parece constituir una de las más graves preocupaciones de los regímenes militares, como atestigua el anecdotario de la cultura argentina- se asocia durante la conversación con un tema vigente al que es difícil escapar, a pesar de toda la voluntad de no “descender” a banalidades: “Se tocó el problema de la censura” -refiere Ratti- "y en general se planteó la conveniencia de tener que orientar al público para no tener que recurrir a la censura, para que quien es capaz se haga la censura él mismo” [20].

Dado el declarado propósito de “no descender” a la polémica, es posible inferir que no hubo preguntas sobre el destino previsto para  “los que no eran capaces”.

 

Purificados por la guerra

La revista Crisis, para el que sería el penúltimo número antes de su cierre (julio de 1976) buscó entrevistar a los cuatro escritores para que dieran su visión del encuentro. Borges se excusó “por falta de tiempo”. Sábato, por su parte, respondió sin vueltas a la requisitoria telefónica: “Yo no hago declaraciones para la revista crisis”.  La nota publicada en el número 39 (“ecos del encuentro del Presidente de la nación con los escritores”) reproduce las entrevistas a Ratti y Castellani. En el diálogo con éste último aparece un pasaje significativo de las conversaciones de aquel día:

“Fíjese qué curioso -le dice  al periodista- Borges y Sábato, en un momento de la reunión, dijeron que el país nunca había sido purificado por ninguna guerra internacional. Ellos más tarde lo negaron, así como aseguraron decir cosas que, en realidad, no dijeron. Pero hablaron de la purificación por la guerra. Lo interesante es que el presidente Videla, que es un general, un profesional de la guerra, los interrumpió para manifestar su desacuerdo. [...] A mí también eso me cayó como un balde de agua fría, por lo tremendo que eso significa. Además, por lo incorrecto: se olvidan de que la Argentina atravesó varias guerras internacionales, como la de independencia, la del bloqueo anglo-francés, la del Paraguay, y más bien que de esas contiendas no salió purificada”.

El pedido

En algún momento del almuerzo, Castellani, como se  había comprometido a hacer, entregó un papel con el nombre de Haroldo Conti a Videla;  según relata después a Crisis, éste “lo recogió respetuosamente y aseguró que la paz iba a volver muy pronto al país”. Asimismo, Ratti le presentó una  lista de escritores -”creo que eran dieciséis nombres, que estaban pasando por una circunstancia muy lamentable, como es el caso de Haroldo Conti y Eduardo [sic, por Alberto] Costa,  de los que nada se sabe hasta la fecha”[21].

Los otros dos invitados no harán mención a  este episodio del almuerzo.

En la entrevista con Crisis, Ratti se muestra confiado por el resultado de su solicitud.  Del “general con civismo” -como  califica a Videla al salir de la reunión- espera la pronta resolución de los problemas planteados. Como muestra de la celeridad y eficacia castrenses,  uno de los casos expuestos, refiere -una demorada  pensión para una nieta de Groussac- se ha resuelto en pocos días. “Este ejemplo -dice Ratti- demuestra que los papeles que le dejamos a Videla no han ido al canasto...”

Castellani es más cauto: “Para mí [el almuerzo] fue un hecho agradable, pero no muy trascendente. A menos que los hechos posteriores demuestren lo contrario, por ejemplo, que aparezca el escritor Haroldo Conti.” [22]

 

Sobremesa con dolor de estómago

Concluido el almuerzo, Borges se escabulló hábilmente del cerco periodístico, retirándose en automóvil, pero antes “ofreció su residencia para mantener en ella un coloquio de los 4 escritores que participaron de la reunión” (LN 20/5).  Sin embargo, relata Castellani, al llegar allí  “nos llevamos una sorpresa. Una persona que nos abrió la puerta dijo que Borges no nos podía atender porque estaba en cama con fuertes dolores de estómago. En fin, son cosas que pasan”, es la irónica conclusión[23].

         Sin embargo, Borges parece haberse recuperado lo suficiente como para  recibir a los periodistas de La Opinión, de acuerdo con la nota  firmada por Martín Muller (“Un purgatorio para Borges y la prensa”, LO 20/5). “Con máxima cortesía y serena obstinación, el dueño de casa invitaba a sus tenaces visitantes a conversar de cualquier tema, menos del que interesaba a sus interrogadores”.

Finalmente, accedió a resumir la reunión en pocas palabras: “Fue una conversación agradable. Yo hablé muy poco. Le agradecí al Presidente por la salvación de la patria. El escuchó todo con mucha cortesía y mucha atención”.

 

Según pasan los años o Cómo reescribir (algunas) historias

En junio de 2004, El País saluda con una nota a toda página la publicación de “España en los diarios de mi vejez” del ilustre Premio Cervantes de Literatura de 1984.  En la  reseña del “besamanos interminable” con que Sábato es agasajado en su casa en su 93° cumpleaños, junto a “su compañera inseparable desde hace 25 años, Elvira González Fraga, Elvirita” (hermana de Javier el economista) se hace referencia, sin dar detalles, a sus  polémicas con “políticos de diverso signo”. Se recuerda (¿) también  “un almuerzo en la Casa de Gobierno con el dictador Jorge Rafael Videla, durante el régimen militar, al que asistieron Sábato y Borges, entre otras personalidades, quienes le expresaron su inquietud por la situación de los desaparecidos” (El País, 26 de junio de 2004, p. 26).

Diría Castellani: Son cosas que pasan....

Memoria de 30 años

Entre los actos celebrados para conmemorar el 24 de marzo de 1976,  el Ministerio de Educación organizó este año la proyección de un documental realizado por Aliverti, Lejman y Enrique Vázquez.  Sábato no quiso quedar al margen;  el ministro Filmus, según informa La Nación, “contó que el mismo escritor había solicitado participar en el acto"[24].

En su mensaje a los jóvenes adoctrina: “Quiero que sepan, chicos, que el dolor es también un patrimonio de los pueblos. El dolor es un valioso y sagrado patrimonio al que sólo cabe serle fiel. No olviden que es la simiente con la que habremos de ir labrando la historia: nos corresponde fecundar ese dolor”.

30 años después, a pesar de los reacomodos, de los oportunos arrepentimientos, de la mediación de comunicadores oficiosos que reescriben la historia, es la propia palabra la que se convierte en testimonio de la fidelidad a un  pensamiento según el cual la guerra purifica y el dolor fecunda.

Verdad, justicia, reparación, parecen seguir siendo conceptos ajenos a este universo semántico.

El 4 de mayo se cumplieron 30 años del secuestro y la desaparición del escritor Haroldo Conti.

30 años después, los que supieron festejar en su momento y callarse después reciben  homenajes oficiales en el Congreso de la Lengua, aleccionan a los jóvenes en el Ministerio de Educación y sus imágenes se multiplican en los carteles de la Feria del Libro —¿paradójicamente?— en este año de la Memoria.

Siempre es posible seguir repitiendo: Y, son cosas que pasan…

 


[1] La Opinión, 20/5/76.

[2] Cl 17/5, p. 6. Para las fuentes consultadas se utilizan las siguientes siglas: La Nación (LN), La Opinión (LO), Clarín (Cl), revista Cuestionario (Cu), revista Crisis (Cr).

[3] LO, 20/5.

[4] Del discurso de Videla  en el Congreso Internacional de Publicidad (Cl 20/5, p. 3).

[5] LN 10/5, p. 1.

[6] Cl 13/5, p. 2.

[7] Cl 20/5, p. 2.

[8] Cu n. 37, mayo 1976.

[9] Cu n. 37.

[10] LN 20/5.

[11] LO, 20/5.

[12] Declaraciones de H. Ratti, LN, 20/5.

[13] Cu 16/5.

[14] Cl.17/5.

[15] C. Patiño, “Recordando a Hamlet Lima Quintana”, en el murocultural.com, 2001.

[16] Cr,  n. 39,  julio 1976.

[17] LN 13-5, p.7.

[18] LN, 20/5.

[19] Cl 20/5.

[20] Cr n. 39.

[21] Cr n. 39.

[22] Cr n. 39.

[23] Cr n. 39, p. 4.

[24] LN 24/3/06.