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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, Nº V                                                                                                   Mayo - Agosto de 2006 

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Charla – Debate

La larga lucha de los pueblos de Bolivia

Un final abierto que nos importa

por Sergio Barrera (Integrante de la Asamblea Popular de Liniers)

 

El domingo 25 de junio último, en medio del frenesí mundialista, la Asamblea Popular de Liniers y la Asamblea 20 de Diciembre de Parque Avellaneda (La Alameda), realizaron una charla debate con el antropólogo Pablo Regalsky.

 

Regalsky es coordinador de la Maestría en Territorio e Interculturalidad del Centro de Estudios Superiores Universitarios de la Universidad Mayor San Simón, de Cochabamba. Además, es Director del Centro de comunicación y Desarrollo Andino (CENDA); docente universitario; redactor del periódico bilingüe quechua castellano Conosur Nawpaqman.

Y por si fuera poco, Regalsky  es asesor de la CSUTCB (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), de la Federación Única de Trabajadores Campesinos de Cochabamba, del Movimiento Sin Tierra-Bolivia y miembro de la Coordinadora del Agua.

Para la asamblea de Liniers era muy importante realizar esta actividad en La Alameda, ya que esa asamblea fué un baluarte de la lucha y la denuncia de los talleres textiles clandestinos que existen en la Ciudad de Buenos Aires. Como es de público conocimiento, estos talleres ocupan mayoritariamente a inmigrantes bolivianos y La Alameda está integrada por muchos  asambleístas de esa nacionalidad.

Regalsky, empieza por explicarnos la importancia que tiene en Bolivia, para su pueblo, el tema de la tierra y la territorialidad. No se puede entender el actual proceso boliviano, dice Regalsky, sin entender la defensa que hacen del territorio, de la tierra y por extensión, de lo que hay debajo de ella, sus recursos naturales, el agua, el gas y el petróleo.

Durante décadas convivieron en Bolivia “dos Estados”: el Estado capitalista colonial, profundamente racista, y un “Estado de hecho” de las organizaciones campesinas, con gobiernos autónomos y representantes que no eran equiparables a los representantes elegidos por el régimen político (diputados, gobernadores, etc.). Estos siempre fueron el verdadero gobierno en los territorios, y esto fue y es así desde hace siglos.

Durante casi toda la segunda mitad del siglo XX, el peso de la producción minera, le daba un protagonismo casi excluyente a los mineros nucleados en la COB (Confederación Obrera Boliviana) como sujeto de los principales procesos revolucionarios que en Bolivia fueron permanentes.

La ola neoliberal de los ´90 destruye la producción minera y expulsa al interior del país, al campo, a cientos de miles de trabajadores con una rica experiencia sindical y política. Esto, junto con una ruptura que se da en los ´80 entre el campesinado, que por años había sido aliado de las cúpulas militares y los partidos tradicionales bolivianos, provoca que surja un nuevo “sujeto”  que retoma las luchas contra el neoliberalismo.

La resistencia se da porque en su avance arrollador, las nuevas políticas económicas capitalistas deciden avanzar por sobre  ese “otro estado”  privatizando el agua, el gas y los recursos naturales en general. Esto se combina también con  la resistencia a la política de los Estados Unidos de erradicación del cultivo de coca.

Así es que toman protagonismo las organizaciones sociales, con sus bloqueos, sus autonomías territoriales y un programa sencillo: nacionalización de los recursos naturales, para recuperar el agua y los hidrocarburos,  y Asamblea Constituyente, para cambiar el régimen político racista que excluye a la mayoría de los bolivianos.

Evo Morales y el MAS (Movimiento Al Socialismo), son algunos emergentes de este proceso de surgimiento de nuevas organizaciones para la lucha.

Claramente hay un enfrentamiento con lo más reaccionario y conservador de los terratenientes y los empresarios ligados a las grandes empresas  extranjeras (concentrados en las regiones más ricas como Santa Cruz y Tarija) y los movimientos sociales, que pujan por controlar la riqueza del suelo boliviano, única fuente de recursos para sacar al país de la pobreza y la miseria extrema.

Regalsky explicó que, como en todo proceso, entre las clases subalternas bolivianas existen también tensiones entre sectores oportunistas y conciliadores y los que quieren sin prisa pero también sin pausa avanzar por un verdadero cambio social.

Por ejemplo, el antropólogo refirió que para las elecciones a la Asamblea Constituyente, existía una total apatía e indeferencia de las masas, porque no se había conseguido que se aceptara la presentación de candidatos de los movimientos sociales (verdaderos artífices de la actual coyuntura política) y sólo se permitió a los partidos aceptados por el régimen a presentar listas para las  constituyentes. Esta era una exigencia de los representantes de la gran burguesía boliviana.

Pero como se sabe, la historia se escribe en los hechos y en el movimiento real. No es como uno quiere sino como uno puede avanzar, con marchas y contramarchas. Lo importante es la dinámica, hacia dónde va el proceso.

Y para Regalsky, la situación da innumerables elementos para ser optimistas. La nacionalización de los hidrocarburos y la distribución de tierras improductivas en algunas regiones son muestras de ello.

Esto, agregó Regalsky, siempre que los movimientos sociales mantengan la total independencia y autonomía del gobierno y que cuando apoyen las medidas que consideren correctas, es decir que fortalezcan el proceso general, lo hagan  críticamente; sin delegar en nadie la facultad de decidir sobre los problemas fundamentales del país, confiando sólo en su organización y lucha. Para el antropólogo, esta es la mejor manera de ayudar al gobierno que lleve adelante las medidas que el pueblo reclama.

La defensa de la territorialidad y de sus gobiernos autónomos, por sobre la tendencia de querer enchalecar a los movimientos sociales en la lógica de los mecanismos del régimen democrático, con sus leyes electorales, mandatos inamovibles por cuatro años y condicionamientos legales tramposos, será una de las claves del futuro.

El final, por suerte, está abierto y como termine esta historia nos debe importar.Y mucho.