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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, Nº V                                                                                                   Mayo - Agosto de 2006 

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La Marcha Histórica: Renovada Expresión de Lucha por la Tierra

 

Por Daniel Ozuna  (Facultad de Filosofía y Letras, UBA)

 
“Afirmar nuestra conciencia étnica no implica desconocer la conciencia de clase. Creemos que las dos son necesarias. La primera nos hará progresar en cuanto pueblo históricamente diferenciado, y la segunda nos permitirá identificar y combatir a nuestros enemigos internos, como los caciques y otros explotadores, a la vez que nos da un punto de unión con el resto de los explotados del país y del mundo”.

  Declaración de Temoya,  México,  4 de julio de 1974.

        La marcha de comunidades indígenas hacia Resistencia, provincia de Chaco, una movilización que de momento suspende los cortes de rutas en la provincia, concentrará todo el esfuerzo en lograr que miles de aborígenes lleguen a la capital para instalarse frente a la Casa de Gobierno. Esta “Marcha Histórica”, según los propios protagonistas, presenta la centralidad del problema de la tierra como aglutinador de las diversas identidades políticas.

        Si bien se trata  de un problema de larga data, a lo largo del siglo XX las comunidades aborígenes de la región chaqueña sufrieron la expansión del mercado capitalista, el desarrollo de colonias y estancias, de la frontera sojera y agroganadera. Este nuevo contexto, no solo significó la usurpación de las tierras sino el reclutamiento de mano de obra barata y semiesclava; el río y el monte que eran espacios de convergencia se transformaron en demarcadores geográficos de fronteras políticas.

         El problema de los pueblos originarios y el problema de la tierra aparecen emparentados porque el problema de la tierra es la esencia del problema aborigen;  por eso Mariátegui señalaba que "el problema del indio es, en ultimo análisis, el problema de la tierra". La tierra fue y será el principal reclamo de las diferentes etnias de los pueblos aborígenes. La tierra entendida como entidad colectiva, propiedad cultural, desprendida de la lógica individual y económica.

       Pero a la vez este reclamo por la tierra da muestra de una “unidad en la diversidad” que no se realiza sólo entre indígenas, sino también con campesinos y con distintos sectores populares (desocupados, mujeres, docentes, estudiantes, ecologistas, etc.). 

        Desde esa realidad es importante destacar que en las últimas décadas la resistencia indígena, fragmentaria y dividida por siglos, y, por tanto, fácilmente derrotada, empieza a presentar rasgos unitarios en el ámbito nacional, continental e intercontinental, lo que fortalece su carácter de sujeto y de componente de una contrahegemonía.

        Otra observación a subrayar es que, en tiempos de globalización neoliberal, algunas organizaciones indígenas se fueron afirmando como sujetos antagónicos respecto a sus aspectos políticos, económicos, culturales y ecológicos, se afirman, por tanto, como fuentes de inspiración en la búsqueda de un modelo alternativo de civilización. Este resurgimiento de lo étnico es un proceso que trasciende a los pueblos indígenas, ya que la lucha por el reconocimiento sé esta convirtiendo en una forma paradigmática de muchos conflictos políticos.

         Frente a la negación de los indígenas derivada del principio de exclusión seguido por los forjadores del Estado Nación, las organizaciones indígenas afirman su identidad en abierta oposición a la sociedad liberal. En este largo proceso —no terminado aún— de afirmación, los espacios para la negociación con otros movimientos sociales y políticos se van fortaleciendo desde hace unos años. Sin embargo debemos tener en cuenta que sin duda problemáticas viejas como la de los pueblos originarios, en general, no habían estado incorporadas hasta ahora ni la filosofía ni a la praxis política liberadora en América Latina. La agenda de una izquierda muy  prejuiciosa  no supo capitalizar las viejas resistencias originarias; el actor indígena no entraba en las categorías  deterministas de un marxismo más cerca del positivismo  que de la dialéctica histórica, salvo honrosa excepción, el ya citado  J. C. Mariátegui.

         Aunque por unos días  se detienen los cortes de rutas , los grupos que están movilizados se declararon en "estado de alerta" durante el fin de semana. Por eso, no se descarta que pueda haber algún piquete resuelto espontáneamente por algún sector, ya que hay asambleas en diferentes puntos del territorio provincial, y un debate permanente sobre el conflicto con el gobierno. Un dirigente toba señaló que la idea es concentrar en Resistencia "a miles de indígenas, para que se vea que los reclamos que hacemos son de los pueblos, no de algunas personas de manera individual", a la vez que reconoció que la situación de las familias que acampan desde hace semanas en las rutas y ahora participan de la marcha "es difícil, pero hay ayuda solidaria de la sociedad, al punto de que muchas veces los colectivos que están en las rutas entregan alimentos para los chicos".

         Tras la Marcha Histórica, y luego de  un acampe de más de dos semanas en la Plaza San Martín de Resistencia, el petitorio presentado al gobierno provincial, entre otros puntos, establece las demandas proclamadas por los dirigentes de las comunidades indígenas, que son:

  •      La renuncia del Intendente Municipal de Villa Río Bermejito, Lorenzo Heffner, debido a los actos y actitudes de discriminación racial en forma reiterada para con los indígenas de la zona; sumado a ello la no correcta distribución de la ayuda que fuera enviada por el Gobierno Nacional y organizaciones humanitarias, para atender a los damnificados por las crecientes de los ríos Teuco y Bermejito.

  •      La restitución y titulación de los territorios indígenas, y que particularmente se solucione la problemática de las tierras del Impenetrable, y se efectúe inmediatamente la mensura  y posterior entrega de la Reserva reconocida por los Decretos No. 480/91 y 1736/96, cuya superficie es de 320.000 hectáreas como asimismo de su ampliación para los Pueblos indígenas Tobas, Mocoví y Wichi, y donde se transgrede  los derechos consagrados por los Artículos 37 y 42 de la Constitución Provincial. En este sentido también, que se regularice el actual desmanejo de las tierras fiscales en la provincia del Chaco, debido a el audaz y descontrolado comportamiento de los funcionarios del Instituto de Colonización  que  vulneran reiteradamente el contenido de la Ley 4180/95 que crea el Organismo Adjudicador de la Tierra Pública previsto por el Artículo 42 de la Constitución Provincial, es por esto que se solicita se aparte  de forma inmediata a los directivos del organismo, posibilitando así la creación de una Comisión Investigadora sobre las adjudicaciones de tierras fiscales realizadas desde 1996 a la fecha.

 

  •      La inmediata relocalizaciòn de los criollos ocupantes de las 150.000 hectáreas del Teuco Bermejito, reconocidas como dominio del Pueblo Toba, y establecida por la legislación provincial. En este sentido se reclama la necesidad de acelerar el traslado de los ocupantes criollos en la zona del Teuco Bermejito y posibilitar el cese de la tensión permanente en la zona, la cual lleva más de 5 años, produciendo como única alternativa el enfrentamiento entre hermanos chaqueños, sin ningún sentido (*)

         Algunos testimonios recogidos durante la marcha dan cuenta que “hay un desmonte exagerado, nos quitan el alimento natural, las yerbas, las medicinas, los animales. Nosotros somos parte del ambiente”. Valentín tiene 46 años, 5 hijos, y es trabajador social en comunidades aborígenes de su provincia. En el departamento en el que vive hay más de 20 mil wichí, además de los que habitan en otras provincias y en Bolivia. Las fronteras de los países fueron trazadas sin tener en cuenta los pueblos preexistentes, por eso quedaron divididos.

         La ley, en teoría, está del lado de los Pueblos Originarios. En el artículo 75, inciso 17, la Constitución Nacional reconoce la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas, a la vez que impide enajenarlas, transmitirlas, gravarlas o embargarlas, pero esto “no tiene aplicabilidad, porque lo que ocurre es que no nos toman como partícipes de los procesos en los que deberíamos estar inmersos”, advirtió uno de sus dirigentes. Por ejemplo, cuando les dan un pequeño territorio a cientos de familias impidiendo que desarrollen las actividades propias de su cultura. Con el título provisorio que poseen, “hoy nosotros estamos en esas tierras y mañana se las pueden dar a otros”. En torno de eso manifestó que en el Registro de Propiedad Nacional “muchas propiedades indígenas figuran como tierras fiscales”.

        Frente a la invisibilidad del elemento indígena derivada del principio de exclusión seguido por los forjadores del Estado Nación, las organizaciones etnopolíticas afirman su identidad en abierta oposición a la sociedad liberal. En este largo proceso —no terminado aún— de afirmación, los espacios para la negociación con otros movimientos sociales y políticos se van fortaleciendo desde hace unos años.

  La praxis política de estos actores también da cuenta de la articulación entre etnia y clase. Las demandas originarias con aristas nacionales, nos referimos a la lucha por la regularización dominial de las tierras y a los reclamos por mejoras en las condiciones de existencia, los ubica en una perspectiva de clase junto a los demás grupos subalternos de la sociedad y “abre un rico espacio de nuevas contradicciones con el estado” (Díaz Polanco,1991:117). En los movimientos indígenas rurales, la lucha por la defensa de la tierra se presenta preponderantemente étnica, en cambio, en las luchas urbanas por el salario y mejores condiciones de vida lo fundamental es el interés de clase. A pesar de estas diferencias, históricamente, los grupos populares en América Latina lucharon juntos contra sus enemigos comunes, tanto por razones étnicas como de clase, aunque más por intereses comunes de clase explotada. Los conflictos étnicos eran al mismo tiempo expresión de fenómenos clasistas y adquirían una realidad propia, relativamente autónoma, que influía sobre la dinámica de la lucha de clases.

Con la expropiación de las tierras y la venta forzosa de la fuerza de trabajo, la cuestión de clase se combinó de manera entonces evidente con el problema étnico de las grupos indígenas. Algunos se hicieron pequeños agricultores, muchos jornaleros, unos pocos obreros urbanos y la gran mayoría se encuentra desocupada . No sólo comenzaron a enfrentar a la clase dominante como opresora de sus etnias sino también a la burguesía como clase explotadora. La sociedad indígena se enfrentó como un todo al sistema y al Estado burgués. En síntesis, la relación etnia-clase fue adquiriendo nuevas formas a medida que evolucionaba el propio sistema de dominación capitalista.

La experiencia política de las comunidades del Gran Chaco no va a culminar en la Marcha Histórica en un campamento frente a la Casa de Gobierno o en un petitorio de ocho puntos, es un proceso en marcha, un proceso que a su vez es contradictorio, se presenta como devenir y no como cosa acabada, se encuentra en permanente constitución, pasando por diversas etapas en su existencia; puede ser una expresión de las nuevas relaciones de fuerza entre el poder estructurado y las organizaciones sociales, como también una nueva  forma de lucha de clases, frente al continuo reacomodo de los sectores dominantes.

Estos modos de movilización que en toda Latinoamérica resisten los proyectos neoliberales, gestan movimientos que en su repertorio articulan viejas y nuevas problemáticas. Con nuevas formas organizativas y estratégicas de lucha construyen, desde la  diversidad y la pluralidad, alternativas de transformación social. El aporte del Pueblo Q’om a este proceso  da muestra  de marcados enfrentamientos coloniales y postcoloniales hasta entrado el siglo XX  (Napalpí, Zapallar, Pampa del Indio), la usurpación de las tierras y la explotación de recursos y mano de obra fueron los disparadores de diferentes movilizaciones. Arrinconados y fuera de sus propios territorios, mano de obra barata de hacendados, ingenios y obrajes, sólo la fuerza genocida del ejército nacional aliada al capital  pudo terminar con muchos de los levantamientos.

Quizás sea importante terminar con un testimonio recogido en el campamento de la Plaza San Martín como síntesis de nuestro análisis:  “No nos vamos a ir hasta saber que atienden nuestro reclamo. Si nos vamos, otra vez habrán ganado ellos. No nos podemos ir”, se enoja el abuelo Mario con el puño cerrado. Siempre vivió en el campo, Pampa del Indio, zona toba. Aún cosecha algodón, siembra sandía, cría animales y corta leña como cuando era joven. Reconoce que anda triste porque extraña su rancho en el monte, sus 30 hectáreas y sus perros, que quedaron al cuidado del nieto mayor. “No me gusta estar acá, nuestros provincianos blancos nos miran mal, el día se nos hace largo, pero bueno... no nos queda otra, ya no aguantamos más. No quiero que mis hijos y nietos tengan que ser jornaleros en campo ajeno y estar explotados toda su vida...”(*).

FUENTES CONSULTADAS

DIAZ POLANCO, H. (1991) Autonomía regional. La autodeterminación de los pueblos indios. Siglo XXI. México.

MARIÁTEGUI, J.C. PERUANICEMOS EL PERÚ. ED. MINERVA.

Programa radial NO’UET. Red de Comunicación Indígena en FM RAICES (FARCO) San Carlos. La Plata

(*) TONOLEC, A. Corresponsal de INDYMEDIA - La Plata y Rosario. Link de Pueblos Originarios.