staff                          números editados                              Nexos

Extramuros
Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos -Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, Nº V                                                                       Mayo - Agosto de 2006 

volver a portada



 
Un tango diferente

 


por Juham Salvo

Tanguito es uno de los mitos fundantes más reconocidos del rock nacional. Símbolo de los largos “naufragios” y “divagues” creativos, Tango no fue el tipo frontal y decidido que mostró el cine, pero sí un personaje singular, un pibe de barrio con una vida ardua y sinuosa, que dejó una historia atravesada por la leyenda.


Un expreso fatal
19 de mayo de 1972. Pasadas las 10.50 horas, un tren del Ferrocarril San Martín arrolla a un joven en el Puente Pacífico. Nadie sabe muy bien qué sucedió. Algunos dicen que el muchacho cayó del tren; otros aseguran que se tiró; otros, más filosos, afirman que lo tiraron. El accidente no despertó curiosidad en los medios. Sin embargo, muchos jóvenes que venían subidos al expreso de la nueva música urbana, sintieron la caída de un compañero y tal vez, también, intuyeron la desaparición de un símbolo que les pertenecía.
Aquel lejano tren apagó el corazón de José Alberto Iglesias, que en vida supo tener varios alias pero que tras su muerte sólo uno perduró con fuerza: Tanguito.

El negrito José
Tanguito nació el 16 de septiembre de 1945 en San Martín. A poco de nacer su única hermana, la familia se trasladó a Caseros, luego de itinerar por otros lugares. Los Iglesias se las arreglaban como podían: el padre de Tanguito era vendedor ambulante (hay quien dice que también cantaba boleros) y la madre, empleada doméstica.
La música no se hizo esperar en la vida de José; a los 16 años tuvo su primer grupo: Los Dukes, con quienes alcanzó a grabar unos discos simples. Cuentan que el apodo Tanguito se lo adosaron los amigos del barrio, pues José bailaba muy bien el rock and roll y por ello le gastaban bromas.
Pocos años después, Tanguito cantaba rock and roll en Las sombras. Al tiempo conoció a Moris (Mauricio Birabent) quien lo invitó a La Cueva, el mítico sótano ubicado en Pueyrredón 1723, en la Capital Federal. Allí, como en la Perla del Once y en otros lugares más, se estaba incubando a mediados de los ´60, lo que después se conoció como el rock nacional. 
No eran tiempos fáciles, si es que alguna vez los hubo. Las razzias policiales abundaban y los pelos largos, aunque lejos de la militancia política, eran presas predilectas. Antes del 1970, La Cueva bajó las cortinas tras las continuas visitas de la policía.

Días y noches de amor, de locura y de rock
En aquellos años de naufragios, los jóvenes pioneros del rock tenían algo así como un modo “comunitario” de creación. Reunidos largas horas en La Cueva, en La Perla del Once, en Plaza Francia o en la casa de algún amigo oportuno, componían e interpretaban canciones, leían poemas, improvisaban, “divagaban” y deambulaban de un sitio a otro. Y en ese deambular, en los divagues, en las rondas de música, no faltaba Tanguito. 
La historia oficial cuenta que cierta vez, en un baño de La Perla del Once, Tanguito lanzó la frase “Estoy muy sólo y triste acá en este mundo de mierda...”. En el baño también estaba Litto Nebbia, quien recogió el desafío y ¿juntos? terminaron de componer la que fue la primera gran canción que dio el rock nacional: La Balsa.
Los Gatos, la banda que lideraba Nebbia, grabaron ése y otros temas en 1967. El éxito de La Balsa si bien no fue inmediato, no se hizo esperar demasiado. Tanguito cobró una importante suma por los derechos compartidos de la autoría del tema, y se cuenta que quemó todo el dinero apenas lo recibió: se compró tocadiscos, guitarras y pilas de discos. 
Quienes lo conocieron, no se sorprendieron por esa excentricidad. Tango solía andar de prestado, pedía dinero a menudo (y alguna que otra guitarra que no devolvía), “divagaba” todo el día: “era un personaje”, recordó con cariño cierta vez Moris. 
El negrito tenía otro tic: atribuirse temas de otros autores. Así, por ejemplo, la letra de Amor de Primavera es de Hernán Pujó y La Princesa Dorada es de Pipo Lernoud, aunque Tanguito –que las había musicalizado- se “olvidaba” de mencionarlos cuando las cantaba... Sólo por cambiar nomás y lejos de cualquier intencionalidad que raye con lo político, el Tango mudaba frecuentemente de nombre: Donovan, Donovan el Protestón, Ramsés VII, etc.

Cuesta abajo
Para algunos, Tanguito fue un típico cantor callejero: deambulando a diario con su guitarra, tocando y cantando en clubes de barrio y en donde lo invitaran; cantando para oyentes ocasionales en las plazas, “internado” en los bunkers rockeros o en la oportuna casa de algún náufrago.
No obstante, en pleno fervor creativo, las drogas comenzaron a hacer estragos en la vida del negrito. Primero fueron las pastillas para no dormir; luego vendrían las jeringas. Con los meses, aquel muchacho de barrio, renegrido, de pelo ondulado, creativo, tranquilo y divagante, comenzó a juntarse con otra gente, a vagabundear y a caer en prisión con mayor frecuencia, ya no sólo por el pelo largo sino por consumo de drogas. 
Así y todo, en 1970, Tanguito alcanzó a grabar en los estudios TNT, para el sello Mandioca, unas canciones “en bruto” que luego serían arregladas para la grabación definitiva. Allí estaban Natural, Amor de Primavera, La Balsa y La balada de Ramsés VII, entre otros temas. La grabación, informal, incluyó pequeños diálogos con Javier Martínez (el líder de Manal) y con el técnico de grabación, entre otros. 

El productor Jorge Alvarez, uno de los primeros que tuvo el rock nacional, editó aquellas grabaciones informales en 1973 bajo el sello Talent: el disco se llamó Tango, y junto al simple La Princesa Dorada constituyen la discografía básica de este artista.

Pero Tanguito empeoraba. Con tristeza, los conocidos lo recuerdan babeando, apenas pudiendo hablar, vagabundeando. Pasó varias veces por la cárcel de Devoto. Luego, sucesivamente, por la Unidad de Penitenciaria del Hospital Borda y la Unidad 13 destinada a los enfermos mentales. 
En la madrugada del 19 de mayo de 1972, Tanguito escapó de allí; antes del mediodía, un tren terminó con su vida.



El feroz del cine

En 1993 se estrenó la película Tango Feroz, la opera prima del director Marcelo Piñeyro que es en realidad una versión libre inspirada en un período de la vida de Tanguito y en los tiempos originarios del rock nacional. Rápidamente, Tango Feroz levantó una polvareda de controversias y críticas: para algunos no es “seria” ni retrata la historia tal como fue. Sin embargo, gran cantidad de público hispanoparlante (la película se presentó en varios países) la recibió con entusiasmo. 
Litto Nebbia, el legendario líder de Los Gatos, no quiso sumarse al proyecto de Piñeyro por mantener diferencias con lo que se narraba. Moris, tras unos ajustes, colaboró con la producción de la película. 
Más allá de los desplazamientos ciertos –por ejemplo, y según los testimonios de quienes lo conocieron, la personalidad del “real” Tango estaba casi en las antípodas del personaje interpretado por Fernán Mirás- la película permitió que muchos jóvenes tuvieran siquiera un primer contacto ficcional con aquella historia.
Además, varias de las canciones que se interpretan en la película –Presente de Vox Dei; El oso, de Moris; Me gusta ese tajo de Luis A. Spinetta- comenzaron a circular entre los adolescentes y permitieron desempolvar algunas de las creaciones de los años ´60 y 70. Un aire fresco y nostálgico circuló entre el rock criollo.