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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, Nº VI                                                                                        Septiembre - Diciembre de 2006 

 

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Los movimientos sociales y su estudio en la Argentina (3ra parte)

 

por Guido Galafassi

 

 

 

 

 

 

 

En base a lo apuntado en las notas anteriores, podemos afirmar que con las visiones neo-funcionalistas y pos-estructuralistas se corre un serio peligro de un proceso de naturalización de las relaciones sociales tal cual están establecidas bajo los parámetros dominantes (las difundidas investigaciones en Argentina desde estas perspectivas teóricas lo demuestran ampliamente). El énfasis en la organización, los recursos, la ruptura del orden y la identidad deja de lado el conflicto por el poder y el cambio social. Esto anula toda posibilidad de preguntarse por la existencia o no de un proceso de lucha y movilización anti-sistémico, tendencia reforzada por la antes mencionada naturalización del status-quo. Es que toda rama del conocimiento está atravesada por alguna clase de posicionamiento político-ideológico.  Así, si se reconoce a la sociedad vigente como válida, no es necesario preguntarse por la necesidad de un cambio, y por lo tanto, tampoco por la existencia o no de algún objetivo de cambio en los procesos de movilización social. De aquí, la preocupación por parte de las teorías dominantes en aspectos existentes, por cierto, pero secundarios y accesorios a la hora de explicar un proceso de movilización. Es entonces cuando el árbol no deja ver el bosque: si sólo se es capaz de captar las manifestaciones superficiales y visibles de los procesos de movilización social, será muy difícil desentrañar la trama más profunda que estructura los conflictos.

         Teniendo en cuenta estos antecedentes y la ruptura en la forma de conceptuar los movimientos sociales ocurrida en los años ochenta mencionada en la segunda parte, es de fundamental importancia enfatizar el análisis en base a los aspectos que tienen que ver primordialmente con el cambio y la transformación social, los enfrentamientos entre sectores y/o clases sociales, y las perspectivas anti-sistémicas de los movimientos en su lucha por un modelo de sociedad diferente; perspectiva que facilita además el dejar de mirar a los movimientos sociales “desde afuera” interrogándose también sobre el lugar de la universidad y del sistema científico en los conflictos sociales. Esto no implica necesariamente dejar absolutamente de lado aquellas posibles categorías provenientes de las “teorías de la acción colectiva y los nuevos movimientos sociales”, sino ubicarlas en su justa función a partir del uso parcial para poder diferenciar matices y aspectos secundarios o terciarios del problema, pero en el marco de teoría crítica.

Sin lugar a dudas, los movimientos sociales en el contexto de desarrollo capitalista de las últimas décadas vuelven a sostenerse sobre los postulados básicos que definieron las protestas y los conflictos y  las movilizaciones en el pasado (proceso más claramente visible en América Latina), en el sentido de que se los debe definir clara y contundentemente como movimientos modernos con reclamos modernos (por tierra, trabajo, salarios, precios, democracia, etc.), dejando así de lado cualquier interpretación que desde posiciones pos-estructuralistas, neo-funcionalista y/o posmodernas, pretenden ver “nuevos” movimientos sociales (en términos absolutos) que rompen así la continuidad con los históricos reclamos de los sectores explotados. Diferentes y diversos sí, pero no “nuevos” en contraposición (casi absoluta) con los “viejos”. Son “nuevos”, como categoría relativa, en tanto la modernidad produce por su propia dinámica manifestaciones renovadas de sus propias contradicciones. Es decir, se debería permanecer lejos, tanto de los estudios inscriptos en las teorías que vuelven a rescatar la perspectiva del individualismo metodológico, como expresión del posmodernismo liberal; o de aquellas que desde una superficial interpretación del autonomismo, pretenden instalar un posmodernismo de izquierda (como por ejemplo, los análisis del Colectivo Situaciones para la Argentina, así como aquellos otros de los ingenuos seguidores de Holloway y Negri).

         Es importante entonces priorizar, tal como lo hacen los propios movimientos sociales, la disputa, el conflicto, la lucha entre clases o fracciones de clase y la confrontación entre modelos de sociedad (en tanto movimientos en mayor o menor medida antagonistas al sistema). Se propone entonces, una mirada que ubica a los movimientos sociales como formas diversas de organización de conjuntos sociales (clases, fracciones de clase o incluso alianzas de clase) inmersos en relaciones sociales de antagonismo sociopolítico y cultural que por su misma configuración apuntan hacia algún tipo de lucha anti-status-quo. Por lo tanto, más que ver a los movimientos sociales como ciertos actores específicos inscriptos en el mismo proceso de “enmarcamiento” que el resto de los actores del sistema (es decir en un proceso de diferenciación interna funcional a la dinámica del sistema) se los deberá explicar en base a preguntarse hasta dónde se los puede identificar como sujetos inscriptos en alguna variante de cambio social, de transformación de la sociedad. Esto implica que su posición de antagonista (o no) del sistema es uno de los ejes principales a partir del cual interpretarlo y no sólo un elemento más de la larga serie de características con las cuales  sólo se logra inmovilizar descriptivamente a los movimientos sociales. Es que la identidad principal de un movimiento social suele ser precisamente su posicionamiento crítico frente al modelo dominante, peticionando por algún tipo de cambio, sea este parcial o total.

         Entonces, será importante considerar por sobre cualquier otro tipo de disquisiciones, estos factores que son vistos como ejes claves a la hora de estudiar cualquier movimiento social:

 

1. La posición estructural del movimiento social, lo que implica partir de la noción de lucha de clases para visualizar así al sujeto en su relación con las condiciones objetivas;

 

2. La posición estratégica del movimiento social, lo que implica prestar atención a las condiciones subjetivas que definen un tipo, grado y nivel de acción (de protesta, movilización y organización); y

 

3. La configuración histórica del contexto regional y global que define el marco socio-político, cultural y económico con el cual cada movimiento social interactúa.

 

         Pero además, será fundamental tomar como base las siguientes consideraciones que definirán el marco de construcción de las categorías de análisis:

 

·         Que el proceso de movilización social se construye históricamente (es decir, sincrónicamente y no asincrónicamente como suelen analizar la realidad el individualismo metodológico).

·         Que los procesos de movilización social mantienen una relación dialéctica con el proceso histórico de transformaciones en la relación Capital-Trabajo.

·         Que los procesos de movilización social se inscriben en algún contexto y proceso de cambio social (cualquiera sea el signo de este cambio).

·         Que es fundamental ver las relaciones de los movimientos y organizaciones socio-políticas tanto con el resto de los sujetos, clases y fracciones de clase como con el Estado.

 

 

Para terminar, se proponen entonces,  los siguientes aspectos a analizar en los procesos de movilización social (teniendo fundamentalmente en cuenta que todos ellos están dialécticamente relacionados y ninguno de ellos puede explicar por sí sólo el proceso complejo de la movilización social):

 

1.     Base social del movimiento: cuáles sujetos, sectores, clases y fracciones de clase lo componen.

2.     Condiciones objetivas y posición estructural del movimiento y sus integrantes: las relaciones de clase, estamento, sector social en el contexto de la estructura socio-económica y política de la sociedad.

3.     Las demandas concretas de los procesos de movilización social y como estas demandas se van transformando (o no) en el tiempo.

4.     El Programa Político al cual responden las demandas, pudiendo estar este programa explicitado o no por parte de los movimientos.

5.     Métodos y formas de lucha y acciones y actividades desarrolladas.

6.     Alianzas: ya sea con otras fuerzas sociales, movimientos, clases o fracciones de clases; que definirán las tácticas y estrategias del movimiento. Su relación con el programa político, el contexto histórico y las formas y métodos de lucha.

7.     La organización del movimiento: roles, funciones, recursos, etc.

8.     Condiciones subjetivas de la organización del movimiento, los procesos de construcción de identidad, de aceptación de roles, liderazgo, etc.

 

 

Considerando, de esta manera, las contradicciones que motorizan el proceso socio-histórico se estará más cerca de poder abarcar la complejidad que implica un proceso de movilización social. Las luchas por la igualdad y la solidaridad, si bien en algunos casos pueden implicar ajustes del sistema, representan fundamentalmente procesos de movilización por un cambio social (sea este más o menos importante, más o menos radical). El desconocer esto, no sólo conlleva a una producción de conocimientos poco ajustada a la realidad, sino que, además, define una posición política que por su propia naturaleza la hace incapaz de comprender cabalmente a la movilización social. Si desde los marcos teóricos se considera que la historia no puede cambiar, muy difícilmente se podrán observar sujetos trabajando por el cambio. Sólo rescatando el rico historial de las ciencias sociales críticas en el estudio de los procesos de movilización social, es como actualmente se podrán comprender los “nuevos” fenómenos. Claro está, que esto implica asumir que la sociedad capitalista actual no necesariamente representa el fin de la historia.

 

 

 

Fotografías:

Imagen de la izquierda: El cordobazo, 1969. Derecha, corte de autopista, 2002 (Prensa de Frente).

 

 

 

 

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