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Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, Nº VI                                                                                        Septiembre - Diciembre de 2006 

 

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 Una realidad que huele mal: la recuperación de residuos

 

 

por Susana B. Espinosa *

 

 

 

La disposición final de residuos es, en nuestro país, un problema serio que requiere soluciones inmediatas para reducir el pasivo ambiental. Además de ello, el costado social también es alarmante: niños y adultos sumidos en la miseria, buscan en los basurales alimentos y materiales para sobrevivir, exponiéndose de esta manera a sustancias altamente perjudiciales para la salud.

 

 

 

 

 

En 1992, en la Argentina eran más de seis millones los habitantes con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). Pasados catorce años, esta cifra se mantiene en órdenes similares. En este grupo sólo sobran las carencias: desde alimentos, vivienda, agua potable, cloacas y atención médica, hasta las que tienen que ver  con servicios clave como alumbrado, mejorado de calles, barrido y limpieza.

El hambre es una secuela casi automática de la degradación ambiental, esta degradación que agota recursos naturales a causa del uso inadecuado del suelo. Cultivos intensivos, uso de agroquímicos, asentamientos humanos no planificados, basurales a cielo abierto, son algunos de los ejemplos de esta insustentabilidad.

En los basurales, e incluso en los rellenos sanitarios, encontramos riesgos específicos vinculados con la actividad de recuperación de residuos, que se dan en un marco de carencias generales y de dificultades para afrontar, en particular, la alimentación de los integrantes de las familias que allí concurren periódicamente.

Un caso particularmente problemático es el de los niños que recuperan residuos dentro de los rellenos sanitarios y los basurales donde se deposita la basura después de la recolección formal. A modo de ejemplo, en el caso del barrio La Cárcova y Curita, en la localidad de José León Suárez (partido Gral. San Martín, provincia de Buenos Aires), los niños cartoneros recolectan alimentos y desechos directamente del centro de disposición final de residuos.

Los niños que ingresan al relleno sanitario, recuperando materiales para la venta y para buscar alimentos desechados por empresas o particulares, se encuentran en un nivel todavía mayor de vulnerabilidad. Además, los niños suelen ser llevados por sus madres desde temprana edad, para la realización del trabajo de recuperación. La salud de estos niños se perjudica ostensiblemente por la circulación permanente por un hábitat muy degradado, en contacto directo con la basura.

Otra situación de riesgo detectada se presenta en el caso de las mujeres embarazadas. En general, ellas no abandonan el trabajo de recolección, sobre todo durante los primeros meses de embarazo.

 

Ahora bien, hemos mencionado dos sistemas de recolección y disposición de residuos. Uno formal (camión recolector-relleno sanitario) y otro informal (cartoneros- basurales clandestinos). Estos sistemas no necesariamente se presentan en estas duplas.

El relleno sanitario es una técnica de disposición final de los desechos sólidos en el suelo, que no causa molestia ni peligro para la salud y la seguridad pública; tampoco perjudica demasiado el ambiente durante su operación ni después, si se toman los recaudos pertinentes y se utilizan técnicas especiales, basadas en principios de ingeniería para confinar la basura en un área lo más pequeña posible, cubriéndola con capas de tierra diariamente y compactándola para reducir su volumen. Además, prevé los problemas que pueden causar los líquidos y gases producidos en el relleno, por efecto de la descomposición de la materia orgánica (1). Este es el sistema formal de disposición de los residuos de la denominada Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).

En lo que respecta a los denominados basurales clandestinos, en estos se disponen en forma incontrolada residuos de todo origen. A pesar de que está previsto por la normativa (decreto Ley 9111/77) la erradicación de estos depósitos a cielo abierto, existen en la provincia de Buenos Aires cerca de un centenar de basurales con riesgos acuciantes para la salud pública (2).

Según un relevamiento realizado en el año 1997 en el marco del Plan de  Gestión Ambiental y de Manejo de la Cuenca Hídrica Matanza – Riachuelo (3), el mismo mostró la siguiente distribución estimativa de residuos peligroso y no peligrosos en los basurales a cielo abierto de la cuenca:

 

 

 

 

El mismo estudio arrojó concentraciones de metales pesados superiores a los niveles máximos permitidos por la legislación vigente. De esta manera se encontraron basurales donde la concentración de Cadmio varió entre 0.003 y 0.032 mg/kg; Cromo en concentraciones variables entre 0.006 y 0.035 mg/kg y Plomo en valores mínimos de 0.04 y máximos de 0.158 mg/kg. Estos valores superan ampliamente los niveles guía recomendados por la Organización Mundial de la Salud, en lo que respecta a la calidad de agua para consumo y para el desarrollo de los seres vivos.

En la actualidad los basurales y rellenos sanitarios se han transformado en áreas para la realización de actividades de recupero y recolección de materiales. Quienes realizan estas actividades se encuentran en una situación peligrosa y vulnerable dado los riesgos a los que se encuentran expuestos. El informe sobre trabajo infantil en la recuperación y reciclaje de residuos realizado por UNICEF Argentina en el año 2004 expone la distribución de recuperadores de residuos que trabajan en diferentes lugares del país y en basurales clandestinos de varias localidades del Gran Buenos Aires. A modo de ejemplo podemos decir que el barrio La Cárcova de José León Suárez es una de las zonas de basurales de mayor envergadura del país. En el presente, los niños de la zona suelen acudir con sus padres a este centro de disposición.

Resulta significativo exponer que las actividades de recupero son realizadas con frecuencias de tres a cinco horas diarias y por lo tanto la exposición de las personas a  los residuos es considerablemente alta.

En los rellenos sanitarios y basurales las principales fuentes de contaminación al medio ambiente son los líquidos lixiviados, las emisiones gaseosas y la degradación natural de los productos orgánicos, sustrato esencial para la proliferación de microorganismos y otros  vectores de enfermedades.

Los líquidos lixiviados se forman mediante el percolado de líquidos (como por ejemplo, agua de lluvia) a través de sustancias en proceso de descomposición. El líquido, al fluir, disuelve algunas sustancias y arrastra partículas con otros compuestos químicos. Los ácidos orgánicos formados en ciertas etapas de la descomposición contenidos en el lixiviado (como ácido acético, láctico o fórmico) disuelven los metales contenidos en los residuos, transportándolos con el lixiviado. Entre los principales metales presentes en el relleno encontramos: Arsénico, Plomo, Cromo, Níquel, Cadmio y Mercurio. Otras sustancias encontradas son lindano, etanol, 1-propanol, 2-propanol, 4-nitrofenol.

Ahora bien, ¿cómo pueden afectar estas sustancias a los seres vivos en general y al hombre en particular?

Veamos algunas definiciones.

La toxicología es la ciencia que estudia las sustancias químicas y los agentes físicos, en cuanto son capaces de producir alteraciones patológicas en los seres vivos, a la par que estudia los mecanismos de producción de dichas alteraciones y los medios para contrarrestarlas, así como los procedimientos para detectar, identificar y cuantificar tales agentes y evaluar su grado de toxicidad.

La toxicidad es la capacidad para producir daño a un organismo vivo, en relación con la cantidad o dosis de sustancia administrada o absorbida, la vía de administración y su distribución en el tiempo, tipo y severidad del daño, tiempo para producir el daño, la naturaleza del organismo afectado y otras condiciones intervinientes.

Tóxica es aquella sustancia que al entrar en contacto con un organismo produce, a través de una reacción química, un efecto perjudicial.  Y esto está íntimamente unido a la dosis.

La protección de la infancia del efecto tóxico de las sustancias químicas presentes en el ambiente es uno de los desafíos emergentes, siendo especial el riesgo para la infancia asociado a la desproporcionadamente alta exposición y susceptibilidad inherente del periodo perinatal a los xenobióticos (4).

La toxicidad de las sustancias depende de la especie, sexo y de la edad de los organismos. El desarrollo embrionario representa uno de los procesos más complejos dentro del ciclo de vida y es excepcionalmente sensible a los tóxicos. Las sustancias químicas interfieren con los procesos normales a través de múltiples mecanismos de acción, como interacciones con el material genético, con componentes de las membranas celulares, enzimas, receptores, etc. Debido a la susceptibilidad diferencial a los tóxicos según el estadio del desarrollo embrionario, la exposición a estos tóxicos coincide con los períodos más sensibles del desarrollo, los efectos adversos pueden alcanzar excepcional gravedad, inclusive llegando a interrumpir funciones vitales básicas que resultan en la muerte del embrión o producir efectos subletales consistentes en malformaciones y alteraciones funcionales. Es importante destacar que todos estos efectos, al igual que en el caso de otras sustancias con efectos teratogénicos (5), se producen en concentraciones significativamente inferiores a las que resultan tóxicas para la madre.

Se puede inferir que los contaminantes metálicos presentes en los basurales tendrán un efecto adverso en el crecimiento de los niños que allí concurren a realizar actividades de recupero. Este impacto, si bien hoy puede pasar inadvertido, en el futuro podrán desencadenarse cuadros clínicos que estarán relacionados con la exposición diaria a estos polutantes, sinergizados por otros contaminantes aún como los COP´s (Contaminantes Orgánicos Persistentes), los hidrocarburos, etc.

En el caso de las mujeres embarazadas que realizan actividades de recupero en los basurales el impacto es mayor en el niño/a en gestación dado la alta susceptibilidad en este estadio del desarrollo.

 

Sin embargo, en este marco no todo es fatal ni irremediable. Los modelos de desarrollo alternativo llevados a cabo de modo parcial por organizaciones sociales, ecologistas y universidades, inclusive en nuestro país, marcan un posible camino de reducción del problema. Ejemplos de esto lo ofrecen los trabajos llevados a cabo día a día por asociaciones barriales (EL CEIBO TB en la Ciudad de Buenos Aires, Sociedad de Fomento El Balneario de Quilmes, COLCIC);  escuelas (Escuela de Educación Media Nº 1 de Don Bosco, la Escuela Polimodal Nº 11 de Florencio Varela); y  universidades nacionales (Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Universidad Nacional de Lanús (UNLA), Universidad Nacional de Quilmes, (UNQ)). Estas instituciones, de manera articulada,  llevan a cabo experiencias en lo que respecta a la toma de conciencia y resolución de la problemática que genera en la  salud de la comunidad la presencia de desechos, a través de proyectos como “Red participativa de ciencia, tecnología y medio ambiente” (UNSAM) y “Buenas prácticas comunitarias para la disposición de residuos” (UNQ). La socialización del conocimiento y la información, es nuestra responsabilidad actual para la preservación de los recursos naturales y de la salud y la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras.

 

 

 

* Licenciada en Biotecnología – UNQ, con orientación en Bioprocesos. Docente e investigadora.

 

 

Notas:

 

(1)  CEPIS-OMS.

(2)  Departamento de Servicios – Gerencia de Saneamiento Ambiental – CEAMSE.

(3)  Documento del Banco Interamericano de Desarrollo – Informe de impacto social y ambiental – gerenciamiento ambiental de la cuenca del río Matanza- Riachuelo – Operación AR-0136 – septiembre, 1997.

(4)  Un xenobiótico es un producto químico foráneo para un sistema biológico.

(5)  Teratogénica es aquella sustancia capaz de causar malformaciones en el feto durante  cualquiera de sus etapas de desarrollo.

 

 

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