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Extramuros
Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año II, Nº VI                                                                                        Septiembre - Diciembre de 2006 

 

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La luz mala (que no es cuento)

 

 

por Juan C. Benavente

 

 

 

Como otras veces sucedió, amas de casa, empleadas, madres, abuelos, nietos, desocupados y profesionales, vecinos todos, se reunieron para luchar por un ambiente mejor en el que vivir. Esta vez fue en Berazategui, en el conurbano bonaerense, por la erradicación de una subestación transformadora y un tendido de cables, que hasta el momento, nadie probó que sean inocuos para la salud. A más de un año y medio del inicio, las vicisitudes de una lucha desigual contra una privatizada y un Estado garante de los intereses empresarios.

 

 

 

 

      Cuentan en el campo, que a veces en las noches aparece la luz mala. Cuando todo está quieto y la pampa oscura desafía al criollo, esa fosforescencia intermitente deambula a ras del suelo, de aquí para allá. Dicen que las luces son almas en pena que, imposibilitadas de subir al cielo, andan errantes buscando compañía. Al verlas en el camino, el criollo por largo tiempo no vuelve a él. Los más osados, rezan y se encomiendan al Tata, o muerden la vaina del cuchillo para alejarlas…

 

Y aquí, en las infinitas pampas de cemento, lejos de las soledades que agigantan la imaginación, el fenómeno se manifiesta sin ser visto; su inadvertida presencia cotidiana termina degradando a la vida. Su origen es secular y no tiene nada de almas en pena, ni de gases de pantanos ni de sales de huesos abandonados. Su origen emparenta con la electricidad y el progreso, pero en mayor medida con la desidia, la impunidad y la ambición.  En lo que sigue, va la crónica de un problema poco anunciado.

 

La culpa era de Internet

 

-Disculpe ¿qué es todo esto?

-Se instalará un tendido de cables para Internet.

-Ahhhh.

 

Así empezó la desconfianza y también la toma de conciencia del problema. El escueto diálogo se dio a comienzos de 2005 entre una vecina curiosa del barrio de San Francisco, en el partido de Berazategui, y un obrero que cavaba un pozo en una zona de la acera de la calle 21.

Mientras tanto, en la esquina de las calles 21 y 145, en un predio de la firma Rigolleau, se estaban realizando  trabajos de construcción aunque un tapial de madera impedía ver las tareas. Los vecinos comenzaron a vislumbrar que lo que estaba frente a ellos, había sido decidido a sus espaldas. De hecho, jamás fueron informados en audiencia pública que en el barrio se haría alguna obra.

“Cuando nos enteramos –relata Isabel Palacios, una de las vecinas movilizadas- que se estaba construyendo una Subestación Eléctrica de mayor potencia que la Sobral, de Ezpeleta, y que los pozos eran para tender cables subterráneos para transportar electricidad de alta tensión de 132.000 volts (132 kV), los vecinos comenzamos a pararnos al lado de los pozos, todas las mañanas, impidiendo la ejecución de los trabajos”.  El problema salió a la luz.

 

Otra Sobral, no

“Son de público conocimiento –afirmó Palacios- las consecuencias mortales  de la contaminación electromagnética que sufren los vecinos de Ezpeleta próximos a la Subestación Sobral, y lo que padecen los vecinos del barrio San Juan (en Berazategui) por los transformadores refrigerados con PCB y los cables de media tensión; ello nos llevó a luchar para que la subestación se instale fuera del área urbana”.

Preocupados y movilizados, los vecinos comenzaron a recopilar información, gestionar el cese de las obras y exigir el traslado de la Subestación SE 179 “Rigolleau” a una zona despoblada. Así, recorrieron la Municipalidad de Berazategui, la empresa EDESUR, el Ente Regulador de Energía (ENRE), el Ministerio de Planificación Federal, enviaron cartas a funcionarios provinciales y nacionales, incluso a mismo Presidente. No hubo, entonces,  respuesta.

Paulatinamente, los pobladores le dieron forma orgánica a la movilización y se agruparon en “Vecinos Autoconvocados por al Vida” (VAV) de Berazategui. Marcharon por las calles de su partido y en la Plaza de Mayo; montaron campañas callejeras de difusión y recolección de firmas; distribuyeron folletos explicativos, recorrieron escuelas, centros religiosos y colegios de profesionales; organizaron festivales artísticos en el barrio y difundieron el problema por medios gráficos, radiales y televisivos. “Siempre trabajamos de manera independiente como movimiento barrial –aclara Palacios- y cubrimos nosotros todos los gastos de folletería y gestión”.

En abril de 2005, y por intermedio de la Asociación ACCUC (que lleva el caso Sobral) los VAV interpusieron un Amparo en el Juzgado Federal N° 2 de La Plata, que hasta el momento, nadie resolvió.

    

“La subestación  o la oscuridad”

En un crescendo peligroso, las amenazas e intimidaciones a los vecinos movilizados comenzaron a ser moneda corriente en el barrio. Desde la aparición de desconocidos en las asambleas, pasando por amenazas telefónicas e incluso personales, todo vale: “andá buscando otra vida pues ésta se te acaba”, le espetó desafiante a una manifestante un miembro de la seguridad de EDESUR. Ni qué decir de la represión que vendría meses después.

Para evitar el vagón de cola, la empresa tampoco se quedó sin intimidar: en varias reuniones que mantuvieron los vecinos con representantes de la distribuidora eléctrica, éstos, arrogados en dignos representantes de Yahvé, respondieron: “es la subestación o la oscuridad”. Y se hizo la oscuridad. Repentinamente, aparecieron cortes en el suministro eléctrico que se extendieron por varias horas. Los vecinos de las zonas afectadas –generalmente de lugares próximos a la Subestación- no obtuvieron respuesta al pedir explicaciones a la empresa. Pero hay más: dos “frentistas” (vecinos frente a cuyas casas pasa el tendido de cables) que se oponían a los trabajos, fueron demandados por “obstaculizar una obra pública”.

 

 

 

 

Una respuesta que duró poco

Ante la insistencia de los autoconvocados, en junio de 2005 el intendente de Berazategui Juan J. Mussi (PJ), decreta en el artículo 1° de la Ordenanza Municipal  N° 758/05, la interrupción de “los trabajos relativos al tendido subterráneo de doble terna de cables de 132 kV dentro de cañerías de polietileno que alimentaría a la Subestación Rigolleau (...) hasta tanto se tenga certeza científica absoluta de la inexistencia de riesgos para la salud, por la exposición ocasional o prolongada, cualquiera sea la intensidad tanto del campo eléctrico como electromagnético”.

A primera vista, la actitud parece adecuada si no fuera porque la tan mentada “certeza científica absoluta” debería haber precedido a la autorización de la obras, tanto por parte del Municipio como de los organismos reguladores y de control correspondientes.

Dejando de lado esas “minucias” y continuando con la historia, el contraataque de EDESUR no se hizo esperar: demandó de inmediato al municipio de Berazategui. Frente a la demanda, la misma justicia que aún no se expidió por el recurso de amparo presentado por los vecinos, actuó con celeridad: en febrero de 2006 ordenó la anulación de la resolución municipal 758  y autorizó la continuación de las obras.

Pero los vecinos no bajaron los brazos. Continuaron con la campaña de difusión y concientización del problema, con las marchas, las gestiones y las asambleas; lograron una primera reunión con el juez Adolfo Ziulú, al término de la cual los autoconvocados informaron que el magistrado “se encuentra en desconocimiento de situaciones relativas a la Subestación Eléctrica Rigolleau (...); desconoce las irregularidades en cuanto al tendido del cableado, la falta de supervisión concreta del ENRE (y) hechos de violencia como la presencia de la Gendarmería para la instalación de la Subestación Eléctrica Ducilo, hecho que no fue ordenado por el juez”. Sin embargo, los “hechos de violencia” protagonizados por las fuerzas de seguridad no terminaron allí.

Encima,  los palos

Más temprano que tarde, se sintieron las consecuencias de la resolución dictada por el juez.

El 4 de mayo, alertados por la presencia de más de 400 obreros, efectivos de Gendarmería y personal de civil sin identificación, los vecinos se reunieron frente a la Subestación reclamando su traslado; fueron intimidados todo el día. La mayor parte de los reclamantes eran mujeres, niños y personas de edad. Al caer la tarde, y ante la insistencia de los manifestantes, se suspendieron los trabajos; algunos vecinos montaron guardia toda la noche. Al día siguiente se sumaron más vecinos pero nadie imaginó lo que sucedería ese mediodía: llegó la Guardia de Infantería y la fatídica bonaerense. Los efectivos de infantería, sin mediar aviso alguno, bajaron de los colectivos y comenzaron a reprimir con gas pimienta, lacrimógeno, palos y balas de goma desde la calle 142 hasta la 145. Como consecuencia del buen trato dispensado por los uniformados, varios vecinos terminaron con contusiones, una beba fue hospitalizada y un vecino quedó detenido. Mientras el personal de Infantería “limpiaba” la zona, los obreros recomenzaron su labor, como si nada.

Los vecinos soportaron momentos muy duros durante todo ese día. Entrada la noche, llegaron al lugar funcionarios de la Secretaría de Política Ambiental (SPA) y de la Subsecretaría de Desarrollo Sustentable de la provincia de Buenos Aires. Finalmente, entre todos acordaron suspender las obras por tres días y el lunes 8 celebrar una reunión en las oficinas de la SPA. Según un comunicado de prensa de los vecinos, mientras los funcionarios de la provincia intentaban solucionar la crisis 

 

... la empresa mantuvo una posición intransigente e inflexible, dejando escrito al pie del acta firmada que continuaría las obras sin importar lo que se resolviera con las autoridades convocadas a la reunión.

 

El lunes 8 los vecinos se presentaron al juez Ziulú denunciando los sucesos ocurridos los días 4 y 5. Ante ello, el juez resolvió convocar a las partes a una audiencia para el día 12 de mayo, a la vez que, entre otras acciones:

 

q                Solicitó a Gendarmería un informe detallado de su intervención en esos días y los nombres de quienes pidieron y autorizaron su presencia.

q                Solicitó a la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata informe el plazo aproximado de la realización del estudio sanitario de la población aledaña a la Subestación Sobral de Ezpeleta.

 

Omitiendo el acuerdo, dos días después EDESUR manda cuadrillas de operarios a continuar los trabajos en la zona caliente de la subestación; los vecinos  alertan a la Comisaría 1° de Berazategui y el comisario en persona ordena el retiro inmediato de los obreros.

El día de la audiencia pactada llegó, y los vecinos entregaron al magistrado las denuncias policiales y lo pusieron en conocimiento de la tensa situación que se vivió en la zona, y de la preocupación de que la escalada de violencia se cobre víctimas fatales; por su parte, previsiblemente, EDESUR mantuvo su posición de esperar el estudio de Impacto Ambiental (IA) para reanudar las obras.

Teniendo a la vista los antecedentes, las irregularidades, los testimonios y el rumbo que tomó la situación, el juez suspendió las obras hasta recibir el estudio de IA que debe concluir Política Ambiental de la provincia, ya que los trabajos habían comenzado sólo mediando un estudio precario e incompleto.

 

Amparo tras amparo

Ante el congelamiento del amparo presentado en 2005 y algunas diferencias surgidas con la Asociación ACUCC, en julio de 2006 los VAV interpusieron otra causa, a través de la Asociación Civil Defensa de Usuarios y Consumidores (DEUCO), filial Berazategui. La Acción de Amparo y Medida Autosatisfactiva, patrocinada por las abogadas Mónica N. Colman y Natalia Cairnie, se radicó en el Juzgado Federal N° 4 de La Plata (expte. 35595/06) y en ella se pide el cese inmediato de las obras de cableado y el traslado fuera del casco urbano de la SE 179 “Rigolleau”.

La medida autosatisfactiva es un instrumento jurídico eficaz que proporciona una “solución urgente a situaciones urgentes”, es decir, cuando el paso del tiempo, en este caso, amenaza convertir en irreparable un daño.

En las ochenta y seis fojas que tiene el escrito presentado por las abogadas (descontando los documentos y pruebas adjuntos), abundan las referencias a investigaciones efectuadas por la influencia y los efectos que tendrían para la salud los campos electromagnéticos (CEM), producidos tanto por corrientes eléctricas de baja frecuencia (propia de la distribución eléctrica)  como por la emisión de ondas de frecuencias elevadas (microondas) de la Telefonía Móvil y transmisiones de datos. Los estudios tomados como base y fundamento de la acción, incluyen  investigaciones científicas elaboradas principalmente en Europa, EE.UU y la ex URSS, en los que se muestran fuertes vínculos entre los CEM y distintas alteraciones biológicas. 

Por ejemplo, entre los efectos provocados por la exposición a los campos electromagnéticos de baja frecuencia (como los producidos por las líneas de 132 kV) se mencionó la acción promotora de tumores observados en ratas.

En la ex URSS, los operarios expuestos a la acción de estos campos en estaciones transformadoras se quejaban de nerviosismo, desórdenes del sueño, fatiga, dolores de cabeza, vértigo, pérdida de memoria y dificultades respiratorias.

Según los estudios, cada vez se hace más evidente el vínculo entre los CEM y diversas formas de cáncer. Varios trabajos (citados en el amparo) han encontrado una asociación epidemiológica entre esta enfermedad y la persistencia en la exposición de las personas a niveles de campo electromagnético inferiores a los que permite la legislación argentina. De modo que, considerando los resultados de los estudios referidos al vínculo cáncer – CEM, la conclusión expuesta en la Acción de Amparo es contundente: una exposición crónica a valores iguales o superiores de 0,4 microteslas duplicaría en los niños el riesgo de contraer leucemia (el Tesla, T, es la unidad de medida de la inducción magnética; el microtesla es la millonésima parte de un Tesla).

En nuestras tierras, respecto del tendido de líneas de 132 kV como las de Berazategui, en un dictamen elaborado por el Ministerio de Salud y Acción Social de la Nación se sugiere

 

(…) precaución en el trazado de estas líneas de alta tensión, en un corredor de 35 metros por cada lado de la línea central. Los mismos no deberían pasar por localidades densamente pobladas y mucho menos por escuelas y centros de salud. Asimismo, se recomienda continuar con los estudios de los posibles efectos biológicos serios a nivel laboratorio y epidemiológico. Por lo expuesto en toda la documentación (…) no puede demostrarse que los campos electromagnéticos sean inocuos.

 

No obstante ello, la legislación argentina se encuentra peligrosamente desactualizada. La Fundación para la Defensa del Ambiente (FUNAM), una ONG presidida por el Premio Nobel Alternativo, el biólogo Raúl Montenegro, sostiene en un comunicado que existe una “distancia abismal”  entre los riesgos identificados por los estudios para campos iguales o superiores a 0,3 uT y los 25 uT que contempla la Resolución 77/98 del Ministerio de Energía. “Urge –afirma FUNAM- bajar sustancialmente los niveles permitidos actualmente y acercarlos a los estándares de precaución”. Como referencia, la Fundación menciona los valores límites tolerados por varios países europeos y Australia, que en ningún caso supera 1 uT.

En definitiva, es difícil, o canalla, no acordar con lo expresado en el recurso de amparo impulsado por los vecinos, cuando se afirma que la cifra permitida en Argentina “no protege la salud de las personas sino los intereses de las compañías eléctricas”.

 

Cuestión de principios

Una de las piezas claves del amparo y del derecho que asiste a los vecinos, es el denominado Principio Precautorio, inserto en la Ley 25.675 “General del Ambiente” (LGA), sancionada por el Congreso en noviembre de 2002.

En el apartado “Principios de la política ambiental”, el artículo 4 de la ley expresa que la interpretación y aplicación de la ley y de toda normativa que regule el accionar de la política ambiental, estarán sujetas al cumplimiento de los diez principios que enumera, entre los que se cuenta el Precautorio, entendido así:

 

Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas (…).

 

Según estiman las abogadas patrocinantes, el Principio Precautorio ha ido más allá del Principio de Prevención, dado que este último “opera sobre la certidumbre mientras que la precaución carece de certidumbre; lo que permite agravar la protección en la aplicación del principio precautorio frente al prevención”.

A fojas 56 de la Acción de Amparo se cita un fragmento de un trabajo de investigación desarrollado por Montenegro y el FUNAM, en relación con la Subestación Sobral. A causa de las mediciones efectuadas en las proximidades de la subestación por técnicos del Laboratorio de Alta Tensión de la Universidad Nacional de La Plata, Montenegro advierte que:

 

En las actuales condiciones tecnológicas de la Subestación y del tendido, la única protección posible es una distancia que proteja  a las personas de campos magnéticos iguales o superiores a 0,3 uT. En general, se asume que el tendido subterráneo de líneas de 132 kV aumenta la exposición, pues la distancia entre el eje de conducción y las personas es mucho menor en comparación con el aéreo.

Los campos eléctricos pueden ser atenuados por árboles, cercos elevados, edificios y otras grandes estructuras. Los campos magnéticos, en cambio, sólo son atenuados por estructuras que contienen gran cantidad de materiales ferrosos o mezclas especiales de metales.  Viviendas, árboles y otros objetos no metálicos  no actúan como pantallas protectoras para los campos magnéticos.

La revisión de bibliografía disponible es clara y contundente; no ha logrado demostrarse que los campos magnéticos producidos por líneas de alta y media  tensión, antropógenos, sean inocuos.

 

En este marco y con los antecedentes obrantes en el amparo, y tanto más en la realidad de la Subestación Sobral (84 muertos de cáncer y 116 enfermos en las cercanías), sería nefasto para los vecinos de Berazategui que la justicia resuelva autorizar la continuación de las obras, por lo menos tal y como se han desarrollado hasta su paralización; al margen, claro está, de las irregularidades que impregnaron a todo el proceso desde su inicio y a la precariedad de las habilitaciones.

Sin embargo, a pesar de las abrumadoras consideraciones precautorias mencionadas en el amparo, del antecedente de Sobral, de la inexistencia de controles efectivos por parte del Estado, “de un ENRE que aprobó cualquier cosa, de un intendente que habilitó todo y luego esgrimió un tardío decreto de paralización de obras fácilmente apelable”, la causa da menos esperanza que señales de alarma. Rápidamente, el Juzgado 4 se declaró “incompetente por conexidad” y despachó todo al J2; sin embargo, la abismal distancia de 300 metros que separa a ambos juzgados y la burocracia judicial, prometen demorar por tiempo indeterminado la remisión del expediente.

Por su parte, EDESUR solicitó al juez que intime a la SPA a que presente el informe definitivo de Impacto Ambiental: el juez accedió al requerimiento el mismo día. No es redundante ni conspirativo afirmar con los vecinos que “la justicia parece tener tiempos distintos según quien peticione”.

   

Asamblea permanente y vigilia activa

En tanto los vecinos esperan a ese viejo tren de carga que es la justicia argentina, los escraches a EDESUR continúan y los pobladores trabajan por mantener vivo el tema en las calles de Berazategui, a la vez que no se cansan de denunciar la falta de voluntad política para resolver el problema.

En la esquina de 21 y 145, un mural recuerda la represión del 5 de mayo.  

Los vecinos continúan reuniéndose semanalmente, a menos que haya “urgencias”; las asambleas no bajan de 60 participantes, llegando en momentos álgidos a superar los 300. 

 “La empresa tiene una postura firme: poner la subestación; los vecinos también estamos firmes: no la queremos –enfatiza Palacios-.  ¿Qué ocurrirá? La represión de mayo, contrariamente a lo pensado, generó más conciencia, pero también impotencia e indignación. Llegado el caso, cada uno va a hacer lo que le parezca y no va a pedirle permiso a otro vecino; esto es explosivo, sin duda. Es más difícil sobornar a un vecino que a un político”.

José Bustos es profesor de Historia y fue uno de los heridos durante la represión de mayo: “nos mantenemos en una actitud de alerta activa y permanente”, y continúa: “no se quiere sentar jurisprudencia de que un movimiento ambiental de vecinos movilizados corrieron una subestación; tampoco le interesa a las autoridades políticas que un grupo vecinal le gane una pulseada a una empresa pública privatizada; si esto prospera sentará un precedente y EDESUR no podrá hacer lo que quiera”.

“Seguiremos la lucha hasta las últimas consecuencias”, insisten los vecinos.

            

Por el momento, los trabajos están paralizados, pero el temor que cunde en la zona no es infundado.

Por el momento, la luz mala seguirá apareciendo, tomando otras formas más sutiles y peligrosas, para las que no valen el rezo temeroso del paisano, el cuchillo en la boca o el cambio de camino. ¿Qué hacer cuando el mal invisible está sobre el hogar, todos los días? ¿Qué hacer cuando los responsables de estas luces malas no son las almas en pena que vagan, sino políticos y empresarios desaforados, avalados por una estructura sistemáticamente perversa?

 

      Al cierre de esta edición de Extramuros, VAV informó que, como se temía, finalmente llegó el informe de IA remitido por la Secretaría de Política Ambiental, favorable a la continuidad de las obras. La SPA encuentra que EDESUR “está dentro de la normativa”; el problema es que la normativa argentina está peligrosamente desactualizada.

 

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