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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año III, Nº VII                                                                                              Enero – Marzo de 2007 

 

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Índice de Abuelidad: el ADN al servicio de la gente

 

 

por Solange Matoffi y Raúl Perea

 

 

 

 

La historia de la modernidad nos muestra que los progresos en la ciencia –como en muchos otros aspectos- no son neutros. Estos han servido para salvar millones de vidas como sucedió con la invención de la penicilina, o para destruirlas por cientos de miles, como es el caso de las bombas atómicas. La genética no escapa a esta realidad; sus recientes desarrollos, asociados a conceptos como “manipulación” o clonación, despiertan sospechas en importantes sectores de la sociedad. Sin embargo, existe un camino recorrido en el que su aplicación va en el sentido de preservar y favorecer la vida, como lo demuestra su uso por los organismos de derechos humanos argentinos.

 

 

 

 

 

La última dictadura militar en Argentina utilizó el recurso represivo de la desaparición forzada de personas; una de las consecuencias de este genocidio planificado lo constituye el drama de los niños nacidos en cautiverio durante la detención de sus padres, habiéndose contabilizado más de quinientos casos.

Distintos organismos de derechos humanos como Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo, o la organización Hijos, siguen buscando, tratando de que aquellos niños, hoy adultos, conozcan su verdadera identidad que les permita reconocerse como seres plenos frente a ellos mismos y frente a la sociedad.

Es sabido que no existe la posibilidad de cambiar, suplantar o suprimir la identidad de un individuo sin provocar daños gravísimos en su persona, que al ser despojada así de sus raíces, su historia familiar y social y su nombre, deja de ser quien es sin poder transformarse en otra. Sin embargo, los militares lo intentaron: en la mayoría de los casos los bebés eran arrancados de sus padres y otorgados en adopción a familias afines al régimen dictatorial. La idea era realizar con esos niños una especie de “reconversión”, ya que sus padres biológicos –personas de izquierda e ideas revolucionarias- no los “contaminaran” con sus ideales al crecer con ellos.

La movilización y la lucha de los organismos de derechos humanos y de un importante sector de la sociedad permitieron desarrollar una mayor conciencia sobre este drama, y lograron también el resultado concreto de localizar una importante cantidad de bebés apropiados. Entre los 83 niños desaparecidos que se han recuperado hasta hoy, hay tres tipos de casos: los que han aparecido muertos por asesinato, porcentaje por suerte muy bajo; los niños que han sido adoptados de buena fe; y los niños apropiados por integrantes de las Fuerzas Armadas o gente afín al régimen de Rafael Videla (que constituyen la gran mayoría). Esta lucha cuenta también con una importante cuota de investigación apoyada en procedimientos científicos, cuestión ésta que se intenta recalcar aquí.

La agrupación Abuelas de la Plaza de Mayo tiene un equipo de investigación para conseguir la documentación de las personas a partir de la recepción de una denuncia; se abre entonces una causa judicial en la que son convocados los implicados. A los hijos de desaparecidos se les hace una prueba de ADN. Se han presentado varios casos en que se aceptan las pruebas voluntariamente, y otras en que es el juez quien les ha obligado o, por el contrario, hay casos en que el juez ha dictaminado que no se puede obligar a determinada persona a que se haga la prueba del ADN.

Pero más allá de este importante dilema ético y jurídico, interesa rescatar ahora el rol que juega el ADN. A éste se lo puede considerar un almacén de información que se trasmite de generación en generación, conteniendo toda la información necesaria para construir y sostener al organismo en el que reside. Al igual que las huellas digitales, poseemos una huella genética, tenemos un genoma, un ADN exclusivamente nuestro.

Ahora bien, esta cuestión no data de tantos años; fue descubierta por Alec Jeffreys de la Universidad de Leicester (Estados Unidos), en 1985. Dicho de otro modo, la joven huella genética, que apenas tiene 20 años, ya es utilizada como método de identificación universal.

En un comienzo, Jeffreys y su equipo pensaron que estas huellas se podrían utilizar en algunas aplicaciones como los casos criminales, de paternidad, o en la identificación de gemelos verdaderos, así como el trabajo en conservación y diversidad en especies no humanas. La aceptación de la huella genética como método forense, en casos criminales, tardó bastante. La condena de una persona sobre esta base fue considerada durante años demasiado aventurada; sin embargo, el perfeccionamiento y la normalización del método han llevado a su aceptación universal.

         Esta técnica permite corroborar el parentesco con una exactitud de casi el 100%. El ADN para estos estudios se puede obtener del hueso, tejidos o pelos de los individuos. Representa una especie de “documento biológico” que nos identifica como seres únicos (a excepción de los gemelos univitelinos). La propiedad biológica genética es estable, objetiva y perfecta.

Pero ¿qué sucede cuando los padres no están presentes para la realización de este tipo de pruebas? En este sentido, las Abuelas de Plaza de Mayo ha contribuido al trabajo de averiguar si existía algún método específico para determinar la filiación de un niño en ausencia de sus padres.

En Estados Unidos, el Dr. Fred Allen, del Blood Center de New York y la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia de Washington, posibilitaron la realización de esos estudios, desde que encontraron un método que permite llegar a un porcentaje del 99,9 % de probabilidad mediante análisis específicos de sangre. En este sentido, brindó un valioso aporte la Dra. Mary Claire King y el Dr. Cristian Orrego de la Universidad de Berkeley de Estados Unidos. El resultado de ese estudio fue denominado, no casualmente, Índice de Abuelidad.

Este método consiste en la Investigación de, por un lado, el grupo sanguíneo y el RH; la histocompatibilidad (HLA, A, B, C, DR); la investigación de isoenzimas eritrocitarias y, por último, la investigación de proteínas plasmáticas. Y se debe destacar además que en los últimos años el método del Polimorfismo de ADN simplifica aún más la tarea de identificación.

El actual gobierno argentino ha creado, a petición de Abuelas de Plaza de Mayo, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, institución a la que se acercan todas aquellas personas que tienen dudas acerca de su origen, y que ha facilitado en mucho el proceso de búsqueda e investigación, y permitido a los organismos de derechos humanos continuar los procesos judiciales con un mayor apoyo del Estado. También por iniciativa de Abuelas se ha creado el Banco Nacional Genético, una entidad pública que permite que se realicen las pruebas de ADN sin costo alguno para quien las solicita.

La fortaleza de una sociedad se demuestra cuando buscándose a sí misma, en el afán de no perder sus sueños, sus proyectos, su identidad que permanentemente intentan serle arrebatados, logra avances significativos a la hora de mejorar y preservar la vida. La ciencia tiene mucho que decir al respecto.

 

 

 

 

Foto:

 

Fuente: http://www.abuelas.org.ar/

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