Colectivo de Redacción                                      Números editados                                               Nexos

Extramuros
Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año III, Nº VII                                                                                       Enero – Marzo de 2007 

 

Volver a portada


Todo de nuevo

Entrevista con Alipio Freire

 

 

por Juan C. Benavente

 

 

 

 

 

 

 

Pasado el ritual de conversar y saludar a los panelistas, el Salón Auditorio de la Universidad Nacional de Quilmes quedó vacío; casi. Una luz cenital, íntima y propicia para viajar por la memoria, dibujaba las siluetas de quienes dialogaron algunos minutos. En ese diálogo, volvieron los recuerdos nunca extraviados de un luchador brasilero que no vacila en afirmar que “repetiría todo de nuevo”, aunque ello no espanta la autocrítica táctica realizada hace ya 30 años. Ese hombre de hablar pausado, casi monástico, que saborea cada palabra pronunciada tanto como sus cigarrillos, es Alipio Freire, uno de los fundadores, aunque ahora alejado,  del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil. Profesor de Historia del Arte y del Brasil, periodista y profesor de periodismo también, este intelectual de 61 años, oriundo del Estado de Bahía, es un sobreviviente de la organización marxista Ala Vermelha, a la que recuerda con vívida nostalgia y orgullo. Cabal, consecuente con su pensamiento y sereno en sus razonamientos, Freire no apagó nunca la llama encendida hace más de cuatro décadas, que lo llevó a luchar para  cambiar el mundo.

 

 

 

      Extramuros: Le propongo viajar a aquel pasado “romántico” de los años ´60 y traer aquí lo que pensaba ese muchacho de veinte años de edad que, en un punto de su vida y de su militancia política, decidió tomar las armas para profundizar el proceso de cambiar el mundo.

      Alipio Freire: Hablar de uno no es posible si no tenemos el clima del momento. Vivíamos un mundo de posguerra, polarizado por la Guerra Fría, y al mismo tiempo, por la influencia de los EE.UU., un mundo muy antifascista, acababa la guerra contra Hitler y Mussolini. Además, en Brasil, yo pertenecía a la primera generación de brasileros criados en un período de relativa democracia, que va desde 1945 –año en que nací- hasta 1964. En la Guerra Fría, se daban las luchas por la libertad nacional y descolonización de países de África y Asia, que emergían luego de ser colonias, como Egipto, India, Indonesia y Yugoslavia, que si bien proponían un capitalismo nacional, abrían otro espacio de negociación en el mundo. Vivíamos un momento en el que salíamos de la Revolución china, de la cubana, de la argelina. Y más: había un pueblo chico que le estaba dando la mayor tunda política y militar al mayor imperio del planeta.

 

      EM: Vietnam...

      AF: Así es, y todo era posible para nosotros... Había una ebullición internacional, era un momento que de repente parecía que acordáramos que no nos servía –mi generación fue formada en una crítica de izquierda- el socialismo soviético.

 

      EM:  En esa época Ud. era estudiante...

      AF: Yo era estudiante de periodismo. Cuando el golpe, yo hacía el curso en el colegio (una instancia anterior a la universidad). Nuestro país vivía una efervescencia política muy fuerte. El gobierno que fue depuesto por los militares tenía un conjunto de propuestas de interés popular sumamente profundas; no era socialismo pero constituían un cambio profundo. En ese tiempo yo no tenía muy claro lo que sería el socialismo –tu tienes 17 años y empiezas a entender pero no entiendes mucho- y había un gobierno que asumía sus propuestas; el clima era que las cosas cambiarían para mejor. Más: el existencialismo sartreano tuvo una gran influencia en mi generación y en mí en particular, antes de volverme marxista. Como tu preguntas cómo de repente te vas, yo me voy por todo esto: es la idea de tener el destino en mis propias manos, eso fue muy fuerte para todos nosotros.

 

      EM: Respecto de todo este clima de época –una cosa es imaginarlo, otra muy distinta vivirlo-  y tanto en Brasil como en otros países lo que aceleró el proceso de los levantamientos armados populares  y de las guerrillas fue el golpe militar...

      AF: Ocurrieron cosas que los militantes del Partido Comunista ortodoxo, pro soviético, fingen que no existieron: Cuando, en el XX Congreso del PC Soviético, a mediados de los ´50, Krushev habla de la coexistencia y transición pacíficas, sobre todo la cuestión de la transición pacífica, hizo explotar un nuevo debate. La cuestión de la violencia revolucionaria se colocaba en el debate inmediato: primero, es una tesis de los socialistas revolucionarios del s. XIX; sabíamos que los grandes cambios se rompen sin enfrentamientos; teníamos cerca la Revolución China, la Cubana, Argelia y a las guerras de liberación. Se dijo: hay que abrir confrontación: eso polarizó y fermentó en los ´50 y puso en el orden del día esa discusión. Después con los golpes militares se crea una situación, una base material para eso, muy fuerte. Hay un problema: una cosa es saber que hay confrontación, y otra es definir la forma de esa confrontación. Y la definimos con las guerrillas, con variantes tácticas y con variantes estratégicas, para algunos la guerra popular  prolongada...

 

      EM: En Argentina,  un discurso fuerte del Proceso fue aquel de que era necesario tomar el poder para pacificar el país y combatir a las guerrillas, cuando, para 1976, las guerrillas prácticamente estaban desarticuladas. En Brasil las guerrillas fueron posteriores al golpe, hubo otro discurso...

      AF: Las guerrillas fueron posteriores al golpe. Algunas organizaciones empezamos a discutir, tipo las ligas campesinas, pero no había guerrilla. El gran discurso del golpe era el gran discurso de la Guerra Fría: todo lo que era la orden de EE.UU, de lo que se llama occidente, democrático y cristiano. El golpe militar en Brasil,  había sido tentado, pero fue abortado porque Getúlio (1) se suicidó...

 

     EM: Hubo varios intentos de golpe...

     AF: Sí. ¿Qué aconteció en Brasil? Después de la guerra (II GM) se generaron dos grandes programas que originaron proyectos diferentes: uno, un proyecto de desarrollo basado en la concentración de renta y subordinación al gran capital norteamericano; el otro, un proyecto de desarrollo nacional, basado en la distribución de la renta y con una política internacional independiente; esos proyectos se fusionaron durante entre los años  1945 a 1964; el proyecto de la derecha intentó golpes hasta que lo consiguió en 1964. Volviendo al discurso dominante, era esencialmente moralizante y anticomunista,  se decía que los comunistas eran “gente que quiere destruir la familia”.

 

 

Golpe a golpe, llegó el gran golpe

 

Entre 1945 y 1964 se produjeron cinco tentativas de golpes de Estado. Tras el crecimiento de las tensiones políticas, finalmente en 1964 los militares toman el poder en la autodenominada Revolución, un movimiento surgido para restaurar la estructura semicorporativa del país. Recién en 1985, los militares dejan el gobierno de Brasil.

 

 

      EM: Ahora, dentro de lo que Ud. conoce de la situación en Argentina ¿qué similitudes y diferencias pudo encontrar entre la dictadura del Brasil y la nuestra de 1976?

      AF: Como comenté en la charla, en el golpe militar brasilero de 1964 los partidos se fueron, y nuestro movimiento sindical estaba organizado de una manera. No hubo una resistencia al golpe a nivel de masas ni de partidos. Eso es diferente en Argentina y eso es fundamental para lo que va a venir después: tienes 30.000 desaparecidos aquí, nosotros entre 400 y 500...

 

      EM: Muy rápidamente aplastaron a las guerrillas y se acabó la resistencia.

      AF: Sí, en el ´74 no había más guerrillas.

 

      EM: Cuando Ud. salió de prisión...

      AF: Así es, para entonces, no había ninguna resistencia armada. Cuando se produce el golpe en Argentina (de 1976) y el endurecimiento, nosotros estábamos ya en otra situación; empieza lo que ellos llamaron la “apertura”, la “distensión”...

 

      EM: La transición...

      AF: La transición, se produjo una crisis petrolera, el modelo se agotó y las alianzas que ellos hicieron para imponer su proyecto se empezaron a quebrar ya, incluso, antes de 1970.

 

      EM: Respecto de nuestra dictadura del ´76, ciertos sectores de la Argentina afirman que la dictadura “limpió el terreno” para el neoliberalismo; la dictadura destruyó toda forma de resistencia popular a la vez que agudizó el quiebre del sistema productivo y favoreció la llamada “patria financiera”. ¿En Brasil se dio esta destrucción del aparato productivo?

      AF: La dictadura del Brasil no descuida la producción, y a la vez, se hacen inversiones en obras viales, de infraestructura y comunicaciones. En los últimos dos gobiernos militares, los préstamos pedidos al Banco Mundial empiezan a tener las características del neoliberalismo, antes no.

 

      EM: Hablamos de finales de los años ´70...

      AF: Sí. También hay otra cosa: el papel asignado a Brasil  por el gran capital internacional fue, y continúa siendo,  el de gendarme, el de policía de América Latina. Y eso hizo que Brasil no se destruyera tanto; ellos (el capital internacional) quieren que Brasil tenga una política subimperial para América Latina, y eso es complicado: no se puede funcionar como gendarme con una economía destruida, podrán direccionarla, pero no van a hacer lo que hicieron con Argentina y Chile. Por eso fue la primera dictadura dura del cono sur, y fuimos nosotros quienes pasamos tecnología y técnicas y conocimientos sobre torturas a Argentina, Chile y Uruguay, para preparar a los exterminadores no sólo del Brasil, sino también de esos países, existen pruebas de eso...

 

      EM: Este aspecto “formativo” de los militares brasileros no suele ser lo que más se ventila, sino que los argentinos se entrenaron con gente de la CIA y con franceses, éstos últimos devenidos en “expertos” a partir de la experiencia argelina.

      AF: Se sabe poco, pero se sabe. Como tú dices, sí, fue importante la experiencia francesa.

 

      EM: Retomando la comparación...

      AF: Esas son algunas diferencias que yo veo y que hoy nos dan situaciones distintas en ambos países. Tener 30.000 desaparecidos en una población de 25 millones (en Argentina) es una cosa muy diferente a tener 400 o 500 con una población de 120 millones. Además, fue diferente el papel de las organizaciones de derechos humanos. Yo sé que hay una discusión con las Madres por el apoyo que le dan a Kirchner, pero fueron esas mujeres las que permitieron también que la memoria de esos tiempos pasase a los jóvenes de hoy; en Brasil no se dio ese pasaje.

 

      EM: ¿No existe ni existió ningún proceso judicial por esos 400 o 500 asesinatos?

      AF: Sí, pero no son cosas que la sociedad acompañe ni que participe. Son militantes, miembros de partidos o familiares de desaparecidos que son pocos en Brasil. Jamás se colocó la posibilidad de llevar a la justicia a un torturador o a un comandante de un regimiento, eso también es diferente.

 

      EM: Algo así como que está más instalada en la sociedad argentina la consigna de juicio y castigo...

      AF: Aparte de nosotros mismos, de los militantes de izquierda, de los jóvenes familiares de desaparecidos que son militantes de izquierda, algunos estudiantes, o los militantes de los movimientos, no hay una conciencia social de eso. Y más, hay un problema que me incomoda mucho de Brasil: se creó en vastos sectores una visión de que los muertos, los presos, los torturados, fuimos víctimas inocentes, jóvenes inocentes. No hay nada de inocencia, fuimos derrotados. La otra cosa que me gusta muy poco –y los movimientos tienen mucho de eso- es vendernos como héroes, no se trata de héroes, y cuando tú dices que fue un héroe, lo pones en un tapete; esas son cosas que hicieron y hacen personas...

 

      EM: Son acríticos...

      AF: Sí, y también es decir que “ustedes son mortales y no se van a meter en tales cosas”.

 

      EM: Volvamos a ese muchacho de diecisiete o veinte años, allá en los ´60, y al hombre que estará un tiempo en Argentina, ¿qué pasó, qué no pasó y que pasará?

      AF: No pasarán... (risas). Yo creo que escogí el mejor camino para mí. No soy un hombre realizado, porque no hay un hombre realizado con este grado de explotación que todos conocemos. Pero desde el  punto de vista personal, haría todo de nuevo, lo repetiría; creo que dentro de todo lo que era posible escoger, escogí siempre lo mejor, y yo creo que nuestra generación fue una generación de muchos privilegios, a pesar de la violencia y de todo lo ocurrido, porque vivimos momentos de grandes esperanzas, de sueños colectivos. Debo decir una cosa que es un tanto pesada: no me gustaría ser joven hoy, es muy difícil la vida de un joven, no hay sueños colectivos, no hay empleo ni hay perspectiva, no hay grandes esperanzas. Ese joven de mi generación tenía todo ese gran bagaje, aunque algunas fueran quimeras. Pero no vivimos imaginaciones, imaginamos siempre, el hombre no vive sin imaginación y la imaginación se contagia. Después conocí a la mujer con la que estoy casado desde hace 32 años, que también estaba en la cárcel. Yo hice todo lo que acredité en mi vida y lo continuaré haciendo. Siempre me preguntan acerca de la tortura: por supuesto no es buena -yo estoy contra la tortura no importa quien la practique-; doler, dolió, pero yo no tengo problemas en hablar de ello, de recordar, yo creo que en mí la tortura me hizo lo que debía hacer, y cuando yo digo esto, no digo que soy un persona virtuosa, digo solamente que soy una persona privilegiada. Sin duda, yo repetiría todo de nuevo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Notas:

 

1. Getúlio Vargas (1882-1954) es considerado el político más importante e influyente del siglo XX en el Brasil. Cuatro veces Presidente de la República entre 1930 y 1954, el padre de los pobres llevó adelante un populismo, caracterizado de fascista, con una importante política de avance en los derechos de los trabajadores. Obviamente, esto fue criticado por la derecha política con el argumento de aumentar el “costo Brasil”, por la “sobrecarga” a las empresas, lo que, según ellos, produjo inflación y desocupación. También fue criticado por ese sector el intervensionismo estatal, que subsistió hasta el gobierno de Fernando de Collor de Mello (1990-1992). Getúlio, que solía iniciar sus discursos con el célebre “Trabalhadores do Brasil”, dio un fuerte impulso a la industrialización  y a la modernización del Estado brasilero y a las leyes en general. No obstante, supo cerrar el Congreso Nacional, abolir a los partidos políticos y crear una constitución que le confirió la suma de poderes (Legislativo y Judicial) durante el Estado Novo (1937-1945). Reprimió duramente al comunismo después de la denominada Intentona Comunista de 1935, y se suicidó tras una crisis política en 1954.

 

 

Fotos:

 

Gentileza Guido Galafassi

Volver a portada



Secretaría de Extensión Universitaria - UNQ