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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año III, Nº VII                                                                                                Enero – Marzo de 2007 

 

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Nombres de Hombres

 

 

Por Raúl Perea

 

 

 

 

Lentamente la lluvia había comenzado a inundar la avenida Triunvirato, el Parque de la Cervecería. El barrio y sus alrededores son una de las zonas más verdes y diáfanas de Quilmes, y por eso, las hojas y ramas de los árboles junto a la ineficiencia municipal, ayudaban a que las alcantarillas se taponaran fácilmente.

Lo gris del día, la persistencia del agua y los vidrios polarizados de la cuatro por cuatro, disimulaban perfectamente a los dos hombres en su interior. Llevaban allí estacionados hora y media, a cuarenta metros de la radio local FM “Ahijuna”.

 

—Che, la zurdita esta no aparece más —afirmó el de la voz ronca.

—¿El programa se llamaba “Memoria Colectiva”, ¿no? —preguntó el que estaba al volante.

—Sí,  hace media hora que comenzó y esta pendeja no aparece...

 

Tenían sintonizada la frecuencia de la radio, que quizá por esas cuestiones extrañas del éter, o quizás por la cercanía, se escuchaba con absoluta claridad a pesar de la lluvia.

No ocultaban su ansiedad a pesar de que ellos estaban acostumbrados a esperar. Esperar agazapados a su presa, en penumbras, como en aquel lluvioso día. No había temor, pero sí nervios, quizá porque añoraban la impunidad de antaño, o quizá porque aún resonaba en sus cabezas la voz del Jefe. Las indicaciones habían sido, como en otros tiempos, muy precisas:

La suben a la camioneta, le pegan un susto, y la dejan de nuevo cerca de la zona, si vuelve a la radio a hablar en esas condiciones, mejor todavía. Repito, le pegan sólo un susto, es importante que me traigan todos los papeles que lleva encima. Nombres de hombres, yo le voy a dar, venir a amenazar con revelar nombres de hombres.

 

Aquella lucha aún se libraba, no sólo en la mente de hombres y mujeres; se libraba en la calle. No tan desigual como antaño, con tanto terror explícito, pero se libraba.

Emilia lo sabía muy bien, había nacido en la ESMA, y, aunque lo supo recién a los catorce años, prueba de ADN mediante, lo presintió siempre, lo llevó en sus entrañas desde la cuna.

Aquel programa de Radio Ahijuna lo había anunciado toda la semana, Emilia había pedido un espacio del mismo para leer un escrito, al que había titulado “Nombres de hombres”. Quizás nombres de aquellos que participaron en la represión durante la dictadura militar, la desaparición de personas, de bebés. Que no tan curiosamente habían sido en su absoluta mayoría… hombres. Entonces, ese día, lluvioso, en un hermoso lugar de Quilmes, se libraba de nuevo la batalla.

 

—¿Qué hacemos? ¿No habrá entrado por otra puerta? —inquieto ya, se revolcaba en el asiento el grandulón ronco.

—Pará, pará, esperamos quince minutos más y lo llamamos al Jefe.

Pero el ronco no se calmaba, pensaba por qué razón el Jefe se había empecinado en realizar la “tarea” con aquella espectacularidad, levantarla de la puerta de la radio… era demasiado.

Pero es la batalla que todavía sigue—, se consolaba.

—No alcanzó con el secuestro del jubilado platense… hay que seguir peleando... para que sepan, estos zurdos de mierda.

La voz de la locutora interrumpió aquellos pensamientos tan “profundos”.

“—Nuestra invitada especial del día, Emilia, nacida en la ESMA y militante de HIJOS, nos ha enviado un mail, explicando que debido a la lluvia, no pudo llegar desde La Plata para participar de nuestro programa. Pero nos ha hecho llegar su poema titulado “Nombres de Hombres”, que dice así:

 

“Porque tu voz fue la mía,

cuando de tu cuerpo me arrancaron

mi primer alarido retumbó

en esa frialdad tan conocida.

Porque tu sangre me pertenecía,

también fue mío tu dolor…

Dolor que fue del parto

y demasiado… del terror.

Y aunque los monstruos de mis pesadillas

tengan rostros humanos… todavía,

viven en mi tus sueños

aquellos por los que diste la vida.

Esos rostros tienen nombre,

apellidos conocidos,

y por la muerte trabajan

día tras día.

Pero mancillar tu nombre no han podido

ni tampoco la memoria colectiva,

andan por allí escondiéndose

escapándole a la vida”.

 

 

—Pero mirá ronco, ¡tanto quilombo por un poema pelotudo!

El ronco se había comenzado a reír como nunca, como desahogando los nervios y la impaciencia primero, y luego, con aquella risa temible de bestia conforme que supo retumbar en tantas soledades nocturnas…

—Increíble —dijo— ¡un poema de mierda!

 

La camioneta arrancó, el agua se abría en grandes estelas a su paso. El ronco iba a apagar la radio cuando el informativo lo detuvo. Estaba anunciado el fallecimiento de Augusto Pinochet Ugarte, justo en el día Internacional de los Derechos Humanos.

Viste ronco, hay que seguir peleando.

 

 

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