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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año III, Nº VII                                                                                           Enero – Marzo de 2007 

 

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Historia de dos sociedades

 

por María Julia Cerrudo

 

 

 

 

El autor que vivió y escribió en la plenitud del periodo victoriano y la Revolución Industrial en Inglaterra dio a sus novelas una dosis de realismo que mucho tiene que ver con la denuncia de las instituciones y el compromiso con las “víctimas” de un sistema capitalista que por esos años comenzaba a mostrar su cara más atroz.

 

 

 

 

 

 

Hace meses vimos pasar una de tantas otras navidades. La literatura, el cine y la televisión han aprovechado, quizás en exceso, la existencia de una fiesta tan significativa para la cultura occidental con el fin de repartir enseñanzas de bondad y recordar a los pesimistas y desamorados que en Navidad es posible, y muy recomendable, cambiar para bien. Una de las historias que más repercusiones tuvo en este sentido fue el famoso “Cuento de Navidad”, de Charles Dickens. El relato del anciano avaro que durante la Navidad es visitado por tres espíritus que lo ayudan a convertirse en una persona bondadosa y agradable fue escrito en 1843 y desde entonces se ha multiplicado en numerosas adaptaciones, aunque siempre conservando intacta su enseñanza central.

Toda esta cuestión quedaría en el anecdotario de los cuentos célebres si no fuera porque la obra de Charles Dickens no se reduce a tramas ficcionales exitosas y mundialmente reconocidas. El autor de “Grandes Esperanzas”, “Historia de dos ciudades”, “David Copperfield”, “Tiempos difíciles” y “Oliver Twist”, por citar sólo algunos de sus trabajos más leídos, hizo de su prosa un terreno para dejar traslucir su visión crítica de la sociedad moderna de su época. El autor que vivió y escribió en la plenitud del periodo victoriano y la Revolución Industrial en Inglaterra dio a sus novelas una dosis de realismo que mucho tiene que ver con la denuncia de las instituciones y el compromiso con las “víctimas” de un sistema capitalista que por esos años comenzaba a mostrar su cara más atroz.

 

 

El lado oscuro

 

En tiempos en que la Revolución Industrial se mantenía en auge y los progresos que anunciaba se hacían eco en el aumento de la población y el crecimiento acelerado de las grandes metrópolis, el mérito de Dickens consistió en advertir la contracara de este monstruoso fenómeno: Aumentaba la población, pero también aumentaban los niveles de pobreza y de explotación; el sistema capitalista se expandía, pero las instituciones modernas abundaban en fallas y debilidades.

Como autor perteneciente a la clase media-baja de Inglaterra, Charles Dickens retrató los grandes problemas de la sociedad victoriana, muchas veces de una forma irónica y sin olvidarse de caracterizar los prejuicios inherentes a las diferentes clases sociales. Es importante señalar que la mayor parte de estos problemas continúan existiendo en nuestra sociedad y se han acentuado a lo largo de todo este tiempo. Quizá ésta sea una de las tantas razones por las que sus novelas contienen elementos fácilmente reconocibles en la sociedad de hoy en día, salvando las diferencias de tiempo y lugar. Nuestra sociedad es producto de aquélla en la que Dickens vivió, y si bien hoy no resulta novedoso decir que la enseñanza escolar está en decadencia, a mediados del siglo XIX, cuando la institución “escuela” no estaba aún del todo definida y recién se establecía como institución moderna, criticar el sistema educativo era, seguramente, una tarea arriesgada.

Sin embargo, la actividad crítica y concientizadora de Dickens trascendió sus novelas y llegó a ocupar gran parte de su vida social como ciudadano. A lo largo de su vida, editó varios periódicos en los que se entremezclaban sus escritos de ficción con sus observaciones a favor de la reforma del sistema educativo, la salud pública y el sistema legal, entre otros. Solía ofrecer lecturas públicas de sus textos más aclamados y con este fin realizaba giras por su país y fuera de él: Fue de esta manera que llegó a visitar los Estados Unidos, en donde mostró su apoyo a favor de la abolición de la esclavitud.

Dickens no se lanzaba en contra de un gobierno o sistema en particular: su compromiso social pasa por la denuncia de las miserias de la humanidad y de cómo éstas aparecen en diferentes lugares y situaciones de la vida en sociedad.

 

 

El compromiso convertido en novelas

 

El sentimiento que suele acompañar la denuncia en las obras de Charles Dickens es la indignación. Muchas veces, cuando en sus novelas se presenta la crueldad, el egoísmo, la violencia o el rechazo, el narrador guía al lector hacia una interpretación de los hechos poblada de juegos de valor y apreciaciones. Es cierto, por otra parte, que muchos de sus argumentos suelen caer en la trampa de los autores más leídos de la época, que escribían, en gran medida, en función de lo que exigía la demanda del público. Pero eso no quita que sus historias hayan estado construidas de forma tal que siempre haya espacio para la reflexión y la crítica, más allá de lo que ocurra entre los personajes.

Es así que, por ejemplo, Grandes Esperanzas, una de sus últimas y más célebres novelas, aborda la temática de las clases sociales y sus diferentes prejuicios, lo que conlleva, en última instancia, a la división y al rechazo entre sus integrantes. La división es traducida en términos de violencia social en la novela histórica Historia de dos ciudades, al momento de describir París en tiempos de la Revolución Francesa. Y esta violencia social es mostrada con toda su ferocidad y en pleno apogeo. Siempre se trata de una violencia producto de la pobreza y la opresión que aquejaba a los parisinos. La multitud actuaba uniformemente, motivada por un sufrimiento común. Sin duda, las consecuencias de estas acciones colectivas no llevaron la historia a un final completamente feliz.

Uno de los grandes temas que ocuparon el pensamiento crítico de Dickens ha sido la educación. La educación era vista por él como un problema social. En primer lugar, se manifestó en contra de los golpes a los alumnos por parte de sus maestros, y esto quedó asentado en su novela presuntamente autobiográfica, David Copperfield. Otra de sus preocupaciones en cuanto al sistema educativo era la falta de escuelas. En pueblos pequeños en donde no existían escuelas, los niños de clase media-baja, representados por el personaje de Pip, de Grandes Esperanzas, llegaban a recibir una educación nula o pobre a manos de una mujer del pueblo que se las rebuscaba como maestra particular.

Un tema recurrente a lo largo de toda la obra de Charles Dickens son las prisiones. Esto no es casual, debido a que en su época estaba vigente la ley que castigaba a los deudores con la cárcel, y su propio padre fue enviado a prisión por este motivo. Dickens conoció en su juventud y muy de cerca las condiciones de vida de estas instituciones modernas, y esto le permitió posteriormente denunciar los abusos que veía. En Grandes Esperanzas esta denuncia se vuelve concreta por medio de la descripción de uno de los personajes principales, Abel Magwitch, un presidiario que nunca termina de rehabilitarse. A pesar de haber pasado gran parte de su vida en la cárcel, nadie se responsabiliza por ayudarlo a cambiar de modo de vida. Es así que cae en un círculo vicioso de crimen y castigo, del que nunca logra salir del todo.

La pobreza también es retratada en sus novelas. Quizá la más representativa en este sentido sea Oliver Twist, que se centra en torno a la vida de un niño huérfano que sufre diferentes maltratos desde que está en el orfanato hasta que cae en manos de una pandilla de ladrones, aunque finalmente goza de la protección de su nueva familia. Oliver Twist aparece como un chico literalmente golpeado por la pobreza, y sobre todo por las agresiones de parte de una institución que debería hacerse cargo de él: el orfanato. Las fallas de los orfanatos modernos son, como puede verse en esta novela, la causa de que un chico como Oliver Twist (que podría ser cualquier chico huérfano de cualquier ciudad), sufra tantos vaivenes de incertidumbre y abandono en su vida. Esta misma novela ofreció a los lectores prejuiciosos una mirada humanizada de las prostitutas, bajo el personaje de Nancy, la chica que se solidariza con Oliver.

 

 

Repercusiones

 

Todos los ejemplos dados no son más que muestras de cómo la realidad puede entrar hasta en los lugares privilegiados de la ficción, como es el caso de las novelas de Charles Dickens. Sus libros tuvieron un éxito amplio e inmediato en el tiempo en que fueron publicados, y esa popularidad se mantuvo a través del tiempo, llegando a continuar aún en nuestros días.

El propio Karl Marx se dio el lujo de dar su opinión al respecto, al margen de cualquier posicionamiento político del escritor inglés, en un artículo publicado en el New York Tribune en 1854, al afirmar que Dickens “le dio al mundo más verdades políticas y sociales de las que han sido expresadas por todos los profesionales políticos, publicistas y moralistas juntos...”. Y si no son verdades, al menos son testimonios de época, y pueden servir como espejos para entender los problemas que atraviesan nuestras instituciones, que no difieren en mucho de las instituciones vigentes en la época de Dickens. Por el contrario, a medida que se profundiza la lectura es posible trazar un mapa de similitudes entre los orfanatos de ayer y los de hoy, las condiciones de vida en las prisiones del 1800 y las que existen actualmente.

Sin embargo, la crítica del autor inglés pasa por una cuestión mucho más profunda que la que se refiere a simples problemas de organización o de administración. Pasa por el lado menos agradable de la naturaleza humana, por aquellas motivaciones que fomentan la desigualdad, la intolerancia, el prejuicio y la opresión. Y estas condiciones son universales, sea cual fuere el argumento de nuestra Historia.

 

                                                                                                  

 

 

 

 

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