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Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año III, Nº VII                                                                                               Enero – Marzo de 2007 

 

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Devolver la palabra escuchando su voz

 

 

por Solange Matoffi y Raúl Perea

 

 

 

Existen en casi todas partes del mundo, en su mayoría se encuentran en el dial de las FM y hoy, que Internet transciende las barreras del espacio, sus luchas son transmitidas en tiempo real y compartidas por muchas más personas. Concientes o no, con o sin organización, tienen el objetivo común de devolver la palabra ignorada, silenciada las más de las veces: la palabra del pueblo.

 

 

 

 

 

 

Sus anuncios abarcan un abanico diverso y múltiple de temas, desde las variaciones del mercado hasta el extravío de un perro; han reclamado los derechos de la clase obrera oprimida o han denunciado los crímenes de lesa humanidad en emisiones clandestinas. Han servido para enseñar a leer a miles de analfabetos y aprender a contar los días mal pagos por el patrón a sus explotados. Han servido para hacer vacunar a los niños, para hacer oír la voz de los adultos, en definitiva, para garantizar la participación de todos aquellos que tienen algo para decir y nunca son escuchados.

Se designan de diferentes maneras: radios comunitarias, libres, piratas, locales, participativas, indígenas, educativas, insurreccionales, sindicales, asociativas, aunque se conjugan en un proyecto político común, basado en la participación, en la intervención sobre una realidad marcada siempre por las desigualdades. Éstas, partiendo siempre de problemas de clase, género, educativos, políticos, culturales, se reflejan y se concentran también, en las desigualdades en el acceso a la información y la palabra, es decir, en las posibilidades materiales de poder contar con la propia voz.

Las radios comunitarias son parte de un amplio movimiento social que promueve la transformación de estas relaciones y la construcción de una sociedad democrática y justa, en clara oposición tanto al modelo neoliberal como a cualquier tipo de autoritarismo político. Las voces silenciadas son su razón de ser. Devuelven la palabra al pueblo, la palabra negada, prohibida, denigrada, deshonrada.

Radios educativas, católicas y mineras marcaron el nacimiento de las radios comunitarias en América Latina y el Caribe. Impulsaron la toma de conciencia respecto de diferencias y abusos hacia los sectores marginados, así como también el reconocimiento y la revalorización de la historia y las tradiciones de los pueblos autóctonos; constituyendo así un espacio de denuncia y construcción de espacios donde las minorías pudieron tener la palabra.

La historia de las radios comunitarias en América Latina es inseparable de la historia de las luchas políticas que en el continente libraron los sectores populares. Las experiencias desarrolladas en cada país tienen características y prácticas específicas que las diferencian y las definen, más están fuertemente unidas por los factores comunes que se vienen señalando: su vocación de denuncia de la realidad en la que están inmersas, y la creación de un espacio para la reflexión y la concientización de los sectores dominados.

El modelo de radiodifusión dominante en los países de la región fue otra de las causas del surgimiento de las radios comunitarias. Éste, conocido como “el modelo norteamericano”, básicamente comercial, le atribuía al Estado una función mínima como regulador del espectro radiofónico, con pocas señales públicas convertidas en medios oficiales del gobierno de turno. Frente a un espectro radiofónico dominado casi en su totalidad por los sectores concentrados de mayor poder económico y político, las radios comunitarias presentaron -y presentan- una programación realizada por y orientada a los sectores marginales de la población que no encuentran en otros medios posibilidades de expresión.

También la Iglesia Católica encontró en la radio el medio ideal para propagar la evangelización en América Latina. La misión evangelizadora de estas emisoras implicaba, en la mayoría de los casos, influir en las tradiciones y la cultura de estas comunidades, herederas de las tradiciones de los pueblos indígenas que habían habitado estas tierras. Sin embargo, son varios los casos de radios cuyas órdenes religiosas fueron involucrándose de manera tal con la situación de exclusión y pobreza de las zonas en las que se instalaron, que terminaron por acompañar, e incluso encabezar, los reclamos y reivindicaciones de las comunidades oprimidas. Fue el caso de la frecuencia Pío XII, en Bolivia.

 En los últimos años el proceso de concentración de los medios de comunicación tiende a eliminar del espectro a las radios sin fines de lucro, y a las estaciones pequeñas en general. Ello acarrea forzosamente un empobrecimiento de las voces que hasta ahora se expresaban a través de las ondas. En efecto, la mayor parte de las radios comunitarias de esta región del mundo esperan la atribución de una frecuencia definitiva o un permiso oficial de difusión. Pero hay que señalar que no es tanto la condición jurídica la que define a las estaciones de radio comunitarias, sino la finalidad de su actuación. Pueden estar registradas como empresas públicas o privadas (universitarias, regionales y municipales), lo que importa es que sean empresas sin fines de lucro y sin objetivos partidistas.

En la actualidad, la mayoría de estas emisoras se agrupan en el seno de dos asociaciones: la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC) y la Asociación Internacional de Radiodifusión (AIR). La primera, creada en agosto de 1983 en ocasión del Año Internacional de las Comunicaciones promovido por las Naciones Unidas, defiende el espacio de las radios con funciones o propiedad social y se preocupa por la coordinación y promoción en todo el mundo de las emisoras que comparten esos fines. Su secretariado internacional se encuentra en Montreal, Canadá, y tiene más de 2.000 miembros en los cinco continentes.

La AIR fue fundada en México allá por 1946 bajo el nombre de “Sociedad Interamericana de Radiodifusión”. Esta asociación adoptó su nombre actual en 1985 y tiene su sede central en Montevideo, Uruguay. Su tarea: defender la radiodifusión que responde a las normas técnicas y a la reglamentación internacional. En este punto siempre ha mantenido un discurso crítico respecto a las radios comunitarias, algunas de las cuales crean problemas de interferencia por carecer de frecuencia de difusión. No obstante, la AIR milita igualmente por una radiodifusión considerada como un medio de expresión libre del pensamiento y alienta la cooperación entre radiodifusores y organismos nacionales e internacionales, públicos o privados.

Lo que está en juego en América Latina es muy claro: ¿se reservarán aquí las ondas hertzianas, patrimonio de la humanidad, para funcionar sólo como monopolio social de los intereses comerciales, o se va a permitir, aquí como en todo el resto del planeta, que también las comunidades, los grupos educativos, las organizaciones sin fines de lucro, es decir la sociedad civil con toda su diversidad, gocen del derecho a la libre expresión?

¿A dónde van las radios comunitarias? Acaso a defender el derecho a seguir contribuyendo a la pluralidad de voces que constituye la democracia, al desarrollo auto-sostenido de la región, a la cultura de la paz, a la protección del medio ambiente, y a todas las causas ciudadanas que no se miden con la tasa anual de ganancias.

La historia del derecho a la palabra radial empezó con el siglo y está hecha de luchas y sacrificios de muchos radialistas en las más variadas partes del mundo. Por eso, más que nunca, cabe bregar porque en las ondas haya espacio para todos.

 

 

Foto: http://www.efectotabano.com.ar/RADIO-MAPUCHE-AL-AIRE

 

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