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Extramuros
Movimientos sociales y pensamiento crítico

Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año III, Nº VII                                                                                       Enero – Marzo de 2007 

 

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 Cuando la Rosada se tiñó de Verde

El ambientalismo en y desde la Plaza de Mayo

 

 

por Pascual Oliva *

 

 

 

Pareciera que en diciembre de 2006 se hubiera cumplido la tan mentada aparición de los “nuevos movimientos sociales” que los sociólogos posmodernos tanto vienen pregonando desde hace varios años. Es que, el ambientalismo hizo por primera vez una manifestación masiva y conjunta en la histórica Plaza de Mayo.

 

 

 

 

 

 

      Los escritos académicos dominantes sobre movimientos sociales vienen anunciando la emergencia de nuevos movimientos sociales intentando adaptar burdamente las interpretaciones del primer mundo a estas lejanas tierras del sur.

      Los ambientalistas y ecologistas fueron la vedette para las ciencias sociales en Europa y Estados Unidos y, sirvieron al dedillo para abonar la teoría de la muerte de las ideologías. Es decir, de la muerte de las posiciones antisistema (cualquiera fuera el significado de “sistema” y el grado o nivel de “anti”). Cuando se decretó la defunción del movimiento obrero, el ambientalismo ocupó el lugar de la movilización social, pero, sin cuestionar profundamente al sistema (me refiero a la dominante en las posiciones ambientalistas), sino, solo algunos aspectos puntuales referidos primordialmente a la calidad de vida de las clases medias. En este contexto, la complaciente sociología argentina post-dictadura, que dejó en el recuerdo la combatividad de los años setenta (imagen triste de una época por suerte superada, según la suposición predominante), adoptó la servil teoría de los nuevos movimientos sociales, y se empezaron a buscar ejemplos de estos por todas partes.

      Así, cayeron en esta categoría los desocupados, los movimientos agrarios, las asambleas, etc., demostrando, en la mayor parte de los casos, hasta un desconocimiento profundo de aquellas teorías euro-céntricas, por cuanto ninguna de estos encaja en aquella definición de “nuevo movimiento social”. Pero es importante aclarar que esta rama del saber nunca dejó de pregonar su supuesta posición “progresista” a favor de la justicia y la democracia (dejando de lado, por cierto, cualquier cosa que oliera a cambio social verdadero y profundo). Es la vieja y remanida táctica de apropiarse del pensamiento crítico para licuarlo y transformarlo en digerible al sistema.

      Ahora bien, la “vedette” de las ciencias sociales posmodernas del primer mundo existe en Argentina desde hace varias décadas (desde antes de la dictadura), aunque siempre en grupos pequeños y de carácter fundamentalmente local, sin capacidad de movilización ni demostración pública de sus reclamos y reivindicaciones. Infinidad de pequeños grupos ambientalistas han venido reclamando por problemas de contaminación y conservación de espacios naturales a lo largo de todo el territorio argentino, aunque ciertamente en la mayor parte de los casos sin llevar su reclamo a una crítica profunda al sistema. A pesar de esto, la academia los ha desconocido sistemáticamente.

      Seguramente esto cambiará a partir de la importante movilización “verde” de diciembre y su relativo impacto mediático. Es que, lamentablemente, la moda y los medios también dictan la norma en los sectores “pensantes”.

      Entonces, este ambientalismo pareciera estar comenzando a transitar un camino que va, desde un conjunto de organizaciones y pequeños movimientos locales a un nuevo sector de presión con una presencia un poco más unificada y, que intenta instalar parámetros antes inexistentes a la hora de la toma de ciertas decisiones en política de desarrollo.

      Fue a partir de la gran movilización del pueblo de Esquel por el No a la Mina primero,  y de Gualeguychú por el traslado de las papeleras después, lo que provocó un giro radical en la caracterización de la protesta ambiental, al instalar la cuestión a nivel nacional y a partir de aquí comenzar un rico debate (que recién está en sus pañales) sobre el modelo de desarrollo. Estos hechos comenzaron a sacar al ambientalismo de sus reivindicaciones puntuales y locales y están iniciando un muy interesante proceso de búsqueda, discusión y confluencia en relación a la importancia que la problemática ambiental puede y debe tener para la vida de los pueblos.

      Los matices son casi infinitos, desde las posturas un poco más profundas y radicales, (como las de Esquel) que inmediatamente se trasladaron a todas las comunidades de la cordillera y, que desde sus inicios se opusieron al modelo de desarrollo regional basado en la actividad minera a cielo abierto (contaminante y destructora de las estructuras ecológicas y socioeconómicas); hasta las menos radicalizadas (aunque no por esto menos masivas) protestas contra las papeleras, donde mayoritariamente solo se pide su traslado sin cuestionar el fondo de la cuestión vinculada al carácter  de países “bananeros”: monoproductores de materia primar para el Primer Mundo.

 

 

 

      Es que, la incorporación de una temática a la agenda de las reivindicaciones por un cambio social siempre conlleva en sus inicios protestas reactivas en las cuales participan distintas fracciones de clase, lo que las tornan también heterogéneas y contradictorias.

      Este proceso de confluencia se fue construyendo rápidamente en los últimos dos-tres años, siendo la concentración en Plaza de Mayo uno de sus primeros emergentes públicos y masivos. La presencia absolutamente diversa de vecinos, organizaciones y comunidades de diferentes lugares del país, está marcando el inicio de una agenda ampliada sobre las condiciones de dominación y explotación en el marco del desarrollo capitalista. Claro que buena parte de los sujetos integrantes de las organizaciones con reivindicaciones ecologistas quizás no sea consciente ni lo explicite de esta manera (algunos hasta estarán ideológica y estructuralmente en contra). Es que el daño ambiental ha venido siendo primordialmente considerado como una consecuencia no deseada del desarrollo, que se origina, más por causa de la falta de sensibilidad y responsabilidad de los sectores de poder que por causa de la lógica de explotación y rapiña sistémica inherente a la lógica del modelo de acumulación capitalista.

      De pronto, el concepto de saqueo ha empezado por fin a aparecer en la discusión, en tanto categoría que alude a la expoliación de los recursos. Y son varias las organizaciones y movimientos que así lo están planteando, lo que pareciera prometer un futuro más auspicioso para la lucha ambiental, por cuanto posibilita su confluencia con el resto de las luchas en contra de la explotación en sus diversas formas. Porqué el concepto de saqueo implica remitirse a una lógica y una política deliberada, dejando de lado lo de las “consecuencias no previstas”.

      El hecho de que partidos de izquierda, organizaciones populares, organizaciones sindicales y de desocupados tuvieran que estar presentes en la marcha de diciembre, denota que la importancia adquirida por la problemática ambiental en los últimos años, ha asumido una dimensión más compleja y completa alineándose a la resistencia ante el renovado avance del capital sobre los espacios periféricos.

      Es de hacer notar el importante cambio de actitud de todas estas organizaciones recién mencionadas, por cuanto históricamente han ignorado (y también menospreciado) la depredación ambiental, considerándola incluso solo como “un detalle estético de las clases burguesas”.

      Esta línea de reflexión debe ir de la mano con el replantearse profundamente el ingenuo paradigma verde de muchos ecologistas (o supuestos ecologistas), como por ejemplo, el de una nota de Opinión aparecida el mismo 12 de diciembre de claro perfil sociológico (2), en donde se incluye en el proceso de “verdeo argentino” desde la incorporación de la cuestión en la agenda de los partidos liberales y de derecha hasta la visita del presidente Kirchner a Gualeguaychú, caracterizándolos como una serie de datos que marcarían el giro positivo en la sociedad argentina de estos últimos años.

      Se hace indispensable retomar lo mencionado más arriba y llamar la atención sobre estos opinólogos y formadores de opiniones “progresistas”, por cuanto su misión es crear confusión, intentando re-dirigir las luchas y protestas a partir de programas de “reconcialiciación y pacificación” con el objetivo de impedir su radicalización y profundización. Es bastante simple: al intentar demostrar que los responsables directos (es decir, los representantes del capital tanto a nivel político como económico), que sostienen y avalan las reglas de juego basadas en la explotación social y ambiental, están tomando conciencia de la problemática ecológica y hasta se pliegan en las manifestaciones a favor de la remediación; se está lisa y llanamente abonando la tesis que sostiene que solo es necesario modificar algunas imperfecciones para solucionar los problemas (cualquier coincidencia con la teoría de los abusos en los casos de violación a los derechos humanos no es pura casualidad).

      “Soluciones técnicas a problemas técnicos” (como el irrisorio plan de forestar delante de las papeleras para atenuar su contaminación visual o la más irrisoria propuesta de trasladar los desechos aguas abajo de Fray Bentos para no afectar al turismo en Gualeguychú). De lo que se trata es de hacer un capitalismo más prolijo (cumpliendo con las normas IRAM, por ejemplo) para evitar “exabruptos ambientales”, que siendo visibles son pasibles de provocar protestas, para, de esta manera, tener el camino allanado para una política más “racional” -y más imperceptible- de alienación y saqueo.

      Estos discursos pseudo-ecologistas así como el “progresismo” sociológico van de la mano y por tanto deben ser claramente identificados y descartados para que la lucha ecológica pueda arribar a buen puerto en sus objetivos, promoviendo la confluencia con el resto de los sectores que desde una posición de emancipación se oponen a la hegemonía de modelos socio-políticos y económicos basados en la explotación y la consecuente desigualdad.

 

 

 

* Profesor visitante en la Escuela de Derecho y Negocios de la Universidad de Miskatonic (Arkham, Massachussets)  http://www.miskatonic-university.org/ 

 

(1) Página 12, Opinión, 12-12-06, escrita por Pablo Bergel (sociólogo y ex-directivo de Greenpeace, organización históricamente socia de diversas corporaciones empresarias multinacionales))

 

 

Todas las fotografías son gentileza del autor de la nota.

 

 

 

 

 

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