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Publicación de Nexos - Programa de articulación entre Universidad y Movimientos Sociales      

Año III, Nº VII                                                                                           Enero – Marzo de 2007 

 

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 Tilcara, o ¿el encuentro de dos culturas?

 

 

por Manlio Malach

 

 

 

 

Desde hace algunos años, todos los meses de enero, Tilcara abre sus puertas al “Enero Tilcareño”, publicitando parte de sus actividades como lo que algunas instituciones del lugar denominan el “Encuentro de dos Culturas”. Efectivamente, los fines de semana de enero, Tilcara se transforma en el encuentro de la “cultura del vino” con la “cultura de la cerveza”.

 

 

 

 

 

Este encuentro de dos culturas, representaría, según se podría interpretar a partir de la propia puesta en escena perpetrada por la conjunción de diversas instancias de gobierno, tanto municipales como provinciales, una renovada versión del ya clásico “Enero Tilcareño”. Este encuentro fue fundado en 1957 con el objetivo de promocionar la música y el arte y los músicos y artistas locales. Con la no tan sutil diferencia de que lo que hoy se promociona es la cerveza industrial norteña (de tan baja calidad como las cervezas comerciales que se consiguen en Buenos Aires) así como esa otra bebida que llaman vino y que se comercializa en envases de tetra-brick.

 

El pequeño pueblo de Tilcara nació hace más de un siglo como pueblo de indios, al recolectar los indios dispersos que quedaban en la región, luego de siglos de exterminio, y se ha conformado en un icono “turístico y cultural” de la Quebrada de Humahuaca, potenciado desde que la UNESCO decidió catalogar a la misma como “Patrimonio de la Humanidad”. Así, hoy representa un lugar de paso obligado tanto del turismo internacional como del nacional, habiendo crecido las inversiones turísticas a pasos agigantados, en la mayoría de los casos a partir de capitales foráneos a la región, lo que motiva el inicio del ciclo de especulación inmobiliaria y financiera, generando más de un perjuicio para los pobladores originarios.

 

Desde siempre, recorrer Tilcara, y toda la Quebrada, significaba acercarse a la porción argentina de la vasta cultura indígena de la región Andina, fuertemente representada tanto en Bolivia como en Perú. El exterminio indígena perpetrado por los españoles primero y los criollos después, no logró, sin embargo, aniquilar las ricas y profundas manifestaciones culturales de los pueblos originarios, las que se transmitieron de generación en generación, representándose en la actualidad en forma dominante a través de la música, el arte, así como de diversos productos artesanales. De esta forma, Tilcara representó durante mucho tiempo un lugar donde los descendientes (auto- identificados o no) de los pueblos originarios podían convivir (dentro del esquema de dominación vigente) con  el huinca, fundador y artífice del pueblo.

 

A esto intentan referirse las actuales autoridades y algunos sectores de los poderes locales, al definir las actividades de todos los eneros, como “encuentro de dos culturas”. Pero, reiterando, si uno recorre sus estrechas calles durante los fines de semana, las únicas dos culturas que ve encontrándose son la del “tinto” con la de la “birra”.

 

Son los hijos de la burguesía capitalina provincial, la moderna ciudad de San Salvador de Jujuy, los que se dan cita en la plaza central y calles adyacentes. Esos “niños ricos que tienen tristeza” (frase del otrora exitoso y hoy casi olvidado Carlos Saúl Menen). Distante a solo 84 km. de Tilcara, San Salvador aporta todos los fines de semana de enero a sus vástagos que, ciertamente, no saben qué hacer con sus vidas. Si bien el derroche desenfadado y el consumismo despreocupado siempre caracterizaron a la juventud de las distintas burguesías, el alto grado de nihilismo de hoy es lo que sobresale. El alcohol burdo y de baja calidad simboliza su grado de sin-sentido y sin-razón. Es el patético vacío posmoderno de las masas el que está presente, en donde ni una mínima pizca de sentido puede encontrarse. Si la diversión entre amigos representa un momento de relax, juego y esparcimiento, la juntada de estos “niños tristes” solo es una continuación de la desesperación y la angustia por la ausencia de todo ideal (incluido el propio ideal burgués). Es la “tinelización” de la vida, la imagen de la vida al estilo “Gran hermano”, como una vidriera en donde el objetivo es mostrar crudamente la miseria propia y la ajena, riéndose de la misma, pues no existe otra cosa que hacer en el mundo. De lo que se trata es de pasarla bien a costa del malestar del otro, de ahí los ruidos interminables que penetran hasta el último rincón del pequeño pueblo y de ahí la suciedad que se acumula en cada esquina, más los resultados de la digestión del alcohol (orín y excrementos por doquier). 

 

Tilcara ha sido declarado municipio “indígena” y es el autodenominado “diaguita” Perez, el intendente del pueblo (1), quien avala este encuentro y para el cual la provincia aporta numerosos efectivos policiales para solo cuidar a sus vástagos.

 

Pero la paradójico es que el sector turístico local está preocupado-y así lo manifiesta siempre que puede-, pues, este Gran hermano sin vidrios ni cámaras, está comenzando a espantar al turismo, fuente de ingreso fundamental del lugar. En este punto es necesario confesar que no se entiende la estrategia del propio diaguita Perez, pues si sigue así se comerá a la gallina de los huevos de oro. Salvo que responda a una lógica supra-local y el objetivo sea poder albergar el vacío posmoderno de la juventud capitalina, para de paso, evitarle este mal trago a la propia San Salvador. ¿Acaso será este sólo un pequeño y solapado ejemplo de la lucha inter-burguesa?

 

Cualquiera sea el caso, Tilcara y su riquísima cultura popular es la que pierde. Tilcara es otro ejemplo de cómo el capital inicia una nueva avanzada sobre los espacios regionales, en la mayoría de los casos a partir de la renovada apropiación de su tierra y sus recursos naturales. Sin dejar de reflejar este fenómeno, Tilcara representa a su vez una nueva forma de la re-colonización, que es la de ser usada como el reservorio del nihilismo y la alienación que significa un vida sin sentido en una sociedad saciada de si misma.

 

 

(1) Por supuesto que en los papeles la realidad pareciera ser otra. En la contratapa del Programa de Actividades del Enero Tilcareño y firmado por el citado intendente, el sr. Felix “Diaguita” Perez, se lee: “Tilcara es el lugar… donde cada hombre que camina por esta Pachamama, siente correr por sus venas sangre originaria, donde las plumas se hacen carne, donde los horizontes están sembrados de esperanza con olor a libertad… Hermanémonos”.

 

 

 

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